PRD busca capitán en promoción de cadetes

PANAMÁ. En más de una ocasión, durante la administración de Martín Torrijos, se le escuchó decir a Ernesto Pérez Balladares que el PRD s...

PANAMÁ. En más de una ocasión, durante la administración de Martín Torrijos, se le escuchó decir a Ernesto Pérez Balladares que el PRD se había convertido en un ‘partido electorero’. Por aquellos años de bonanza perredista, a nadie le pasaba por la cabeza tomar en consideración dicho enunciado. No era para menos, el país marchaba de película y el partido de gobierno rozaba los 700 mil adherentes. Se alardeaba con ímpetu que el PRD era el colectivo más grande del mundo proporcionalmente. Todo era un cuento de hadas. Como el mismo Ricardo Martinelli, sarcásticamente, lo señalara en su momento: ‘El País de las Maravillas’.

CUENTO DE TERROR

Pero el cuento cayó en desgracia y de a poco comenzó la historia de terror. A Pedro Miguel González el ‘nacionalismo’ le salió a flote y el PRD elevó su problema judicial con los gringos a tema nacional, luego se hundió el TLC. Previamente el caso de envenenamiento masivo con dietilene glycol propagó la desconfianza, y como si fuera poco, la tragedia del bus incendiado 8B-06 terminó develando el carácter blandengue. Luego sobrevino el rompimiento del ‘Pacto de Sonadora’ entre Navarro y Balbina, como si en la política valieran los acuerdos. Solo quedó entonces, el más profundo resentimiento que produce la traición y que antecede a la venganza.

A la falta de problemas, uno mismo se los busca, ahora vienen los lamentos. Que si creció mucho el partido, que la candidata no era buena, que la primaria acabó con el colectivo y demás. Pero cómo se evalúan responsabilidades desde una perspectiva positiva, y cómo se juzga una debacle posterior, si ambas son y serán realidades antagónicamente percibidas desde diferentes prismas. Es curioso, pero cuando se entrevista a ex gobernantes siempre dicen lo mismo. ‘Desde arriba todo se ve distinto’.

A lo mejor no parezca tan obvio, pero con solo evaluar previamente lo complejo que resulta administrar a la vez, un país y un partido político en gobierno, se ahorraría mucho problema. El ejemplo más próximo lo da el PRI en México, partido que gobernó por 71 años continuos. Su secreto, aprendido a golpes, no fue otro que conferir a su élite política funciones separadas entre el gobierno y el partido. Al cabo de siete décadas, fueron otros los problemas a flote, entre ellos la corrupción institucionalizada.

Los partidos políticos, por lo menos en Panamá, y esto por condiciones históricas, solo suelen carburar desde la oposición. Al margen de la inscripción de adherentes, existen compromisos más allá de los objetivos electorales como lo son la formación de nuevos liderazgos comunitarios y la capacitación constante de las bases. Ambos principios carecen en la actualidad de formatos claros de ejecución. El primer escollo de la vida partidista radica principalmente, que ante la primera señal de oposición interna, automáticamente asoma el filo de la guillotina política. Es prácticamente una sentencia institucionalizada al destierro.

Muchos politólogos advierten sobre la falta de ideología en los colectivos y lo atribuyen como principal factor de crisis, sin embargo, la afiliación a un grupo, en este caso, a un partido político, tiene motivaciones que van mucho más allá de la disyuntiva entre los pensamientos marxistas o liberales. Intervienen variables comúnmente enmarcadas en vinculaciones sociales, afectivas y económicas, entre otras, sin que ello signifique, en si, una profunda convicción político-ideológica.

El problema es complejo y en el PRD no sabe por donde cogerlo. Sus presidenciables parecen más interesados en sortear los misiles políticos que les mandan desde Las Garzas, que enfocados a su estrategia para el 2014. No hay planes, solo proyectos. Con el campo minado, los perredistas desconfían hasta de los suyos. El mensaje fue muy claro y los temores no son infundados: ‘si a Pérez Balladares le pasa esto, qué le espera al resto’. La amenaza del Cemis trabaja como ‘espada de Damocles’ y mientras esto ocurre, su bancada disminuye.

En la élite del PRD se manejan los primos, Samuel Lewis Navarro y Juan Carlos Navarro, ambos se pronuncian con cautela, al tiempo que sugieren tímidamente su candidatura para el 2014. Por su parte, Balbina Herrera habla desde los arrabales y Laurentino Cortizo no sale del ciberespacio, no hay Facebook y Twitter en que no quiera estar. Los perredistas no terminan de entender los confusos mensajes de sus presidenciables. En tanto, creen en lo que ven y en el horizonte solo se refleja el ejemplo de Héctor Carrasquilla convertido en ‘loco’.

Sin objetivos concretos ni lucha por la soberanía nacional, el PRD parece haber perdido la brújula. Aunque se denomina un colectivo socialdemócrata que aspira al poder para resolver los problemas sociales del país, por momentos se inclina ideológicamente a posiciones diametralmente opuestas. Hoy día es casi imposible describir la orientación política del partido y aunque sus intelectuales ejemplarizan en base al pensamiento y obra de su caudillo, responder en qué lado de la cancha juegan conlleva a la tertulia.

Mientras tanto, el ala liberal del colectivo se rehúsa a lidiar con la ‘Tendencia’ al mando, y a la sazón de justificar la fuga masiva de tránsfugas, se dice que el partido puede soportar la salida de 100,000 adherentes. Alcaldes, representante y diputados son tentados a diario, mientras el CEN solo espera la quincena proveniente del subsidio electoral.

No hacer nada quizá sea la táctica. Se dice a menudo que el desgaste en gobierno viene solo, sin embargo, para este momento la oposición debería contar con mayor control del entorno político. En la era de Pérez Balladares se trabajó fuerte en la división política entre las fuerzas civilistas, mientras que Martín Torrijos buscaba alianza con su acérrimo adversario, la Estrella Verde. Acciones claras en busca de un objetivo político. Hoy se cuestiona hasta el liderazgo de los dirigentes.

Se dice que en política el espacio que no se usa otro lo aprovecha. ¿Será entonces que la oposición saldrá del resquebrajamiento de la alianza de gobierno? ¿O que el Presidente se la inventa con algún socio perredista? Mientras, crece a lo interno del PRD la esperanza de que se convierta en ley la teoría del voto péndulo.

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