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Journaling: la práctica de escribir para reducir estrés y ordenar la mente
- 18/04/2026 00:10
En una rutina marcada por las pantallas, las notificaciones constantes y la sensación de que todo debe resolverse de inmediato, muchas personas buscan espacios para detenerse, respirar y reconectar consigo mismas. En medio de ese escenario, una práctica sencilla vuelve a cobrar valor: sentarse frente a una hoja en blanco y escribir.
El journaling, conocido como el hábito de llevar un diario personal para registrar pensamientos, emociones, experiencias o metas, se ha convertido para muchos en una herramienta de desahogo, reflexión y organización mental. Lejos de tratarse solo de anotar lo ocurrido durante el día, especialistas consideran que también puede funcionar como una vía para comprender mejor lo que ocurre internamente.
La psicóloga Leidy Martínez explica que escribir sobre lo que se siente permite transformar una experiencia interna, a veces confusa o abrumadora, en algo concreto y “al hacerlo, activamos procesos cognitivos como la reflexión, el análisis y la organización del pensamiento, lo que facilita comprender mejor lo que nos está ocurriendo”, señala.
Martínez aclara que primero es importante diferenciar entre emoción y sentimiento. Las emociones son respuestas físicas y mentales generalmente breves, como el miedo, la ira o la tristeza. Los sentimientos, en cambio, son la experiencia subjetiva de esas emociones; es decir, la forma en que cada persona las interpreta y les da significado.
Desde esa perspectiva, escribir ayuda no solo a expresar lo que se siente, sino también a entenderlo. “Cuando los pensamientos permanecen solo en la mente, tienden a repetirse en ciclos; al escribirlos, se externalizan, lo que genera una sensación de alivio y mayor claridad menta”, dice.
Uno de los principales beneficios que identifica la especialista es la reducción del sobrepensamiento. Explica que cuando las preocupaciones permanecen únicamente en la mente, tienden a repetirse una y otra vez en ciclos difíciles de detener. “Al nombrar lo que sentimos, disminuye la intensidad de la emoción y se facilita la toma de perspectiva, permitiendo responder de manera más consciente en lugar de impulsiva”, sostiene.
El acto de escribir a mano también tiene un valor particular. A diferencia de la rapidez con la que se consume contenido digital o se responde un mensaje, tomar lápiz y papel obliga a bajar el ritmo. Ese proceso más lento favorece una conexión distinta con la experiencia emocional. En lugar de reaccionar de forma automática, la persona se detiene a observar lo que piensa y siente. Martínez añade que nombrar las emociones disminuye su intensidad y facilita responder de manera más consciente, en lugar de impulsiva.
El journaling no requiere grandes recursos. Basta un cuaderno, una libreta o incluso hojas sueltas. No exige experiencia previa, reglas estrictas ni conocimientos especiales. Por eso, muchas personas lo incorporan como parte de su rutina diaria, de forma similar a otras prácticas de autocuidado como caminar, meditar o hacer ejercicio.
Para la psicóloga, el journaling puede entenderse de dos maneras: como herramienta terapéutica y como hábito personal. “Desde el enfoque psicológico, es una herramienta de autorregulación emocional. La autorregulación implica la capacidad de reconocer, comprender y gestionar lo que sentimos, y la escritura facilita justamente ese proceso al permitirnos poner en palabras nuestras experiencias internas, darles orden y sentido ”, explica.
Pero también puede convertirse en una costumbre cotidiana que fortalece la conexión con uno mismo, incluso cuando no existe una crisis emocional. Sin embargo, aclara que no todas las personas se sienten cómodas escribiendo y eso no invalida otras formas de gestionar emociones.
“No a todos les resulta natural o cómodo escribir, y eso no invalida su utilidad. Más bien, el journaling es una herramienta disponible, flexible y adaptable: funciona muy bien para muchas personas, pero no es la única forma de trabajar la regulación emocional”, afirma.
Para Génesis, joven que practica journaling, escribir aparece sobre todo en momentos de agobio.
“No sé... en realidad yo lo uso cuando me siento muy agobiada, y escribo sobre lo que sucedió durante el día. Lo dejo ahí plasmado contando mi día”, relata. Según Génesis desde su perspectiva una de las razones por las que muchas personas recurren a esta práctica es para encontrar un espacio privado donde descargar lo vivido sin sentirse juzgadas. En ocasiones, poner en palabras lo ocurrido permite observar situaciones con más distancia y entender por qué afectaron tanto emocionalmente.
“Para mí es como mi forma de liberar, escribo mi día”. Lo que antes parecía una mezcla confusa de pensamientos empieza a tomar forma en su cuaderno.
Aunque sus beneficios son reconocidos, la especialista advierte que el journaling no reemplaza la atención psicológica profesional. “Es importante hacer una distinción clara: el journaling es una herramienta, mientras que la terapia es un proceso guiado por un profesional. La terapia implica evaluación, acompañamiento, intervención y contención emocional, elementos que no pueden ser reemplazados únicamente por la escritura”, explica.
El journaling puede complementar un proceso terapéutico o servir como apoyo personal, pero no tiene por sí solo la capacidad de abordar traumas profundos o patrones complejos de comportamiento.
También señala que, en algunos casos, explorar emociones intensas sin orientación podría llevar a ciclos de sobrepensamiento o reforzar narrativas negativas. “Aunque escribir es generalmente una práctica segura y beneficiosa, en ciertos casos es recomendable hacerlo acompañado de un profesional, especialmente cuando hay malestar emocional significativo. El rol del psicólogo es justamente ayudar a dar sentido, contener y guiar ese proceso de manera adecuada” dice.
“En un mundo profundamente digitalizado, volver a algo tan íntimo como un cuaderno representa recuperar un espacio propio, privado y desconectado de la mirada externa (...) el cuaderno se convierte en un refugio: un espacio donde la persona puede ser, pensar y sentir sin interrupciones, recuperando una relación más directa consigo misma en medio del ruido digital”, concluye.
En una sociedad acostumbrada a la rapidez, detenerse a escribir puede parecer algo pequeño. Sin embargo, para la psicóloga representa un gesto que va en sentido contrario a la lógica de la inmediatez. Hoy muchas necesidades se resuelven con un clic: pedir comida, ver entretenimiento, hablar con alguien o comprar un producto. Esa dinámica acostumbra a buscar resultados rápidos. Escribir, en cambio, exige tiempo, paciencia y presencia. No ofrece recompensa instantánea, sino una más profunda: claridad, comprensión y regulación emocional.