Bioeconomía, un modelo de desarrollo basado en el conocimiento y biodiversidad

  • 30/07/2026 18:40
Seis países de la región ya cuentan con estrategias nacionales de bioeconomía. Panamá está trabajando con aliados hacia el camino bioeconómico

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¿Puede Panamá diversificar su economía con el uso sostenible de sus recursos naturales, el conocimiento científico, tradicional y ancestral, para generar bioproductos, bioenergía y servicios, y crear nuevas empresas de base tecnológica que aporten valor añadido? Eso es lo que plantea la bioeconomía, un camino hacia un desarrollo inclusivo, sostenible y regenerativo.

Durante más de un siglo, el Canal de Panamá ha sido el principal motor de la economía nacional. A su alrededor crecieron sectores como la logística, el comercio, los servicios financieros y el turismo. Pero el mundo está cambiando debido a las nuevas tecnologías y factores como: el impacto de la pandemia en 2019, los conflictos geopolíticos, el cambio climático y el fenómeno de El Niño, entre otros.

Panamá alberga alrededor del 5% de la biodiversidad mundial, con un gran potencial para el descubrimiento de compuestos químicos naturales para combatir enfermedades, además de sus dos mares y territorios con gran diversidad.

Desde 2024, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y el Sistema Nacional de Investigación (SNI) empezaron a dar los primeros pasos para definir una Estrategia Nacional de Bioeconomía de Panamá (ENBP). Este trabajo ha sido conjunto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe CAF y el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido, según los lineamientos del Pencyt 2025–2029 y el Plan Estratégico Nacional ‘Panamá 2030’.

El Foro Mundial de Bioeconomía estima que el mercado bioeconómico global alcanza actualmente los 4 billones de dólares, con una proyección de 30 billones al 2050. Seis países latinoamericanos (Costa Rica, Colombia, Ecuador, Brasil, México y Uruguay) ya cuentan con estrategias nacionales de bioeconomía vigentes.

Segundo Foro

Esta semana, se realizó el Segundo Foro Panameño de Bioeconomía, donde participaron investigadores, funcionarios, el sector privado, oenegés, organizaciones de productores, universidades, representantes indígenas, centros de investigación y cooperación internacional.

La Dra. Sandra Sharry, secretaria técnica del SNI, resaltó que Panamá debe tener una hoja de ruta propia, una bioeconomía diseñada para el país, que marque la gobernanza y las metas. “Hay distintas definiciones de bioeconomía, y distintas miradas en los países de acuerdo con su potencial. Por lo tanto, nosotros debemos decidir qué es bioeconomía para Panamá y qué queremos desarrollar en ese camino bioeconómico”.

La primera etapa se trata de caracterizar, evaluar y analizar qué cantidad de biomasa tiene Panamá, cuál es la biodiversidad, qué actores están involucrados, y tratar de encontrar esos núcleos socioproductivos y bioeconómicos, porque la biomasa y la biodiversidad está concentrada en los territorios y se puede procesar y generar los bioproductos en su lugar de origen.

“Se está construyendo la cuenta temática de bioeconomía de Panamá con apoyo de la Cepal, para conocer cuánto exportamos, importamos, producimos, y cuánto corresponde al sector bioeconómico y diferenciarlo”.

A corto plazo, se deben identificar proyectos prioritarios, avances en estrategias sectoriales y territoriales, movilizar recursos a mediano plazo, acceso a préstamo multilateral, implementación de instrumentos de políticas e incentivos fiscales y, a largo plazo, la ejecución en territorios y el cambio real sobre todo de las poblaciones vulnerables.

Durante el foro, expertos participaron en un panel sobre biotecnología y bioeconomía en Latinoamérica, y compartieron casos de éxito y desafíos regionales. Paola Zapata, de la Universidad CES de Colombia y de REDBIO, detalló proyectos como la valorización de biomasas residuales de la agroindustria en Colombia y el uso de fermentación con hongos para la producción de diferentes biomateriales.

También se presentaron casos nacionales en un conversatorio. Francisco Vega, fundador de Gracilaria de Panamá, junto con la Dra. Gloria Batista de Vega, han trabajado más de 50 años cultivando macroalgas marinas en el Caribe panameño.

“Parecía una total locura, aquello de ‘arar en el mar’ y se convirtió en una plataforma biotecnológica marina para la economía. Exportamos algas marinas secas a una refinería de proceso de algas en Francia en 2004. En años más recientes, hemos logrado una patente de invención por la plataforma biotecnológica marina para la producción de bioestimulantes derivados de macroalgas que son beneficiosos para la agricultura y acuicultura. Nuestra patente incluye desde los procesos de selección de semillas que van al mar, todo el proceso de cultivo en el mar, el proceso de secado y luego el proceso de transformación”, explicó Vega.

La Dra. Dora Tuñón, en representación de Agrobiológicos de Panamá, compartió la experiencia de esta empresa panameña ubicada en el distrito de Aguadulce, provincia de Coclé. “Nuestro trabajo consiste principalmente en el desarrollo y la reproducción de microorganismos genéticos enfocados principalmente a la agricultura. El objetivo es poder desarrollar tecnologías nacionales que nos permitan obtener soluciones biológicas, adaptadas a nuestras condiciones y poder reducir la dependencia que tenemos en estos momentos de los agroquímicos. Desde la perspectiva de la bioeconomía, nuestro mayor logro ha sido poder convertir el conocimiento científico en soluciones reales y prácticas para el sector agrícola, llevando al mercado productos elaborados aquí en Panamá, que fortalecen la competitividad del país y brindan la oportunidad de obtenerlo de manera más fácil a los productores con todo el respaldo de la investigación científica que podemos brindarle en nuestra empresa. También hemos enfrentado desafíos durante el proceso, como el marco regulatorio para el registro de los insumos”.

Rosalind Baitel, bióloga, representando la oenegé regional Caribbean Aquaculture Hub, expuso sobre los pepinos del mar, que tienen un valor económico por su proteína, vísceras y extractos. “Hay muchos productos secundarios de dicho animal. También tienen un valor ecológico porque son las ‘aspiradoras’ del océano”.

En 2018, empezó el proyecto PanaSea Aquaculture en Colón. El objetivo era reproducir este animal en cautiverio en el mar para comercializarlo. “Tuvimos que pasar todo el proceso de pruebas de investigación y desarrollo, así como los permisos para estudiar el animal que estaba en peligro. Con una orden del presidente en 2019, logramos tener el permiso para recolectar los adultos y tratar de hacer la prueba en cautiverio. Inventamos un alimento especial para nuestros juveniles y las larvas. Descubrimos los parásitos depredadores que pusieron en riesgo a la población del animal. Con apoyo y alianzas de universidades e instituciones, hicimos la prueba”.

Al final de la jornada, los participantes trabajaron en grupos para aportar sugerencias sobre la visión de bioeconomía para Panamá, senderos y cadenas con mayor potencial, iniciativas, actores y alianzas.

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