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- 18/09/2026 19:28
Los cielos de Panamá Pacífico poco a poco se iluminaban ayer, mientras el tercer hangar del Servicio Nacional Aeronaval revelaba paulatinamente la presencia del avión de investigación de alta altitud WB-57 de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés), que ayuda a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) en la misión Procesos, Balance y Efectos Radiativos de los Aerosoles Estratosféricos, mejor conocida por su acrónimo en inglés como SABRE.
Dicha misión vuela a una gran altura, específicamente en la estratosfera, con el fin de estudiar el transporte, la química, la microfísica y las propiedades radiativas de los aerosoles y los gases traza. Estos vuelos de investigación ayudan a dilucidar cómo se forman, mueven y cambian los aerosoles en diferentes estaciones y regiones, proporcionando así los datos científicos y las herramientas necesarias para crear modelos climáticos y respaldar la toma de decisiones basada en información confiable.
En esta ocasión, la base de operaciones este año es el Aeropuerto Internacional de Panamá Pacífico. Mientras que el alcance de las operaciones de la aeronave es de 1,000 millas náuticas, el muestreo —realizado por científicos de la NOAA tanto a bordo como en tierra— se centra en el flujo de salida de la convección tropical profunda sobre el norte de América del Sur, una de las convecciones continentales que se considera como una de las más profundas del planeta.
Esas partículas diminutas situadas en la estratosfera, que son examinadas por la misión SABRE, desempeñan un papel importante en la configuración de los patrones climáticos, ya que reflejan la luz solar y actúan como superficies para reacciones químicas que pueden afectar la capa de ozono.
Los datos del proyecto SABRE también son primordiales en lo que se refiere a la comprensión del balance energético de la Tierra, el cual es directamente responsable de los patrones meteorológicos y el clima superficial en todo el mundo, así como de la forma en la que la estratosfera reacciona a las perturbaciones derivadas de la actividad humana y eventos naturales, como el tráfico espacial y las erupciones volcánicas.
Lo recopilado por esta misión científica de la NOAA —realizada en colaboración con la NASA— también ayudaría a brindar posibles soluciones al cambio climático. En particular, podría ayudar a comprender las condiciones y sensibilidades actuales de la estratosfera y su reacción ante los denominados enfoques propuestos de ‘intervención climática’, los cuales consistirían en la liberación intencional de partículas reflectantes en la estratosfera para enfriar las temperaturas de la superficie.
El cronograma y los planes de vuelo de la misión SABRE dependen de la situación dinámica a gran escala, tanto la pronosticada como la que se observa durante los vuelos. También se toman en cuenta los pronósticos meteorológicos y químicos de modelos globales elaborados entre 24 y 48 horas antes del vuelo.
La aeronave WB-57 de la NASA opera a altitudes de entre 13 y 19 kilómetros, con una duración de vuelo de aproximadamente seis horas. Por lo general, los vuelos de SABRE se realizan con un despegue contemplado por la mañana y un aterrizaje previsto para la tarde, con una frecuencia de tres veces por semana.
La posición geográfica de Panamá, así como las condiciones de su clima, son dos de los factores por los cuales esta misión científica estadounidense decidió establecerse en el país. Operar desde Panamá brinda a la NOAA información valiosa sobre las emisiones de azufre volcánico elevadas por la convección, el flujo de salida de la convección continental profunda para estudiar la formación de nuevas partículas en la alta troposfera tropical, además de la posibilidad de realizar vuelos que crucen la Zona de Convergencia Intertropical y se adentren en el hemisferio sur para examinar gradientes hemisféricos.
Eleanor Wiseman, investigadora de la Universidad de Colorado y participante en la misión, explicó que durante esas seis horas que dura el vuelo, cada destello de información que aparece frente a las computadoras de aquellos que se quedan bajo tierra es clave para comprender las dinámicas climáticas de este hemisferio.
Como parte de su proceso de investigación, utilizan 17 instrumentos científicos para medir los aerosoles. Dichos instrumentos fueron diseñados y construidos por científicos de la NOAA para operar de forma remota y soportar las bajas temperaturas y presiones de la estratosfera, mientras que la aeronave tiene la capacidad de sobrellevarlas, ya que puede transportar equipos de hasta 8,000 libras de peso.
Además, los instrumentos científicos utilizan una técnica denominada fluorescencia inducida por láser, la cual consiste en la utilización de un láser para provocar que las moléculas emitan luz. Cuando esas moléculas brillan, se puede medir cuánta luz están emitiendo y así determinar cuánto de esta sustancia hay en el aire.
“Este instrumento mide SO₂, dióxido de azufre, que proviene de la combustión de combustibles fósiles en la superficie. Por ejemplo, del combustible utilizado por los barcos y del carbón. En la atmósfera también puede ser emitido por los volcanes. Este otro instrumento mide NO, óxido nítrico; NO₂, dióxido de nitrógeno; y la suma de los compuestos de nitrógeno reactivo. En la superficie, estos compuestos también se forman a partir de la combustión de combustibles fósiles. Pero en la atmósfera pueden formarse a partir del transporte de sustancias desde la superficie mediante grandes tormentas eléctricas o por procesos relacionados con los rayos, dentro de las nubes. Ambos tienen importancia en procesos relacionados con el clima”, estableció Wiseman.
El embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Marino Cabrera, manifestó ayer que la misión SABRE es un ejemplo más de la cooperación entre su país y Panamá.
“Como todos los niños pequeños que queríamos ser, creo que astronautas o policías o bomberos cuando estábamos creciendo, creo que estamos todos muy entusiasmados aquí de ver a los astronautas que están aquí, los cuales fueron parte de esta misión”, dijo.
El astronauta de la NASA John Gustine, también conocido como ‘Conky’, aseguró por su parte que la aeronave de alta altitud WB-57 es “increíble para volar”.
“Es un poco más difícil de manejar a baja altitud porque el aire es más denso. En cuanto alcanzas una gran altitud, gracias a sus alas largas, vuela de una manera muy suave; es como una mariposa delicada. Se comporta muy bien a gran altitud y es una aeronave fantástica para volar. Además, estar allí arriba, viendo el clima y pasando sobre diferentes fenómenos, es una experiencia increíble”, expresó.
Al ser consultado sobre si la preparación de los pilotos estadounidenses es similar a la que se ve en el filme ‘Top Gun’, Gustine respondió que sí en algunos casos.
“Evidentemente, la saga cinematográfica se ha tomado ciertas libertades. En cuanto a los vuelos, si hablamos de ‘Top Gun 1’ y ‘Top Gun 2’, se utilizan portaaviones reales y aeronaves reales que realizan maniobras aéreas y enfrentamientos. Obviamente, los lugares son ficticios y se toman muchas libertades con otros elementos de la historia. Así que no diría que es real en todos los sentidos. Pero sí están volando F-18 reales. También realizan vuelos a baja altitud en espacios en los que yo solía volar e incluso conozco a algunas de las personas que los llevaron a esos lugares y algunos de mis amigos incluso participaron en la película. Estos filmes me gustan porque muestran al resto del mundo algunas de las cosas interesantes que uno tiene la oportunidad de hacer en este trabajo”, manifestó.
En cambio, otro de los pilotos de la NASA, Cary Klemm, confió a este diario que participar en la misión SABRE le ayuda a cumplir lo que siempre soñó desde niño: explorar el mundo a través de lo más alto de los cielos.