Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
Claireth Cantillo: ‘Cada reconocimiento es una forma de decir sí se puede’
- 11/05/2026 15:56
Claireth Cantillo ha dedicado su trayectoria a impulsar el liderazgo femenino y la formación de jóvenes agentes de cambio en Panamá y la región.
En esta edición de Mía Voces Activas, conversamos sobre Proeza, su visión del liderazgo con enfoque feminista y el impacto de crear espacios para que más mujeres ocupen lugares de decisión.
¿Cómo nace la iniciativa Proeza y qué momento de su vida marcó el inicio de su compromiso con el liderazgo femenino?
La historia de Proeza y mi compromiso con el liderazgo femenino, es fruto de un trabajo desde mi propia historia personal de transformación y crecimiento personal. Por más de 12 años he estado envuelta en espacio de construcción colectiva, especialmente en el desarrollo de habilidades socioemocionales y de liderazgo en adolescentes y jóvenes.
Sin embargo, mi historia en Panamá se empieza a escribir en el año 2016 cuando llegó a residir en Panamá por cuestiones laborales. Al llegar me encuentro con un grupo de amigos que ya conocía en Colombia que estaban liderando un proyecto llamado Indigo Youth Leadership Community y me llaman como invitadas a un Train the Treinner, al conocer el propósito de Indigo, me quede atrapada por un periodo de 4 años. Durante ese tiempo estuve coordinando proyectos de desarrollo de habilidades de liderazgo para adolescentes y jóvenes, llegando a impactar a más de 1.500 jóvenes a través de talleres, conferencias y espacios de aprendizaje.
Pero el momento de revelación ocurre justo antes de la Pandemia Covid-19, cuando empiezo a colaborar con organizaciones que trabajaban con niñas y adolescentes de comunidades con una alta vulnerabilidad social, niñas que vivían en albergues o casas hogares, madres adolescentes y niñas de comunidades indígenas. Comencé a notar que a pesar de que los talleres eran los mismos que facilitábamos en espacios mixtos, despertaban otro tipo de conversaciones. Empecé a escuchar todo tipo de historias desde abandono familiar, violencias físicas, migración forzada, abusos sexuales y otros tipos de violencias. En ese momento empecé a cuestionarme el desarrollo de liderazgo, lo que finalmente me llevó a concluir que el liderazgo no se puede desarrollar de forma neutral. Por lo tanto, para garantizar que más mujeres y niñas desarrollen todo su potencial y ocupen espacios de toma de decisiones, necesitamos enfocarnos en las diversidades de violencias, discriminación y desventajas que poseemos histórica y socialmente por el solo hecho de ser mujer.
Es entonces, donde decido abrir un espacio para visibilizar liderazgos de mujeres diversas a través de Proeza Podcast. Es justo en medio de la pandemia Convid-19 donde nace este nombre que después se va transformando hasta lo que es hoy, una aceleradora de liderazgo de mujeres y adolescentes a través de formación, incidencia social y espacios de networking, con presencia en Colombia, Panamá y Venezuela.
Su trayectoria refleja un trabajo constante en la formación de mujeres líderes. ¿Cómo ha evolucionado su visión del liderazgo a lo largo del tiempo?
El liderazgo es una habilidad que requiere mucha paciencia y adaptación a lo largo del tiempo. El mundo de hoy no es igual al mundo de hace 10 años. Los intereses económicos y políticos, el desarrollo tecnológico, la conectividad, y los comportamientos sociales son completamente diferentes. Por lo tanto, ha sido una jornada larga de aprendizajes pasando por espacios diversos en cultura, países, propósitos, conocimiento y juventudes.
Siempre he estado conectada con el concepto de liderazgo colectivo, pues nadie cambia el mundo sin ayuda de los demás. Somos seres diseñados para trabajar en comunidad. Si bien traigo conmigo esa filosofía a lo largo de mi experiencia, hoy en día el tipo de liderazgo con el que resueno, y que impulsamos en Proeza se basa en tres principios fundamentales: liderazgo con cuidado, coherente y transformador. Lo que significa que, sabiendo y conociendo las diferentes desigualdades, violencias y problemáticas que nos atraviesan a nosotras las mujeres, estar en un espacio de mujeres, debemos ser cuidadosas con los vínculos y las personas, debemos ser coherentes, porque sí nuestra misión es acelerar la participación de mujeres y adolescentes en espacios de liderazgo y toma de decisiones, debemos internamente nosotras en nuestro espacio hacerlo posible, sea a través de oportunidades de coordinar equipos, proyectos o actividades de aprendizaje, y finalmente trasformador porque el liderazgo tiene valor cuando realmente somos capaces de transformar de manera positiva realidades, sea la nuestra a nivel individual o de manera colectiva a través de lo que pensamos, decimos y hacemos.
En ese camino, ¿qué experiencias han sido determinantes para consolidarse como una referente en liderazgo femenino?
Siendo una mujer negra, latina, que creció en una comunidad y familia con muchas carencias de privilegios sociales, me atrevo a decir que todas las experiencias, que encarné desde que era niña hasta las que solo vi a distancia y sentí a través de piles y cuerpos de otras mujeres, me han sumado y convertido en la mujer que soy hoy. Puedo mencionar por ejemplo em mi familia a mi abuela paterna, una mujer analfabeta, experta en negocio y emprendimiento, que para su época y contexto donde creció y vivió la mujer estaba relegada al espacio privado, llámese privado al hogar y tareas domésticas – incluso hoy muchas mujeres aún siguen estando - sin muchos derechos de los que gozamos hoy las mujeres cisgénero, me inspiró su temple y autonomía financiera, por ejemplo.
Pero concretamente mis horizontes empiezan abrirse cuando entro a la universidad y empiezo a sumarme a colectivos y organizaciones juveniles, como AIESEC donde empiezo a entender una forma de liderazgo global con mucha diversidad e inclusión, donde empecé mi camino y mi pasión por el liderazgo, allí tuve la oportunidad de liderar aun grupo de aproximadamente 100 estudiantes universitarios, AIESEC fue mi escuela y la puerta de entrada a un mundo de oportunidades globales.
De la misma manera Global Shapers Community, una iniciativa del Foro Económico Mundial, donde fui Curadora de Panamá durante el 2020 – 2021, me permitió llevar a otro nivel mi experiencia. Sin dejar de lado mi paso por diferentes compañías multinacionales y de cooperación internacional donde trabajé, así como otros programas de movilidad internacional como la maestría que tuve la oportunidad de hacer en Inglaterra en Mujeres, Violencia y Conflicto, gracias a la beca Chevening, me han permitido ponerme a prueba en diferentes países y sin duda alguna desarrollas muchas habilidades de adaptación cultural, diversidad, inclusión, toma de daciones, trabajo en equipo y sobre todo sentido de justicia y transformación social. En definitiva, cada momento de mi vida, mis amigos y los espacios que he ocupado me han permitido y me siguen permitiendo crecer y evolucionar cada día más.
A lo largo de su carrera ha recibido distintos reconocimientos. Más allá del logro, ¿qué significado tienen para ti en términos de impacto y propósito?
Los reconocimientos tienen un significado muy distinto para mí. Vivimos en un contexto global bastante complejo, donde predominan las noticias de violencia, conflictos y muchas desigualdades. Y en ese escenario, hacer trabajo social, trabajar con comunidades o defender los derechos de las mujeres y niãs no es fácil.
Hay muchas barreras, incluso a nivel de financiamiento, de sostenibilidad y de desgaste emocional. Entonces, cuando llegan reconocimientos, ya sea una beca, un premio o incluso este tipo de visibilidad, para mí no se trata tanto del logro en sí, sino de lo que esto representa patra otras mujeres. Para mi es una confirmación de que el camino que estamos construyendo tiene sentido, que es necesario, y que sí estamos generando un impacto real, y lo digo en plural porque nadie logra nada sola, cada logro o reconocimiento que he conseguido lleva el sello de varias personas que siempre me han apoydado, motivado, mentoreado o dado una fuerza. Entonces yo lo veo como algo mucho más grande que yo.
Siendo mujer, negra, latina, viniendo de contextos donde muchas veces todo se construye “con las uñas”, estos reconocimientos también se convierten en una herramienta para inspirar a otras que viene detrás de nostras o incluso están al lado. Porque la realidad es que todavía hay una falta enorme de representatividad. Muchas niñas y jóvenes crecen sin ver referentes cercanos que hayan ido a la universidad, que tengan una maestría, que hayan tenido experiencias internacionales o que ocupen espacios de decisión. Y esto limita la credibilidad de lo posible para sus propias vidas.
Entonces, para mí, cada reconocimiento es una forma de decir sí se puede. Es una manera de abrir camino, de ampliar el imaginario de lo posible, y de que otras jóvenes puedan verse reflejadas y pensar yo también puedo estar ahí.
Su formación en género, violencia y conflicto aporta una base sólida a su trabajo. ¿Cómo se traduce ese conocimiento en las metodologías que aplica con mujeres y jóvenes?
Para mí, esa maestría fue una decisión muy intencional. Yo venía de una carrera consolidada en el area de finanzas en el sector corporativo, y aunque llevaba en ese entonces, más de 10 años trabajando con jóvenes y comunidades, ese trabajo siempre había sido desde lo voluntario. Y justo un momento de mi vida, decidí hacer una transición y preguntarme cómo podía integrar todo eso con un propósito más claro. Ahí es cuando decido estudiar Mujeres, Violencia y Conflicto.
Quería entender, desde una base teórica sólida, muchas de las realidades que ya venía viendo en el territorio, y poder llevar mi trabajo a otro nivel. A partir de eso nace y se fortalece la metodología de Proeza. Una metodología que combina todo lo que he aprendido como la gestión de proyectos, desarrollo comunitario, habilidades socioemocionales y liderazgo, solo todo esto atravesado por un enfoque de género.
La metodología de Proeza se enmarca sobre cuatro pilares: ser, saber, hacer y visionar. Los tres primeros están muy alineados con la teoria de habilidades transferibles, pero el cuarto, visionar, nace mucho desde la experiencia en campo. Durante mi experiencia trabajando con jovene y adolescentes, especialmente de comunidades vulberabilizadas, me di cuenta que muchos jóvenes tienen capacidades, incluso la motivación para transformas sus vidas, pero no tienen referentes, no tienen un proyecto de vida claro, y entonces no logran imaginarse en otros escenarios posibles. Aquí es donde “visionar” se vuelve clave en ayudarles a construir una visión de futuro, a verse en espacios donde hoy no se ven.
Y ya específicamente en género, lo que hacemos en Proeza es aplicar todo esto desde un enfoque feminista e interseccional. Como lo mencioné al inicio no se puede desarollar liderazgo de forma neutral, entoces nuestra metodología aborda cómo las desigualdades estructurales afectan las oportunidades, especialmente para mujeres y jóvenes de contextos diversos.
¿Qué significa para usted formar “agentes de cambio” y cómo ha visto ese impacto reflejado en las comunidades donde trabaja?
Para mí ser Agente de Cambio, es entender que no estamos aquí solo para construir una vida individual, sino para aportar a algo más grande que nosotros. Es reconocer que vivimos en comunidad, que nuestras acciones impactan a otros, y que todos tenemos la capacidad de transformar realidades desde donde estamos. De hecho, hoy se entiende que un agente de cambio es alguien que impulsa transformaciones positivas en su entorno, sin necesidad de tener un cargo o una posición formal.
A lo largo de mi trayectoria, he tenido la oportunidad de trabajar con más de 2.000 jóvenes y adolescentes en distintos países como Panamá, Colombia, Venezuela, Cuba, e incluso Italia. Pero más allá del número, lo que realmente me mueve es ver en quiénes se convierten después.
Recuerdo, por ejemplo, a un joven de la província de Colón, en Panamá, que hacía parte de la tribu que formamos y ellos llamaron The Alpha Olympus. Tenía muchísimo miedo de hablar en público, le daba ansiedad, se paralizaba, quería salir corriendo. Tiempo después, lo vi hablando frente a más de 200 personas, liderando espacios, ocupando lugares que antes le parecían imposibles.
Y así hay muchos casos, jóvenes que hoy estudian en universidades internacionales, que han ganado becas, que lideran proyectos comunitarios o que están generando cambios reales en sus territorios. Para mí, ahí es donde ocurre el verdadero cambio.
Ser agente de cambio es sembrar una semilla, es despertar esa inquietud en los jóvenes de que sí pueden, de que su historia y el contexto de donde vienen no los limita, de que tienen algo valioso que aportar.
Por otro lado, ser agente de cambio es también democratizar el acceso al conocimiento, a las oportunidades, a la información y sobre todo a los referentes. Porque cuando una adolescente o mujer joven que esta en búsqueda de crecimiento personal, ve a alguien que se parece a ella, que viene de un contexto similar, ocupando ciertos espacios, su mente se expande.
Y eso, para mí, siempre fue clave en mi propia historia. Y es lo que hoy intento replicar.
Entonces, formar agentes de cambio, sería para mí en definitiva formar líderes, formar personas conscientes de su rol en el mundo, personas que no vivan desde la individualidad, sino desde la posibilidad de transformar su entorno con propósito, con empatía y con sentido de justicia.
Desde su mirada, ¿cómo está Panamá en términos de liderazgo femenino y qué transformaciones considera urgentes?
Panamá es un caso muy interesante para hablar de liderazgo. Es el hub de las Américas, un punto donde convergen empresas multinacionales, organismos internacionales de cooperación, sector público y sociedad civil. Eso genera muchas oportunidades, pero también hace más visibles ciertas brechas de género.
Por un lado, hay avances importantes. Las mujeres representan cerca del 50% de la población, y muchas empresas ya cumplen con cuotas mínimas —alrededor del 30%— en espacios de liderazgo. Incluso, cerca del 26% de los puestos en juntas directivas están ocupados por mujeres.
Pero más allá de los números, todavía tenemos mucho que recorrer. Seguimos hablando del “techo de cristal”, pero que lo veo más como un techo estructural. Porque no es solo una barrera invisible aislada, la vemos sostenida por desigualdades más profundas, por violencias de todo tipo, económicas, psicológicas, sexual etc, y por limitaciones en el acceso a oportunidades, especialmente para mujeres en contextos más vulnerables y de la periferia.
Entonces, considero que sí hay avances, pero todavía queda mucho por transformar. .Para mí, una de las transformaciones más urgentes está en cómo preparamos a las nuevas generaciones de mujeres para los espacios de toma de decisión, especialmente en un mundo cada vez más tecnológico. Necesitamos fortalecer no solo habilidades técnicas, sino también liderazgo, pensamiento crítico, comunicación y capacidad de incidencia. Y hacerlo desde edades tempranas.
En esa línea, desde Proeza hemos venido trabajando con apoyo de la SENACYT, integrando tecnología y liderazgo con enfoque de género. Por ejemplo, recientemente iniciamos el proyecto ADA, enfocado en ciencia, tecnología e innovación para niñas de Panamá y Panamá Oeste. Vamos a trabajar con 120 niñas este año, priorizando escuelas públicas, formándolas en desarrollo de aplicaciones móviles e inteligencia artificial, al mismo tirmon en liderazgo y toma de decisiones desde una perspectiva feminista.
Porque sabemos que el reto no es solo que las mujeres participen en el futuro, sino que ocupemos y lideremos ese futuro.
Más allá de su rol como líder, ¿quién es Claireth Cantillo en su día a día y qué valores la definen fuera del ámbito profesional?Ha habido alguna figura en su vida que haya influido profundamente en su camino y en la forma en que hoy ejerce el liderazgo?
No me gusta hablar de una sola figura, somos la suma de muchas cosas. Así que creo que soy la suma de muchas mujeres que han atravesado mi vida, desde mi mamá, como mi primera maestra de la infancia que aun recuerdo cuanto ella creía en mí, de las palabras de amor y coraje que aprendí con ciertos familiares que me las quedé como mantras para aguantar los momentos difíciles en esta búsqueda de la superación personal, los amigos más adultos del barrio que veía con admiración cuando estaban en la universidad y yo decía quiero ser como ellos, un par de profesores en el higschool que me visionaban de cierta forma y me enseñaron confianza y ambición positiva, mis redes de amigos que son mis asesores de carrera y apoyo emocional y que admiro muchísimo y aprendo de ellos, de todas la mujeres excepcionales que hacen parte activa de Proeza, profesionales increíbles con las que aprendí y me transformo cada día.
En fin soy la suma de muchas referentes de mi día a día y de muchas mujeres que han hecho Proezas historia a que hacen parte de mis Marcos de referentes teóricos y de cómo viví el Géminis como bell hooks, Angela Davis, Kimberly Crenhaw, entre otras.
Mirando hacia el futuro, ¿qué huella le gustaría dejar en las mujeres que pasan por sus programas y en el desarrollo del liderazgo femenino en Panamá?¿Qué consejo le daría a una joven que hoy quiere liderar, pero siente dudas o miedo de dar el primer paso?
Primero: háganlo con miedo. No hay otra forma.
El miedo muchas veces es señal de que eso es importante para ti, de que te está retando. Y en lugar de frenarte, puede ser un motor.
Y segundo: empiecen pequeño. No tienes que liderarlo todo desde el inicio. Puedes empezar en espacios colectivos: voluntariados, proyectos, comunidades, donde puedas aprender con otras personas. Porque al final, el liderazgo nunca es individual. El liderazgo es colectivo.
Rodéate de personas que te inspiren, busca referentes con los que te identifiques... y poco a poco, les aseguro que vas encontrando tu voz.