Corsarios, imperios y rutas de oro: el contexto del ataque de Morgan a Panamá

  • 18/01/2026 00:00
El ataque a Panamá se produjo en medio de la disputa entre potencias europeas por el control de rutas comerciales, metales preciosos y territorios estratégicos en América

El ataque de Sir Henry Morgan a la Ciudad de Panamá figura como uno de los episodios más dramáticos de la historia colonial de América.

Según ‘Caribbean raids, privateering, Jamaica’, de la Encyclopedia Britannica sobre Henry Morgan, este acontecimiento, ocurrido durante las tensiones entre las potencias europeas por el dominio del comercio y los recursos coloniales, culminó con la derrota de las fuerzas españolas, la caída de una de las urbes más importantes del imperio y consecuencias que todavía explican parte de la configuración urbana y cultural de Panamá.

Aunque algunas fuentes debaten fechas precisas, los historiadores coinciden en el impacto decisivo de esta incursión en la historia panameña y del Caribe.

¿Quién era el pirata Morgan?

Morgan era un bucanero galés y una figura prominente del mar Caribe en el siglo XVII. Aunque sus orígenes exactos son difusos, se sabe que estuvo entre los líderes de corsarios ingleses apoyados, en ocasiones, por el gobierno colonial de Inglaterra, especialmente desde Jamaica, base principal de sus operaciones contra los territorios españoles en América.

Morgan se había destacado ya por incursiones exitosas, como la toma de Portobelo y ataques en el litoral venezolano, antes de dirigir su atención hacia la estratégica Ciudad de Panamá, principal centro comercial del istmo y punto clave en el traslado de metales preciosos desde Sudamérica hacia Europa.

Contexto geopolítico

A finales del siglo XVII, Inglaterra y España estaban formalmente en paz —el Tratado de Madrid había sido firmado en 1670— pero las comunicaciones lentas y las tensiones imperiales persistentes hicieron que acciones como la de Morgan siguieran intensificando la rivalidad por el control marítimo y económico del Nuevo Mundo.

El saqueo de Panamá se inscribe en un marco más amplio de conflictos entre bucaneros portugueses, franceses, ingleses y la monarquía española, todos luchando por asegurarse rutas lucrativas de comercio de esclavos, oro, plata y bienes coloniales, según ‘Piratas y corsarios, el saqueo del Caribe’ de la revista National Geographic History.

La expedición hacia Panamá

En diciembre de 1670, Morgan zarpó desde la colonia inglesa de Jamaica con una gran flota compuesta por decenas de barcos y más de 1 500 hombres, en su mayoría corsarios provenientes de diversas nacionalidades europeas y coloniales.

Inicialmente, Morgan capturó islas estratégicas y fortalezas menores, asegurando un punto de apoyo en el río Chagres y controlando la entrada atlántica hacia el istmo. Desde este lugar, sus hombres comenzaron a internarse por terrenos selváticos para avanzar hacia la ciudad de Panamá en la costa Pacífica.

El combate y la caída de la ciudad

Aunque existe debate en torno a las fechas exactas del combate principal (algunas crónicas lo sitúan a finales de enero de 1671), la mayoría de estudios historiográficos coinciden en que la batalla decisiva se libró en las planicies cercanas a Panamá, donde las fuerzas españolas —compuestas por milicias locales, mil soldados y auxiliares indígenas o afrodescendientes— intentaron detener el avance de Morgan.

Las fuerzas españolas, aunque numerosas, eran en buena parte poco experimentadas y mal equipadas, y su intento de usar ganado bravo como táctica defensiva resultó fallido, ya que los animales fueron dispersados por el ruido de los disparos, perjudicando incluso a sus propios defensores.

Después de enfrentamientos intensos, la resistencia española colapsó y los bucaneros lograron entrar victoriosos a la ciudad. Las bajas españolas superaron con creces las de los atacantes, que eran profesionales de combate acostumbrados al uso de mosquetes y tácticas de emboscada en terreno difícil.

Saqueo e incendio de Panamá

Una vez capturada la ciudad, la actividad se tornó en un saqueo sistemático: se robaron bienes de valor, se vulneraron propiedades privadas y eclesiásticas, y partes de la urbe quedaron en llamas tras la retirada de los defensores. La destrucción afectó no solo edificios civiles sino también templos, almacenes y depósitos donde se guardaba riqueza proveniente de las rutas comerciales sudamericanas.

Aunque hay debate entre historiadores sobre si fue Morgan quien ordenó el incendio o si fue una medida ordenada por las autoridades españolas para evitar que los piratas se asentasen en la ciudad —quemándola sobre la retirada española—, los testimonios coinciden en que la mayoría de la ciudad quedó en ruinas tras los hechos.

El resultado fue devastador: la antigua ciudad de Panamá quedó prácticamente destruida, con miles de habitantes muertos, heridos o desplazados, y enormes pérdidas materiales. Más de 4 000 personas murieron entre combates, hambre y epidemias en los meses siguientes, y los sobrevivientes vieron reducida su población a menos de la mitad.

Estos eventos precipitaron decisiones cruciales: la mudanza y reconstrucción de la ciudad en una nueva ubicación, dos años después, en 1673. Las autoridades españolas y los vecinos optaron por trasladar el asentamiento hacia una península más fácil de defender y menos expuesta a invasiones por mar.

El saqueo de Panamá por Henry Morgan tuvo importantes consecuencias geopolíticas: debilitó la presencia española en el istmo, alteró rutas comerciales tradicionales y reforzó la percepción de que el Caribe era un espacio estratégico fuertemente disputado por potencias europeas.

Morgan, que actuó en un contexto donde los límites entre corsario y pirata eran a menudo borrosos, retornó a Inglaterra bajo arresto por violar el tratado de paz, pero fue posteriormente indultado y nombrado caballero y funcionario colonial en Jamaica, un signo de la ambivalencia con la que las metrópolis europeas trataban estos hechos según sus intereses políticos del momento.

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