Alexandra Montenegro:

‘Quiero poner a Panamá de referencia en lo que involucre ingeniería biomédica’

  • 08/09/2026 00:00
En esta edición de Mía: Voces Activas, habla de su trayectoria, los desafíos que enfrentan las mujeres en la ingeniería y la importancia de crear referentes para las nuevas generaciones.

Alexandra Montenegro es ingeniera biomédica y líder en el ámbito estudiantil y profesional. Apasionada por reducir la brecha de género en las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), Montenegro es una figura prominente en la inclusión femenina en la ciencia.

La joven científica además cuenta con experiencia en investigación científica, gestión técnica de tecnología médica y consultoría en Ingeniería Clínica. Actualmente, trabaja como ingeniera de soporte técnico en Ciudad de la Salud al tiempo que funge como vicepresidenta de la sección panameña de IEEE Engineering in Medicine and Biology Society, donde se impulsa el avance hacia la aplicación de las ciencias de la ingeniería y la tecnología en la medicina y la biología.

Entre los múltiples reconocimientos que recibió, está el haber sido incluida en la lista de las ‘100 Mujeres más mencionada en la Revista Forbes como una de las 100 Mujeres más Poderosas de Centroamérica en 2022’.

En esta entrevista, Montenegro cuenta a La Estrella de Panamá cómo superó las barreras de género en la industria de la ingeniería y brinda un mensaje de aliento para aquellas niñas que sueñan con un futuro en el ámbito científico.

¿Cómo nace su interés por la ingeniería biomédica?

Fíjate que las cosas parten desde que soy una niña, me empieza a gustar armar y desarmar cosas. Yo creo que mi mamá siempre fue muy flexible conmigo en que lo que me gustaba, “tú dale, entretente con eso, si es lo que te gusta está bien”. Entonces creo que, aparte de eso, mi gusto inicia por preguntarme las cosas.

Cuando llego a la secundaria, yo no quería estudiar algo relacionado con comercio ni nada. Yo pensaba: me esforcé tanto por química, física y tengo que darle sentido a esas materias. Así que pensé en carreras exóticas y alguna era química industrial y otra era ingeniería biomédica, y para mí eso era curioso.

Mucha gente dice: ‘¿Qué es eso, ingeniería biomédica?’. Y luego me percaté de que eso era tecnología más salud. Entonces me gustó la mezcla que tenía y me parecía que era una carrera que nunca paraba. Siempre hay actualización de algo, siempre hay una innovación en algo. Eso me atrapó y me hizo involucrarme más en ella y me terminó gustando.

¿Hubo algún momento durante su formación que recuerde que fue difícil o que le hizo dudar de si este era el camino correcto?

Creo que varias veces me ha pasado esa subida y esa bajada de cuestionarme, decirme si realmente esto era para mí o no. De hecho, es una pregunta muy profunda que uno interioriza y se queda pensando: ¿de verdad esta es la ruta, el camino que tengo que tomar? Pero yo creo que en el camino (yo soy muy creyente de Dios) Dios se va encargando de acomodar las cosas y decir que eran necesarios ciertos procesos en nuestra vida para llevarnos hasta donde nos ha llevado. Pero sí hubo momentos de bajones, particularmente podría decir cuando eres mujer.

Ser mujer en un campo de ingeniería es algo muy retador porque te hacen dudar de que realmente tú puedes hacer el trabajo. Tú te estás formando con eso y, como profesional que se estaba formando, como estudiante, yo no tenía muchas referencias de mujeres de ingeniería. Entonces, para mí está jugando un poco la psicología que me dijeran que, por ser mujer, probablemente no podría hacer el trabajo.

En su trayectoria habla mucho de la organización estudiantil. ¿Qué tan importante fue para usted la organización estudiantil durante su formación académica y profesional?

Fue sumamente relevante. Yo creo que fue la distinción más importante que yo tuve todo el tiempo que estuve como estudiante e incluso como profesional ahora. Lo que ocurre es que cuando nosotros estamos en un salón de clase, nosotros solamente nos limitamos como a trabajar lo necesario, pero en las organizaciones es diferente, ya las cosas las haces por tu cuenta.

De hecho, me involucro tanto en las organizaciones, solamente haciendo un paréntesis, que me dicen: “¿Tú trabajas de eso?”. No, la verdad no trabajo de esto, me gusta, me gusta estar involucrada en esto y la gente se sorprende: “¿Cómo haces con el tiempo?”. Pero fue muy importante porque las organizaciones te mantienen actualizándote siempre. El pensum de la universidad o de cualquier plan de estudio se paraliza, pero las organizaciones siempre están actualizándose, siempre. Y es algo importante también.

Ahora están muy de moda las habilidades blandas y duras que se conversan. En una organización estudiantil tú desarrollas muchas habilidades blandas, sociales, muy necesarias, y eso no lo consigues tanto en un salón de clase porque te pueden formar en equipos de trabajo, pero bueno, tienes que trabajar con tu compañero y, bueno, hay dudas.

Pero en las organizaciones estudiantiles tú tienes que trabajar con equipos que son perfiles variados y lo tienes que hacer porque te gusta y no es simplemente porque me están obligando a hacerlo, pero fue muy, muy, muy revelador eso.

Tomando un poco lo que mencionó sobre las dificultades que tuvo durante su formación y el hecho de no tener referentes femeninos, ¿para usted qué tan importante es impulsar la presencia y el liderazgo femenino dentro de la ingeniería?

Para mí es un compromiso porque yo necesito que, sobre todo las jóvenes, yo no soy feminista, pero sí soy partidaria de que como mujer podemos hacer el trabajo, y yo siento que las figuras que yo tuve a medida que yo iba creciendo como estudiante y también como profesional me fueron ayudando mucho a que, si pudieron hacerlo, yo también.

Entonces yo misma me he comprometido a también servir de referencia a esa nueva generación que ha servido, pero no decirlo, sino comprometerme realmente haciéndolo. Y trato de mantener el contacto con las chicas en donde me convierto en algún punto mentora de ellas. Y también se siente bien la relación que uno como profesional tiene con las mamás de ellas.

Te puntualizo, de las chicas en donde me he convertido en mentora. Es impresionante lo bien que se sienten que sus hijas se relacionen con profesionales de ese calibre. Y eso para mí es muy enriquecedor porque uno siente que está sirviendo al menos de guía o de orientación en alguna decisión que esa niña o esa persona quiera tomar.

Pero bueno, trato de mandar un mensaje contundente respondiendo a tu pregunta: haciendo cosas, no diciéndolas, haciendo cosas, haciendo ruido a la nueva generación para que sirvan de referencia.

Ahora, a través de las organizaciones, también lo que hacemos es visibilizar quién es Alexandra Montenegro, quiénes son otras profesionales también, quiénes son ellas. Y ese también es un trabajo que hacemos.

Desde su opinión, ¿cuáles diría que son esos factores que se necesitan para poder cerrar esa brecha de género que todavía persiste?

Yo creo que quizás lo que te mencioné probablemente sea como que: “¡Wow! Yo esperaba quizás otra respuesta”. Pero, a través de los años, me he dado cuenta de que existe una especie de guerra de mujer contra mujer. A veces pareciera que el problema fueran los hombres, pero no. Mujer contra mujer peleando. No sé por qué, no sé si está en nuestra naturaleza y, honestamente, no me atrevería a decir algo porque no soy especialista en psicología, pero lo que sí podría decir es que son las experiencias que me ha tocado.

Hay una frase que me gusta mucho y que siempre utilizo: “El éxito de una es inspiración para otra”. ¿Por qué tiene que estar una mujer pisando la trayectoria que tiene otra persona? Pero he sentido que el problema ha sido el apoyo, sobre todo entre mujeres. No sé por qué existe ese egoísmo de decir: “Oye, me alegra por lo que has hecho”, genuino. Ha sido complicado, pero yo diría que es eso, que realmente es eso, es lo que he visto, es el problema de las mujeres.

Ha recibido muchos reconocimientos. ¿Qué representa para usted que su trabajo y su esfuerzo sean reconocidos no solamente a nivel nacional, sino también de manera internacional?

Bueno, para mí es un orgullo porque ya no solo se habla de Alexandra Montero, sino que se habla de Panamá. Y eso para mí es una felicidad siempre en donde yo pueda portar la bandera de Panamá y decir: Panamá está presente, no Alexandra Montenegro, Panamá está presente.

Me llena de mucha felicidad y de mucho orgullo porque nuevamente retomo las organizaciones estudiantiles, ellas son internacionales y cuando salgo allá yo no represento a Alexandra, represento a Panamá. Es muy bonito.

A cualquiera que lea esta entrevista lo animo a que también participe, porque has dicho algo muy bonito, has tenido muchos reconocimientos, pero eso lo he tenido, aparte de que he tenido la valentía para crear la trayectoria que he tenido, también he tenido la valentía para aplicar.

Hay veces que tenemos buenos perfiles, pero no aplicamos y la gente no sabe qué hacemos, permanecemos en el anonimato. No perdemos nada con que nos digan que no tenemos el perfil para ganar cierta premiación o candidatura a la que nos sometimos, pero es importante aplicar.

¿Cómo ve en las próximas generaciones la participación de las mujeres dentro de la ingeniería biomédica? ¿Cuál es el futuro que ve?

Yo sonrío porque me gusta lo que veo. De por sí, en el lugar donde laburo son más mujeres que hombres. Eso es bonito, probablemente es una cifra de números, pero es bonito porque hay más mujeres que están presentes allí.

Yo creo que, no solo en la ingeniería biomédica, sino en lo que es la ingeniería, Panamá es una buena referencia en cuanto a promoción de mujeres en la ingeniería, mujeres en este campo.

Yo veo una generación bastante involucrada con que pueden hacer el trabajo. Me ha tocado ver chicas en la pasantía, muy seguras de lo que están haciendo, y bueno, te dicen cosas como: “Es que yo vi que usted lo hizo, así que yo también puedo hacerlo”, y eso es bonito, porque están copiados como si fuera una niña contigo.

Pero veo una generación que se está metiendo en el papel, y algo que no sé si te lo había compartido antes, probablemente no, las hemos metido nosotros como mujeres a cosas que no tienen que hacer los hombres, que nosotras necesitamos demostrar.

Me ha pasado a mí que, cuando voy a algún lugar a reunirme con un equipo médico, me pregunten: “¿Dónde está el ingeniero?”. Y yo les digo: “¿No está el ingeniero? Yo soy el ingeniera”. Entonces, dudan de ti y ya tienen una percepción tuya y tienen ahora que demostrar que tú puedes hacer el trabajo, pero finalmente uno se lo demuestra. No es lo que uno busca, pero digamos que tiene esa barrera que probablemente un hombre no tenga. Después que un hombre lo haga, qué pena que sea así, pero nos ha tocado demostrarlo.

Alexandra Montenegro
Ingeniera Biomédica
Yo quiero poner a Panamá de referencia en lo que involucre ingeniería biomédica, de por sí ya lo somos, pero quiero visibilizar, quiero ser parte también de esa historia.
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