Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 19/08/2016 02:00
Para el filósofo Kongzi (Confucio) la mayoría de los miembros de una sociedad pueden ser educados moralmente o recibir educación moral. Pero, ¿quién transmitía ese conocimiento?
De acuerdo con Kongzi, la virtud no podía ser transmitida si previamente la persona que enseñaba no era ya alguien virtuoso. Entonces, ¿cómo una persona virtuosa puede enseñar a otros a ser virtuosos?, esta pregunta nos obliga a cuestiona cómo la persona que enseña llega a ser virtuosa.
Primero, la virtudosidad se enseña a través del ejemplo, pero como señala la anterior pregunta, el ejemplo a seguir inicialmente debe ser alguien ya virtuoso. Kongzi, quién no se consideraba el más sabio ni el más virtuoso, usaba como ejemplo para sí la figura de príncipes y reyes de la antigüedad. Es decir, el ejemplo en el que Confucio se sostenía era la tradición.
No se trataba en este caso del ejemplo de una persona específica y ejemplar, sino de la ejemplar tradición de la que él se nutre.
Para ponerlo de una manera más sencilla, el objetivo era utilizar una tradición muy exaltada —por su supuesta capacidad de mantener el orden y la armonía en la antigüedad— para dirigir la actuación de un individuo frente a otros, es decir, cómo debemos comportarnos en sociedad.
Seguir el camino recto o ser fiel a la tradición para lograr ser una persona virtuosa es seguir un camino libre de excesos. Equilibrio y armonía son términos que Confucio emplea para describir el camino recto. Kongzi añadía además que quien decidía exponer sus ideas al público debía ponerlas en práctica primero. Existe pues una relación necesaria entre la práctica y la teoría.
Si entendemos que la práctica es primordial y que se aprende a través del ejemplo, la comprensión o el aprendizaje se da en la práctica de las respectivas costumbres y tradiciones.
Así ocurre que el pueblo —el hombre común— no puede comprender ni elaborar la teoría detrás de las costumbres, su comprensión parece limitarse a la imitación del personaje o la tradición ejemplar. Si ponen en práctica las tradiciones o costumbres, esto quiere decir que han comprendido o en todo caso están siendo educados moralmente.
Pero hay quienes van más allá de esta mera imitación, según esta doctrina filosófica El sabio confuciano intenta ‘crear', tras un arduo estudio de la doctrina. Le da forma escrita y oral, conceptualiza, hace preguntas y da respuestas, medita, realiza un trabajo crítico y analiza la tradición esclareciendo cualquier ambigüedad en la misma.
La distinción entre el sabio y el hombre común es que entre mayor es la responsabilidad de un hombre, mayores sus virtudes debían ser, mayor debía ser su amor y benevolencia para con los demás. Los hombres sabios eran personas que se educaban para asumir cargos públicos, por lo que su educación moral no se podía limitar a la imitación, sino a la comprensión de la teoría que sustentaba el sistema ético confucianista y de otras escuelas.
FILÓSOFO Y PERIODISTA