Arraiján y La Chorrera: de la ruralidad a la conurbanización

  • 12/09/2026 00:00
La formalización de Arraiján y La Chorrera como distritos no se daría hasta el siglo XIX. Si bien La Chorrera es designada como cantón en 1822, no sería hasta 1855, - con la creación del Estado Federal de Panamá-, que se suprimió la figura de los cantones y el territorio se reorganizó en departamentos y distritos municipales

Desde una perspectiva histórica, Arraiján y La Chorrera no tiene un origen formal, como la ciudad de Panamá, Natá de los Caballeros o Alanje, sino que fueron poblados que surgieron de un proceso paulatino e informal de densificación rural de un hábitat disperso entre los siglos XVII y XVIII. A lo largo de la época colonial y durante el siglo XIX, ambos distritos funcionaron como una zona agropecuaria y ganadera bajo la órbita de la burguesía de la ciudad de Panamá, según lo describe el historiador Omar Jaén Suárez en su obra ‘La población del Istmo de Panamá: Estudio de Geohistoria’ (1998).

La formalización de Arraiján y La Chorrera como distritos no se daría hasta el siglo XIX. Si bien La Chorrera es designada como cantón en 1822, no sería hasta 1855, - con la creación del Estado Federal de Panamá-, que se suprimió la figura de los cantones y el territorio se reorganizó en departamentos y distritos municipales. Es en este momento en el que Arraiján y La Chorrera pasan a ser distritos municipales adscritos al departamento de Panamá.

Hacia fines del siglo XVIII, La Chorrera era ya uno de los asentamientos más populosos del interior del país, equiparable en volumen de habitantes a Penonomé, Los Santos o Santiago de Veraguas. Según Jaén Suárez, La Chorrera reemplazó al poblado oriental de Chepo como la principal “estación de veraneo para los panameños ricos de la capital”, descrita como una “pequeña población muy bella, de casas anchas, espaciosas y bien dispuestas”, cuyo clima era considerado más benigno para escapar del calor sofocante de los meses de verano.

En contraste, el crecimiento del distrito de Arraiján se vio impactado por su proximidad a la ciudad de Panamá, la construcción del Canal, y la implantación de la Zona del Canal en 1904. Para Arraiján, este último hecho implicó la amputación de sus límites orientales y septentrionales, la mutilación de su hinterland agrícola inmediato, la absorción o desaparición de distritos vecinos históricos (como Emperador y Nuevo Emperador) y la llegada masiva de desplazados rurales tras la Orden de Despoblación de la Zona del Canal en 1911.

Este desarraigo forzado provocó un flujo migratorio masivo de desplazados rurales que se reasentaron, entre otros lugares, al oeste de la línea divisoria, cruzando la frontera jurisdiccional para establecerse en las cabeceras e interiores del distrito de Arraiján, distrito que absorbió a esta población, lo que alteró su densidad demográfica y expandió el régimen de ocupación sobre las antiguas fincas ganaderas.

Jaén Suárez describe también, como la presencia de la Zona del Canal actuó durante casi ocho décadas como un muro o barrera. Según este autor, el trazado de la Zona del Canal cercenó el acceso a las tierras bajas del Río Grande y los valles aluviales limítrofes entre la ciudad de Panamá y Arraiján. El límite oriental del distrito dejó de ser un lindero natural o municipal con la capital para convertirse en una frontera política rígida y militarizada con una potencia extranjera, en la que se erigieron tres bases aéreas, la base aérea de Howard, la Estación Naval de Rodman y el Campamento militar de Koobe.

Brisas del Golf Arraiján, una de las tantas urbanizaciones construidas en las antiguas fincas ganaderas, y conectada a la Carretera Interamericana por estrechos caminos rurales, lo que se convierte en un cuello de botella durante las horas pico.
Este mapa topográfico de 1943 presenta una instantánea de Arraiján, justo en el borde de la antigua Zona del Canal, y conectado al sistema de poblados panameño por la Carretera Interamericana.
La expansión metropolitana hacia Panamá Oeste

A lo largo del siglo XX, los distritos de Arraiján y La Chorrera experimentaron una de las transformaciones socioterritoriales más drásticas de la historia de Panamá. Estos poblados pasaron de ser aglomeraciones agrarias e intermedias del interior rural a constituirse en el eje de expansión urbana occidental. Este proceso transformó los antiguos latifundios ganaderos en suelo para la especulación inmobiliaria, convirtiendo a Arraiján y La Chorrera en un vasto suburbio-dormitorio de la región metropolitana.

En el caso de Arraiján, entre 1970 y el año 2000, el distrito pasó de tener una modesta población de 19,656 habitantes en 778.93 hectáreas, a registrar una explosión poblacional de 125,825 residentes sobre 3,812.12 hectáreas construidas. La tendencia de expansión horizontal masiva se consolidó en las dos primeras décadas del siglo XXI, escalando velozmente a 220,779 personas en 2010 y llegando en el año 2020 a 299,079 habitantes distribuidos en una inmensa huella urbana de 9,644.55 hectáreas.

El distrito de La Chorrera, por su parte, entre 1970 y el año 2000, experimentó un constante crecimiento demográfico pasando de 45,269 habitantes asentados en apenas 816.79 hectáreas a 124,656 habitantes distribuidos en una mancha urbana que se había multiplicado hasta las 3,829.21 hectáreas, para el año 2000.

Mapa del sector de La Chorrera en 1950. Se pueden visualizar aquí los límites de las fincas ganaderas próximas al poblado.

En las dos décadas siguientes, el consumo de territorio continuó su avance, alcanzando en 2010 una extensión de 6,297.49 hectáreas para 161,470 personas, momento en el cual se registró el punto de mayor desparrame urbano con una densidad mínima de 25.64 habitantes por hectárea. Sin embargo, el periodo entre 2010 y 2020 marcó el mayor salto poblacional absoluto en la historia del distrito, disparando la cifra de residentes a 258,221 sobre un área urbanizada de 7,311.41 hectáreas.

Tres mecanismos se encuentran detrás de estas cifras de crecimiento urbano acelerado y expansivo: la ausencia total de herramientas de planificación urbana y territorial que articularan el desarrollo de las urbanizaciones, la existencia de incentivos como el interés preferencial, -que impulsan la construcción de nuevas viviendas en tierra barata-, y un modelo de desarrollo urbano basado en ‘pegarse’ a las estrechas vías rurales existentes.

Una vez abierto el mercado de tierras de Panamá Oeste, la promesa de proximidad a los centros de empleo y actividad económica de la ciudad de Panamá se sostuvo sobre la proyección de inversiones masivas en infraestructura vial y de transporte, que todavía se encuentran sin concluir. El IV Puente sobre el Canal, la Línea 3 del Metro, la ampliación a ocho carriles de la carretera Panamá-Arraiján, el Corredor de las Playas y, más recientemente, la ampliación de la carretera Centenario, conforman este ambicioso programa de inversiones, que suma B/ 6,538 millones en la última década.

Todas estas son inversiones que no pueden solucionar el problema de fondo, el desarrollo de un modelo de urbanización sin ciudad. La única forma de cambiar la condición de congestión permanente y falta de oportunidades de las áreas urbanas de los distritos de Arraiján y La Chorrera hacia espacios donde sus habitantes disfruten del derecho a la ciudad es a través de la generación de verdaderos nodos de actividad económica que aproximen el empleo a la vivienda, y la transformación de los uniformes campamentos de vivienda existentes, -a través del espacio público y la promoción de la vida comunitaria-, en barrios que brinden bienestar y calidad de vida a sus habitantes. Esa es la deuda pendiente con los habitantes del oeste.

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