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- 17/04/2011 02:00
Por más de 15 años los Diablos Rojos han sido parte de la vida de Cristóbal Adolfo Merszthal. Así lo corroboran los pedazos de chatarra que se encuentran en la hierba que rodea su casa/taller, ubicado en la comunidad de La Inmaculada, en el corregimiento de Pacora. Entre ellos, un mataburros, sobre el que una niña saborea una paleta en un mediodía nuboso, mientras el viento mece las prendas de ropa húmedas en el tendedero. Unos metros más adelante, a la sombra de un árbol de mangos, la mano del artista pacoreño mueve con agilidad el aerógrafo sobre uno de los costados de la carrocería de un autobús que solía recorrer la ruta Santa Librada-Transístmica. En el chasis pintado de verde van surgiendo, como si de un mural sobre cuatro ruedas se tratara, el relieve de unas montañas que rodean a un castillo medieval. En cuestión de segundos, unas cataratas surgen de las cumbres de la recién formada cordillera, precipitándose al vacío...
Del otro lado del vehículo, una mujer con un escote desafía las leyes de la perspectiva. Un dragón parece retroceder ante la firmeza de su senos y el filo de la espada que esgrime en una de sus manos... ‘Súbete mami y goza’: es la invitación que se puede leer en los escalones que conducen al interior del Diablo Rojo, el cual, debido a un cambio de ruta, le fue traído a Merszthal para ajustar su decoración al gusto de su nuevo propietario.
COLEGIALES ENDIABLADOS
Cerca del bus que Merszthal y su asistente retocan un colegial espera a que inicie al proceso de su ‘satanización’. El mismo comenzará cuando Morales remueva el color amarillo de su carrocería con una lija. Posteriormente será pintado, lo cual le tomará a Morales entre dos días y una semana, dependiendo del clima.
Una vez que el autobús haya mudado su piel de colegial -proceso que puede costar hasta 400 dólares-, se dará inicio al trabajo creativo, el mismo que Merszthal ha realizado para más de 300 buses a lo largo de los años. Todo comienza cuando agarra su aerógrafo (pistola de aire comprimido que se emplea para hacer grafitis) y procede a dibujar las formas a las que posteriormente les aplicará el color. Dependiendo de las exigencias del cliente, puede proceder siguiendo los dibujos o ideas que éste le ha dado o de acuerdo con su ‘libre albedrío’. Hay quienes le solicitan una decoración ‘exótica’, mientras que otros buscan, dadas sus creencias religiosas, algo más formal.
El costo de este proceso de ornato varía en cada caso. Merszthal se lamenta de que ha aumentado el precio del galón de pintura, por lo que ya no le es posible ofrecer precios fijos, como era su costumbre. A pesar de la creciente inflación, en el taller ubicado en su residencia se siguen recibiendo buses de Chepo y de las ciudades de Panamá, La Chorrera y Colón.
EL ‘DIABLO’ DEL MINISTRO
Mientras observa transitar a los metrobuses frente a su casa, Merszthal se pregunta por cuánto tiempo más podrá seguir en el negocio de ornar Diablos Rojos. ‘Es un arte que prácticamente está muriendo. Para poder mantenerlo vamos a tener que pintar Chivas Parranderas y buses para trasladar extranjeros’, plantea este padre de ocho hijos. Añade que si bien la introducción del sistema del Metrobús ha sido positiva para el usuario, hay ‘muchas personas que dependemos de los Diablos Rojos’, como lo son llanteros, pintores, vendedores de repuestos, etc.
Morales, quien además de pintar también es conductor, concuerda con su antiguo jefe. Uno de los buses que conduce, y que tiene capacidad para aproximadamente 45 pasajeros, no sólo está adornado con el retrato del ministro de la presidencia, Demetrio ‘Jimmy’ Papadimitriu, en su puerta trasera, sino que en uno de los costados de su carrocería exhibe un arte en el que aparece un Metrobús aplastando triunfalmente a un par de Diablos Rojos irredentos. Debajo de la efigie del político aparece la siguiente leyenda: ‘Lo logré’. El mensaje es claro, o al menos para Morales. ‘Ganó el sistema... Es el final de los Diablos Rojos’, sentencia quien se ha sentado en varios ocasiones tras el volante del ‘RESKATE’, como ha sido bautizado este Diablo Rojo versión reducida en cuyo frente se pueden apreciar los rostros de Papadimitriu, Diógenes Vergara, presidente de la Cooperativa de Transporte San Cristóbal de Chepo, Dionisio Ortega ‘Nicho’, presidente de la Cámara Nacional del Transporte (CANATRA), y Esteban Rodríguez, uno de los dirigentes de dicha entidad.
Si bien actualmente se encuentra aparcado frente a la residencia de Diógenes Vergara, el ‘RESKATE’ ha estado de gira en las últimas semanas. Una de sus primeras paradas fue la presidencia de la República, donde Papadimitriu se montó y paseó en el bus. El presidente Martinelli se limitó a asomarse al interior del mismo y sugerir que le pusieran aire acondicionado.
Con un costo de cerca de 9 mil dólares (tan solo en luces y equipo de sonido), Morales condujo este Diablo Rojo en miniatura hasta los poblados de Ocú y Las Tablas durante los pasados carnavales. Su paso por la península de Azuero, durante el cual se convirtió en una de las atracciones de las fiestas del Dios Momo, fue costeado por el presidente de la Cooperativa de Transporte San Cristóbal de Chepo, quien es el propietario del llamativo vehículo.
LIENZOS RODANTES
‘Al eliminar un Diablo Rojo se elimina parte de lo que es la cultura panameña, algo con lo que hemos nacido y crecido. Cuando los extranjeros piensan en Panamá las imágenes que les vienen a la mente son las del Puente de las Américas, el Canal, las ruinas de Panamá La Vieja y los Diablos Rojos’, advierte Oscar Melgar, un artista que descarga su creatividad indistintamente sobre lienzos y buses. Según Morales, este pintor y DJ fue el encargado de crear el arte cargado de propaganda política presente en la carrocería del ‘RESKATE’.
Al igual que Merszthal, Melgar no se opone a la modernización del sistema de transporte urbano, sin embargo, opina que sería una buena idea que los Diablos Rojos se mantengan circulando ‘en algunos sectores de la capital’. Eso sí, le gustaría que los que continúen en circulación lo hagan ‘en óptimas condiciones mecánicas, con esa misma esencia de los décadas de los 60, 70 y 80’, años en los que asegura que en ‘la ciudad capital prácticamente no se veía ningún bus destartalado’.
En el caso de Melgar, que tuvo la oportunidad de presentar su obra móvil en una bienal de arte realizada en Inglaterra años atrás (durante el evento decoró un bus de dos pisos), muchas de las frases y dibujos que ha utilizado en sus más de 25 años pintando Diablos Rojos son extraídos de la cultura popular, de películas de terror como la cansona saga de ‘Viernes 13’, de refranes populares, del reggaetón, etc. Opina que la estética que exhiben estos buses ‘forma parte de la memoria cultural’, al incluir músicos, actores y personajes populares.
NOSTALGIA DE LO AUTÓCTONO
Dejamos el Diablo Rojo de Papadimitriu y nos dirigimos nuevamente a la Carretera Panamericana. La lluvia nos sorprende, anegando rápidamente los baches del camino. ‘¿Por acá fue que mataron al gato?’, inquiere el fotógrafo, preguntando por un joven que acababa de salir de la cárcel y que fue asesinado recientemente en el área. ‘No, fue más allá. Por la quebrada...’, responde Morales, quien nos acompaña en el auto. El artista gráfico y el plástico discuten sobre el costo de la vida, el cual, parafraseando a Juan Luis Guerra, ‘sube otra vez’. De la inflación que se dispara, al igual que los índices de criminalidad. Para Merszthal, Morales y cientos de panameños cuyo ‘modus vivendi’ está relacionado con los Diablos Rojos, el arribo del sistema del Metrobús sólo torna más incierto el panorama. Al igual que ellos, seguramente habrá otros quienes extrañarán el colorido de estos autobuses -con sus retratos de Vivian Torrijos, Manuel Antonio Noriega, Eladio Fernández, Yoda, León-O y otros personajes tanto reales como ficticios- cada vez que vean pasar a un Metrobús con su pálida e insulsa carrocería importada.