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Bolivar, el Congreso Anfictiónico y la soberanía sobre el Canal de Panamá
- 01/08/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Con anterioridad al 28 de noviembre de 1821, día en que Panamá se emancipó de España, Bolivar no tenía capacidad para disponer de nuestro destino. La situación, sin embargo, cambió una vez que en esa fecha memorable se proclamo la independencia y se acordó que el territorio istmeño pertenecía al Estado republicano de Colombia. Ha dicho Miles P. Duval Jr., en su valiosa obra Cadiz a Catay, al referirse a los proyectos de canales ístmicos anteriores al Ferrocarril de Panamá, que “De los diversos líderes del Norte y Sur América, Simón Bolivar, Libertador y Presidente de la Federación Granadina, fue el primer funcionario importante que se interesó activamente en la empresa”. Y no le faltaba razón al citado autor, pues, tan pronto el Libertador tuvo conocimiento de nuestra independencia, por conducto de su secretario, J. Gabriel Pérez, instruyó el 10 de enero de 1822, al gobernador del Chocó, José María Cancino, en el sentido de que le enviase cuantos informes, noticias y relaciones hubiera podido adquirir o creyera conveniente, con respecto a un canal que uniera los dos océanos por el Atrato. Un mes, aproximadamente, después, en respuesta a un oficio del gobernador, asimismo por conducto de su secretario, el Libertador ordenó hacer trazar el canal por una parte del Istmo y obtener en Jamaica, por cuenta del gobierno, los instrumentos necesarios para esta operación. En esta última carta agregó textualmente, el secretario Pérez: ... S.E. estará para el mes de octubre en el Chocó, y está resuelto a ejecutar la útil empresa de comunicar los dos mares; y espera, que, para cuando llegue, ya V.S. habrá hecho cuanto le previene arriba, y habrá tomado noticias ciertas, informes exactos, prolijos y circunstanciados, de cuanto es necesario para esta importante obra; consultando a los prácticos de los lugares”.
Los conceptos anteriores son ratificados por el secretario del Libertador al escribir, el 7 de marzo siguiente, al secretario del interior: “ ... S. E. el Libertador, que está resuelto a comunicar los dos mares, ha prevenido al comandante general del Chocó que haga levantar nuevas y más exactas cartas, si es posible: Que abra veredas, practicables hacia todos los puntos que se han designado como propios para hacer la comunicación; que compre en Jamaica los instrumentos necesarios par ello, pues S.E. estará en el Chocó en octubre del presente año, sólo con el objeto de visitar personalmente los lugares y activar, por todos los medios posibles, esta importante comunicación”. Desconocemos las razones por las cuales el Libertador no hizo la prometida visita al Chocó. Posiblemente la Campaña del Sur contribuyó en gran medida a su no realización. Pero, delante de esta iniciativa gubernamental, se interesaron también en la apertura de un canal interoceánico, entre otros, el coronel estadounidense William Duane (1822), el capitán británico Charles Stuart Cochrane (1824) y el comerciante jamaicano Welwood Hislop (1825). No obstante, ninguna de las concesiones solicitadas fue concedida.
Las Provincias Unidas de Centroamérica, mientras tanto, de las cuales formaba parte Nicaragua, pensando naturalmente en la construcción de su propio canal, por medio de su ministro en Washington, Antonio José Cañas, hicieron una oferta a los Estados Unidos de América, fechada el 8 de febrero de 1825. A pesar de que tal oferta calificada de “generosa” por el secretario de Estado, Henry Clay, y de que las mejores rutas, en opinión de este alto funcionario, se hallaban en ese territorio o en el de México, siguiendo instrucciones del presidente de su país, el secretario de Estado se limitó a reconocer el “gesto amistoso” de los proponentes y a asegurarles “que se adoptarían medidas con el fin de colocar a los Estados Unidos en posesión de la información necesaria para tener sobre este asunto un juicioso criterio”.
Alarmado el Libertador por las gestiones realizadas por Centroamérica ante el gobierno estadounidense, decidió reactivar el proyecto de canal por el Istmo de Panamá e instruyó al ministro que Colombia tenía acreditado en Londres, José Fernández de Madrid, en el sentido de interesar a los capitalistas británicos en el financiamiento de tan magna obra. Más como los inversionistas dispuestos a suministrar fondos exigieron, como requisito sine qua non, que la neutralidad del canal fuera garantizada por una potencia marítima con poder suficiente para hacerla efectiva, la misión Fernández Madrid no logró los resultaos deseados. No obstante, Bolivar continuó acariciando esta posibilidad, como lo demuestra una carta de James Henderson, Cónsul de la Gran Bretaña, de 14 de julio de 1827, en que se lee lo siguiente: “Creo procedente mencionar que en una conversación casual con el general Bolivar aprovechó él la ocasión para rogarme que, si se presentaba el caso, asegurase a los capitalistas británicos que él abrigaba el deseo de darles las mayores facilidades para abrir una comunicación por el Istmo entre los dos océanos. Afirmó además S.E. que, si necesario fuere, haría el territorio neutral”.
Nuevos estudios realizaron en el Istmo de Panamá, previa autorización de Bolivar y a instancia del célebre Barón de Humboldt, los capitanes John A. Lloyd, ingeniero británico, y Maurice Falmark, ingeniero sueco, ambos al servicio de Colombia (1827-1829). Tales estudios, aunque superficiales, tienen el mérito de haber sustituido la desembocadura del Río Chagres por la Bahía de Limón como terminal atlántico del canal y de haber sugerido una ruta no muy diferente a la que en definitiva adoptaron los Estado Unidos de América al construir el Canal de Panamá. Pero volviendo al Libertador, su interés por la obra del canal quedó una vez más puesto de manifiesto, en carta que el 19 de noviembre de 1828 le escribió el general José María Córdoba, ministro de guerra, en la que expresaba: “Con las recomendaciones que V.E. me mandó hacer de recomendar con preferencia de auxiliarse a los ingenieros geógrafos en el Istmo, se han reanimado éstos, han remitido algunos trabajos, y prometen concluirlos en el verano próximo, es decir, que sabremos la diferencia de nivel de uno y otro mar, y si será posible abrir el canal de que tanto se ha hablado”.
El año siguiente a la terminación de los estudios de Lloyd y Falmark fue nefasto para la Gran Colombia. Bolivar, ante la incomprensión de sus conciudadanos y minadas sus energías por un cuerpo débil y enfermo, se retiró del poder dejándolo en manos del general Domingo Caicedo, como Presidente Provisional, quien se hizo cargo el mismo 1º de marzo de 1830. El 4 de mayo siguiente, el congreso eligió presidente a Joaquin Mosquera y poco después la crisis que desde años amenazaba la existencia de la nación tuvo su epílogo con las secesiones de Ecuador y de Venezuela.
Panamá, frente a la desintegración de hecho de la Gran Colombia, y no teniendo compromisos particulares con lo que de ella quedaba, o sea, con la Nueva Granada, también se separó el 26 de septiembre de 1830 y la administración departamental fue confiada al general José Domingo Espinar, bajo la denominación de Jefe Civil y Militar. Pero a diferencia de lo que había ocurrido y ocurría en casi todos los departamentos, la fe en la unidad grancolombiana y la confianza en el Libertador se mantenían incólumes entre los gestores de aquel movimiento, como lo demuestran los siguientes párrafos del acta de la reunión del cabildo pleno en la ciudad de Panamá, que textualmente dicen:
“Artículo 1º. Panamá se separa desde hoy del resto de la república y especialmente del gobierno de Bogotá.
“Artículo 2º. Panamá desea que S.E. el Libertador Simón Bolivar, se encargue del gobierno constitucional de la república como medida indispensable para volver a la unión de las partes de ella que se han separado bajo pretextos diferentes, quedando desde luego este departamento bajo su inmediata protección.
“Artículo 3º. Panamá será reintegrado a la república luego que el Libertador se encargue de la administración, o desde que la nación se reorganice unánimemente de cualquier otro medio legal.
“Artículo 4º. Panamá desea que el Libertador venga a su seno para que colocado en un punto en que pueda atender a las partes dislocadas de la república procure que la nación sea reintegrada.”
El Libertador, pensando como siempre en el destino de la Gran Colombia, declinó el ofrecimiento que le hicieron los istmeños e instó al general Espinar a reincorporar el Istmo al seno de la república. En Bogotá, mientras tanto, los simpatizadores de Bolivar provocaron la renuncia del Presidente Mosquera y su sustitución por el general Rafael Urdaneta, quien de inmediato envió una comisión a gestionar el regreso del Libertador al poder. Considerando por todo ello Espinar, que los motivos de la secesión habían desaparecido casi totalmente con el establecimiento de un nuevo gobierno mientras el Libertador se encargaba del mando supremo de la nación, con fecha 10 de diciembre expidió un decreto reintegrando el Istmo a la república. Siete días después, luego de haber rehusado el gobierno que se le brindaba, el Libertador expiraba en Santa Marta, no aspirando “a otra gloria que la consolidación de Colombia¨, y exhortando a todos a “trabajar por el bien inestimable de la unión”.
Las instrucciones y recomendaciones de Bolivar para el gobernador del Chocó, para el ministro colombiano ante el gobierno británico y para el Ministro de Guerra de la Gran Colombia, así como el ruego hecho al cónsul británico y la autorización dada a Lloyd y Falmark, ponen de manifiesto, en forma realmente elocuente, que durante el tiempo en que Bolivar estuvo al frente del Órgano Ejecutivo de la Gran Colombia, él si se interesó, pese a los graves problemas que tenía directamente que afrontar, en la construcción de un canal interoceánico por el Istmo de Panamá. Es más, el interés del Libertador por la apertura de dicho canal fue tan conocido por sus contemporáneos, que el general Santander llegó incluso a proponerle que de oficio recomendara muy eficazmente al gobierno que favoreciera “la empresa de comunicar los dos mares”, que proyectaba realizar una “asociación colombiana” formada, según Santander, por muchos amigos del Libertador con algunos capitalistas extranjeros. En esa oportunidad Santander pidió a Bolivar que “consintiese en que se pusiese” su nombre “en la asociación como protector de la sociedad”, pues, le parecía y era opinión de los secretarios que el nombre de Bolivar “como protector daría una reputación grande” a la empresa y esta “se facilitaría más”. Es interesante anotar que Santander, al escribir todo lo anterior a Bolívar, agregó textualmente: “Como usted ha tomado tanto interés en la apertura de un canal, o mejor, en la comunicación de los dos mares, yo he pensado que esta ocasión pudiera ser favorable a las vastas miras de usted en el particular”.
Bolívar, sin embargo, dio una lección de propiedad administrativa a Santander, al contestarle diciendo: “He visto la carta de usted en que me propone sea yo el protector de la compañía que se va a establecer para la comunicación de los dos mares por el Istmo. Después de haber meditado mucho cuanto usted me dice, me ha parecido conveniente no solo no tomar parte en el asunto, sino que me adelanto a aconsejarle que no intervenga usted en él. Yo estoy cierto que nadie verá con gusto que usted y yo, que hemos estado y estamos a la cabeza del gobierno, nos mezclemos en proyectos puramente especulativos y, nuestros enemigos, particularmente los de usted, que está más inmediato, darían una mala interpretación a lo que no encierra más que el bien y la prosperidad del país. Esta es mi opinión con respecto a lo que usted debe hacer y, por mi parte, estoy bien resuelto a no mezclarme en este negocio ni en ningún otro que tenga un carácter comercial”.
La respuesta anterior dio lugar, como era de esperar, a la suspensión del proyecto, pues, Bolivar no estaba de acuerdo con él “por un principio de excesiva, aunque justa delicadeza”, para utilizar las mismas palabras de Santander, al calificar el criterio expuesto por el Libertador y que el vicepresidente, desde luego, aceptó. Más volviendo al interés de Bolivar por la apertura de un canal interoceánico a través del Istmo de Panamá, tal interés pone a si mismo de manifiesto que no fueron meras palabras sus constantes alusiones a la magnífica función geográfica del Istmo. Todo lo contrario. Él realimente sentía, sospechaba y preveía el excelso destino que el futuro depararía a quien poseyera el Istmo de Panamá y abriera un canal por sus entrañas, todo lo cual viene a constituir un mentís para aquellos que han equivocadamente afirmado que Bolívar pretendió enajenar el Istmo de Panamá. IV. Existen, además, otras circunstancias que deben ser tenidas en cuenta al interpretarse la Carta a Hyslop. Y esas circunstancias no son otras que los hechos muy significativos, por cierto, de que en la misma época en que Bolívar escribió acerca de entregar al gobierno británico las provincias de Panamá y Nicaragua, el estuviese pensando en el Istmo de Panamá para sede de su Congreso Anfictiónico y creyendo que los estados de Panamá hasta Guatemala formarían quizás una asociación.
En efecto, ya hemos visto que la carta a Hyslop fue fechada en Jamaica el 11 de mayo de 1815. Ahora bien: Tres meses y dieciocho días después, en su conocida “Carta de Jamaica”, Bolívar al hablar de su “idea grandiosa” de “pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo”, piensa en Panamá para sede de su proyectado Congreso Anfictiónico, que en ese entonces comenzaba a revolotear por su cerebro, al expresar: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra generación”.
Además de esto, al referirse a la magnífica posición geográfica de Centroamérica, entre los dos grandes mares, agregó: “Los estados del Istmo de Panamá hasta Guatemala formarán quizás una asociación”.
En otros términos, absurdo, por decir lo menos, habría sido que Bolívar estuviese pensando en el Istmo de Panamá para sede de su Congreso Anfictiónico y creyendo que el Istmo de Panamá hasta Guatemala quizás formaría una asociación, de haber estado proyectando, al mismo tiempo, transferir la soberanía de Panamá y Nicaragua a la Gran Bretaña.
Nombre: Julio E. Linares
Ocupación: Diplomático y político. Profesó la cátedra de Derecho Internacional Público en la Universidad de Panamá, donde fue secretario,vicedecano y decano interino. Fue diputado a la Asamblea Nacional, miembro principal del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores, presidente de la Junta Directiva del Instituto de Vivienda y Urbanismo y de la Junta de Control de Juegos, ministro Consejero de la Delegación Permanente de Panamá ante la O.N.U., gobernador de Panamá ante el Banco Mundial, representante titular de Panamá ante el Consejo Interamericano Económico y Social, y ante la V Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, donde fue electo presidente de la misma. Fue ministro de Relaciones Exteriores, ministro de Hacienda y Tesoro y Ministro Interino de Trabajo y Bienestar Social. Socio del Bufete de Abogados Tapia, Linares y Alfaro, Presidente del Club Unión, presidente del Partido Nacionalista, secretario General del Instituto Hispano-Luso-Americano de Derecho Internacional, miembro del International Law Association, de The American Society of International Law, de la Academia Panameña de Derecho, del Colegio Nacional de Abogados, del Instituto Panameño de Cultura Hispánica, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, del Instituto Latinoamericano de Estudios Avanzados, de la Academia Panameña de la Historia, de la Asociación Argentina de Derecho Internacional, del Club Activo 20-30 de Panamá y del Club Kiwanis de Panamá. Obras: La Casación Civil en la Legislación Panameña (1968), Derecho Internacional Público (1977), Tratado concerniente a la Neutralidad Permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá (1983) y Enrique Linares en la Historia Política de Panamá (1869-1949) - Calvario de un pueblo por afianzar su soberanía (1989).