Colón: conflictos y tensiones urbanas en una ciudad -puerto

  • 01/08/2026 00:00
Colón se consolidó en el siglo XIX como un nodo estratégico del comercio mundial, aunque su modernización convivió con conflictos, enfermedades, violencia e incendios

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Luego del impulso inicial que representó la construcción simultánea del ferrocarril, la infraestructura y el puerto de la ciudad de Colón entre 1850–1855, se dieron diversas oleadas que fueron consolidando su estructura y, sobre todo, su vinculación con el comercio, las comunicaciones y la geopolítica global. Esta evolución fue reseñada por periódicos como The New York Times y La Estrella de Panamá, lo que reflejaba la urgencia e importancia de los acontecimientos que ocurrían en Colón, para los comerciantes e inversionistas en ciudades como Nueva York, Hamburgo o Liverpool.

El alto nivel de modernización logística convirtió a Colón en la principal antena receptora de noticias globales para el Istmo, gracias a la conjunción del ferrocarril, el telégrafo y los vapores correos. La Estrella de Panamá, en una publicación de 1881, afirmaba que, “la importancia de estos medios radicaba en que reducían drásticamente el aislamiento de las repúblicas hispanoamericanas y permitían a los mercados locales y a los directivos de la Compañía del Canal mantener un contacto casi instantáneo y un flujo continuo de provisiones, maquinaria y personal con las grandes metrópolis de Europa y los Estados Unidos”.

A pesar de estas señales de progreso y modernidad, Colón se debatía entre sus conflictos internos. De acuerdo con crónicas del NY Times de entre 1874 y 1885, “para los turistas que llegaban por mar en la década de 1870, la ciudad presentaba inicialmente una vista atractiva gracias a su frondosa vegetación tropical y a las imponentes oficinas, almacenes y extensos muelles de la Panama Railway Company y la Pacific Mail Steamship Company”.

Este recuento continuaba señalando que, “al adentrarse en la urbe, los visitantes se topaban con un ambiente denso y palúdico, dominado por el hedor de ciénagas, charcos estancados e infraestructuras sumamente precarias. En los sectores más humildes, habitados predominantemente por trabajadores antillanos y peones, las viviendas eran descritas como endebles estructuras de madera que se alzaban sobre el pantano (...), las cuales un cronista describió como de un “aire de incomodidad verdaderamente abrumador”.

El juego, las apuestas y la lotería fueron otro mal crónico y social que afectaba a Colón. A pesar de ser actividades reguladas, -ya que el derecho para operar este tipo de negocios se subastaba públicamente de forma anual-, “el juego se consolidó como una de las fuerzas más destructivas para (...) la economía local de Colón y sus alrededores”, ya que los trabajadores dejaban todo su salario en estos locales los “días de pago del canal”, de acuerdo con lo reseñado en 1897 por el NY Times. No obstante, del percibido daño social, el gobierno obtenía grandes beneficios económicos al autorizarlo y manejarlo como un monopolio público.

Colón era abatido también por la criminalidad y las enfermedades tropicales. Pero realmente son tres los eventos que marcaron la vida en Colón en la segunda mitad del siglo XIX: el inicio de las obras del Canal Francés (1881), la revuelta de los jamaiquinos (1881) y la revuelta de Pedro Prestán (1885), y los incendios que consumieron grandes sectores de la ciudad.

Con el inicio de las obras del Canal francés (1881), la población de Colón pasó de 1,500 a los 15,000 habitantes. De acuerdo con La Estrella de Panamá, “la llegada de los ingenieros franceses causó un impacto socioeconómico inmediato en la zona del tránsito (...). La afluencia de personal extranjero desató una ‘huelga de propietarios’ en las ciudades terminales. Los dueños de viviendas y hoteles elevaron los alquileres a precios exorbitantes (...)”.

Como medida de contingencia, la Compañía del Canal contrató a la firma H. B. Slaven & Co., de San Francisco, California, para la construcción de veinte aldeas de madera a lo largo de la línea por un costo aproximado de 1,000,000 de pesos. Estas estructuras prefabricadas incluirían hospitales, herrerías y viviendas suficientes para ingenieros y trabajadores, mitigando la dependencia habitacional local.

La primera alteración significativa al orden público fue el violento motín que estalló en la población de Monkey Hill, en las inmediaciones de Colón, en julio de 1881. El origen del conflicto radicó en el subarrendamiento de tierras pertenecientes al Ferrocarril de Panamá por los señores Frank Brothers, a un grupo de cultivadores jamaiquinos con la condición de que estos les vendieran su cosecha de plátanos a precios previamente acordados.

Sin embargo, los cultivadores decidieron rebelarse, negándose a pagar sus rentas y exigiendo arbitrariamente un precio no menor a $1.00 por racimo. La crisis detonó el 4 de julio de 1881, con la llegada del vapor inglés Edith Godden y el intento de uno de los subarrendatarios de embarcar los plátanos sin pagarle a los Frank Brothers. En medio de la refriega, soldados enviados por el alcalde de Colón dispararon a un trabajador antillano, quien murió. Una turba de 300 a 400 jamaiquinos marchó a Colón, profiriendo amenazas. Durante la noche, las autoridades locales lograron calmar la agitación, y posteriormente capturaron a unos doce promotores de los disturbios.

En lo que respecta a la revuelta de Pedro Prestán de 1885, la misma fue el resultado de tensiones acumuladas debido a la crisis política de Colombia, el rechazo al centralismo de Rafael Núñez, y la defensa armada de la federalista Constitución de Rionegro de 1863 por parte de los liberales en el istmo. A esto se le sumó la ocupación de la ciudad de Colón por parte de soldados norteamericanos con el fin de asegurar el libre tránsito por el istmo, de acuerdo con lo establecido en el Tratado Mallarino–Bidlack, acto que fue visto por parte de los liberales como una violación a la soberanía.

Esta revuelta terminó en uno de los múltiples incendios que afectaron la ciudad durante el siglo XIX. Así tenemos, el mencionado incendio de 1885, que destruyó gran parte de la ciudad; el incendio de 1890 que consumió 150 edificios comerciales e institucionales de la zona de Front Street; y los incendios de 1894 y 1896, este último que destruyó unas 90 viviendas.

La volátil situación de Colón contrasta con reseñas publicadas en el ‘Directorio de la ciudad de Panamá’ (1898), el cual describía una situación de dinamismo económico debido a “la presencia de diversas casas comerciales, agencias internacionales y establecimientos de primera clase”. Tal contradicción se puede explicar a la luz de dos elementos centrales: las implicaciones del desarrollo de nodos comerciales durante la primera globalización, y las características propias del expansionismo norteamericano.

Desde la perspectiva de la evolución de la primera globalización, la situación descrita en la ciudad de Colón es congruente con su condición de ciudad global, en la cual se da el desarrollo de infraestructura de clase mundial como plataforma para el comercio y las comunicaciones, mientras se mantienen situaciones de atraso y abandono de las necesidades locales.

De igual forma, y aún con sus características tropicales, Colón compartía con los asentamientos mineros californianos una infraestructura frágil y vulnerable a incendios devastadores por sus edificaciones de madera, una economía del vicio dominada por casas de apuestas que absorbían los salarios de los trabajadores, una alta tasa de criminalidad y violencia, y una población heterogénea y flotante sin una cohesión comunitaria consolidada.

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