Sobrevivir para cantarlo

‘ Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea, hablabas tan valiente y dulcemente...’. El compositor canadiense Leonard Cohen se movía en...

‘ Te recuerdo claramente en el Hotel Chelsea, hablabas tan valiente y dulcemente...’. El compositor canadiense Leonard Cohen se movía en la atmósfera de la Nueva York de los años sesentas como un insecto nadando en licor, sus antenas recogiendo escenas y vibraciones de las que más adelante surgirían versos, estrofas de canciones. Había buscado hospedaje en el Hotel Chelsea, ubicado en la calle 23 con la esperanza de toparse con la actriz Brigitte Bardot. Cada vez que se abría la puerta de el ascensor y él se encontraba adentro cerraba los ojos. Las fosas nasales de su prominente nariz (Cohen nació en 1934 en el seno de una familia judía de clase media en Montreal) se abrían anticipando la fragancia de la actriz. No obstante, nunca se encontró con la diva. La que sí salió al encuentro de sus ojos penetrantes fue Janis Joplin.

‘Volviste a decirme que preferías hombres bien parecidos pero que por mí harías una excepción...’. A pesar del aspecto de seductor derrotado de Cohen y de las greñas y del aliento alcohólico de Joplin, la atracción fue inmediata. ‘Te arreglaste un poco y dijiste: ‘No importa, somos feos, pero tenemos la música’’.

Antes de que terminarán de subir al piso del músico habían tomado la decisión de pasar la noche juntos, una experiencia que Cohen plasmó en la canción ‘The Chelsea Hotel’: ‘... Hablabas tan segura y dulcemente, haciéndome sexo oral sobre la cama deshecha mientras en la calle esperaban las limosinas’. La vida de un ‘rock star’ al descubierto.

ENTRE EL ZEN Y EL ROCK

Esta peculiar mezcla de lirismo, humor, desenfado y honestidad se encuentra presente en la mayoría de las grandes canciones del poeta, novelista y cantautor Leonard Cohen. Durante más de 40 años de trayectoria musical -su primer disco, ‘Songs of Leonard Cohen’, fue lanzado en 1968- ha sabido fusionar en sus letras lo sagrado con lo mundano. ‘Escuché que había un acorde secreto que David tocaba para complacer al Señor, pero a ti no interesa mucho la música, ¿o sí?’. En la primera estrofa de ‘Hallelujah’ (un tema que ha sido interpretado por diferentes artistas, entre ellos Bon Jovi) Cohen nos revela un imaginario en la que mezcla referencias bíblicas con un lenguaje coloquial, con estrofas que parecen destinadas a un ser amado, a la mujer que lo amarra ‘a la silla de la cocina, rompe tu trono y te corta el cabello, y de tus labios extrae: ‘¡Aleluya!’’. Se trata de una canción cuyas letras rebosan espiritualidad, a pesar de la fusión profana de personajes y términos extraídos de la Biblia con versos permeados de una velada sensualidad. De sus letras se desprende una sensación de totalidad, de acople casi perfecto entre los opuestos.

En el caso de Cohen la inspiración bíblica se podría explicar etimológicamente. Su apellido, el cual heredó de su padre Nathan -un propietario de una tienda de corte y confección que falleció cuando el joven autor alcanzó la edad de nueve años- significa ‘sacerdote en hebrero’.

Ya fuera predestinado por el apellido familiar o para escapar de las presiones de la industria del espectáculo, en 1994, después de la promoción del álbum The Future, el vocalista se retiró a un monasterio budista en Mount Blady, un centro de meditación ‘zen’ ubicado cerca de Los Àngeles. Su aspecto físico era deplorable, al igual que su voz. La resaca vital le pasaba factura al escritor y cantante.

En 1996 el artista es ordenado como monje, con el nombre de Jikan Dharma, que significa ‘El silencioso’. Su estancia en Mount Blady finaliza en 1999, culminando lo que podría definirse como una cura de desintoxicación del mundo de la producción musical, una de las que lo han hecho alejarse de su público precisamente cuando goza de mayor popularidad. Son cinco años durante los cuales Cohen no escribe ninguna canción. Algunos de sus más fieles seguidores pensaron que su carrera musical había llegado a su fin.

POETA INFILTRADO EN LA ESCENA MUSICAL

Durante su adolescencia Cohen comenzó a expresar sus inquietudes musicales tocando guitarra y formando los ‘Buckskin Boys’, un grupo de música country-folk.

Entre los años 1956 y 1957 estudió en la Universidad de Columbia en Nueva York, siguiendo los pasos del español Federico García Lorca, uno de los vates que más ha influenciado su obra. Su debut como poeta sería en 1956, con la publicación de Let Us Compare Mythologies. Después de la aparición del poemario The Spice Box of Earth, se instala en la isla de Hydra en Grecia para después retomar su actividad literaria con Flores para Hitler. A este poemario le siguieran las novelas The Favourite Game (1963) y Beautiful Losers (1966).

Posteriormente el intérprete se mudó a Estados Unidos, donde comienza a participar en los festivales de música ‘folk’. Firma un contrato con Columbia Records (que actualmente es una subsidiaria de Sony) y lanza su disco debut. El mismo contienen una versión de ‘Suzzane’, uno de sus primeros éxitos, un tema que mezcla la emoción romántica con la meditación religiosa, una fórmula que repetirá en el futuro. El título de la canción hace referencia a Suzanne Verdal, la vieja esposa de un amigo íntimo, el escultor Armand Vaillancourt.

A principios de los setenta presenta Songs Of Love And Hate , su tercer álbum de estudio. El disco contiene temas como ‘Avalanche’ y ‘Famous Blue Raincoat’, que Cohen escribió como si fuera una carta destinada a un amigo suyo con quien su esposa le fue infiel: ‘Que te puedo decir mi hermano, mi asesino... Supongo que te echo de menos, supongo que te perdono... Debes saber que tu enemigo está dormido y que su mujer es libre’.

En 1984 Columbia se rehusa a lanzar su cuarto álbum, intitulado Various Positions en los Estados Unidos, donde Cohen ha tenido siempre un éxito mucho menor que en Europa y Canadá. Cuatro años más tarde el escritor alcanza su cenit creativo con I am your man. El disco contiene temas como ‘Tower Of Song’, ‘I ‘m Your Man’, ‘Everybody Knows’ (Todo el mundo sabe que has sido fiel, quitando o poniendo una noche o dos...) y ‘First We Take Manhattan’. La letra de esta melodía representa una reivindicación de la obra de Cohen y un ajuste de cuentas a Sony, que no quería en un primer momento producir el disco, tras veinte años de contrato con el canadiense: "Me sentenciaron a veinte años de aburrimiento, por tratar de cambiar el sistema desde dentro. Ahora vengo a recompensarles".

En el 2001 Cohen rompe su silencio como compositor, tras una estancia de varios años en un monasterio budista. Ese año publica Ten New Songs, al que le seguirá Dear Heather, en el 2004.

SIN DINERO EN ‘LA TORRE DE LA CANCIÓN’

En el 2005 lleva a su antigua representante, Kelley Lynch, a los tribunales, por el desvío de fondos (5 millones de dólares). En marzo de 2006, Cohen obtiene una sentencia a su favor, pero Lynch la ignora y se da a la fuga con los ahorros del vocalista.

Para recuperarse de este desastre financiero, el músico retorna, a sus 73 años, a los escenarios mundiales. Es recibido por su público como una especie de hijo pródigo que retorna a casa, a pesar del elevado precio de los recitales. Al año siguiente sale a la venta el DVD Live in London, que recoge la grabación de uno de los conciertos de esta gira. Son presentaciones en las cuales Cohen conduce a su audiencia a través de un viaje por un repertorio pletórico en letras entrañables.

Su obra literaria fue reconocida el pasado mes de octubre cuando se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras. Lo recibió como ha recibido y ha dado todo en su vida, con humor y humildad, una humildad inesperada en un hombre que se ha llevado a la cama a Janis Joplin y a Rebecca De Mornay, una hombre que, a pesar de los altibajos amorosos y financieros, se ha convertido en una leyenda de la canción.

El próximo 31 de enero tendrá lugar el lanzamiento de ‘Old Ideas’, su álbum número 12 después de haber firmado con Columbia Records en 1967 y el primero con material nuevo después de ocho años. Serán ‘Viejas ideas’ seguramente expresadas con el lirismo y con la honestidad brutal que caracterizan su música, una honestidad que es capaz de erizar la piel al reconocer en otra alma los pecados que cargamos en silencio, los pecados que no nos atrevemos a confesarnos a nosotros mismos.

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