Crear para respirar: el auge de los hobbies manuales en tiempos de pantallas

  • 01/08/2026 00:00
En una sociedad marcada por la hiperconectividad y el ritmo acelerado, cada vez más personas encuentran en actividades como la cerámica, el tejido o la pintura una forma de reconectar consigo mismas y cuidar su bienestar emocional

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Vivimos conectados prácticamente todo el día. El celular suele ser lo primero que muchas personas revisan al despertar y lo último antes de dormir. Entre reuniones virtuales, redes sociales, mensajes, notificaciones y jornadas laborales frente a una computadora, encontrar un momento de pausa parece cada vez más difícil.

En medio de esa realidad, las actividades manuales viven un renovado protagonismo. Talleres de cerámica, pintura, crochet, tejido, bordado y otras expresiones creativas han comenzado a llenar sus cupos con personas que buscan algo más que aprender una nueva habilidad. Detrás del barro, los pinceles o las agujas existe una necesidad cada vez más evidente: bajar el ritmo. Lejos de tratarse de una tendencia pasajera impulsada por redes sociales, especialistas consultadas por La Estrella de Panamá consideran que el crecimiento de estos hobbies responde a una transformación en la manera en que muchas personas buscan cuidar su salud mental en un contexto dominado por la sobreestimulación digital.

El cansancio de vivir conectados

Para la psicoterapeuta cognitivo-conductual Gabriela Zelaya, el auge de estas actividades no es casualidad. “Estamos viviendo en una época donde nuestra atención se ha convertido en un recurso constantemente demandado. Desde que despertamos hay notificaciones, mensajes, videos de pocos segundos e información que consumimos casi de forma automática. Nuestro cerebro rara vez tiene la oportunidad de descansar”, explicó.

En consulta, asegura que observa un patrón repetitivo entre muchos de sus pacientes. “Muchas personas no están buscando aprender cerámica o pintura. En realidad están buscando un espacio donde su mente deje de correr por unos minutos.”

Según Zelaya, los hobbies manuales obligan a desacelerar, permanecer en el presente y tolerar el silencio, tres elementos que cada vez resultan más escasos en la vida cotidiana. Además, representan una oportunidad para recuperar una experiencia que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo.

“También creo que hay un deseo de volver a experimentar algo que hemos ido perdiendo: crear con nuestras propias manos. En un mundo donde casi todo es inmediato y digital, hacer algo que requiere tiempo, paciencia y presencia tiene un valor profundamente reparador. Es una forma de reconectar con uno mismo.”

Descansar sin sentir culpa

Para la especialista, uno de los cambios más importantes ocurre en la manera en que las personas entienden el descanso. “Hemos normalizado la idea de que todo momento debe ser productivo y que nuestro valor depende de cuánto hacemos. Un hobby rompe con esa lógica. Nos recuerda que también somos personas que necesitan jugar, explorar, equivocarse y disfrutar sin que todo tenga un objetivo económico o un resultado perfecto.”

Zelaya señala que muchas personas experimentan una disminución del estrés mientras realizan este tipo de actividades porque concentran su atención en una sola tarea. “Cuando una persona está ansiosa, su mente suele estar enfocada en aquello que todavía no ocurre. Cuando está estresada, siente que todo demanda una respuesta inmediata. Los hobbies manuales cambian ese ritmo porque obligan al cerebro a concentrarse en una sola tarea y seguir un proceso paso a paso.”

Ese cambio favorece la regulación del sistema nervioso. “Muchas personas sienten que ‘respiran diferente’ mientras pintan o modelan arcilla, y no es solo una percepción. El cuerpo realmente comienza a relajarse.”

El arte como herramienta para el bienestar

La psicoterapeuta y arteterapeuta Stephanie Ottati coincide en que el fenómeno responde a una necesidad de equilibrio frente al estilo de vida actual. “Creamos una rutina caracterizada por la hiperconectividad, la inmediatez y una alta demanda de productividad. Lo que más observo en mi práctica profesional son personas que pasan gran parte de su día frente a una pantalla resolviendo problemas desde lo cognitivo, pero con poco espacio para conectar con sus emociones y con su cuerpo.”

Desde su experiencia, las actividades creativas ofrecen justamente lo contrario.

“Invitan a disminuir el ritmo, concentrarse en el momento presente y experimentar una sensación de presencia. No requieren producir algo perfecto; permiten fallar, disfrutar del proceso, siendo el resultado una consecuencia y no el centro de la actividad.”

Ottati desarrolló en 2023 una investigación en la Universidad Interamericana de Panamá sobre arteterapia y ansiedad en estudiantes universitarios. Los resultados mostraron una reducción en los niveles de ansiedad, particularmente en la ansiedad estado, aquella relacionada con situaciones de estrés inmediato.

“La creación artística facilitó la reflexión, fortaleció el autoconocimiento y promovió una mayor sensación de bienestar y autoeficacia. El arte funcionó como un puente entre la experiencia emocional y la posibilidad de comprenderla y transformarla.”

Hobby artístico no es lo mismo que arteterapia

Aunque ambas experiencias pueden favorecer el bienestar emocional, Ottati aclara que no deben confundirse. “Un hobby artístico tiene como objetivo principal el disfrute, el aprendizaje o la recreación. Puede reducir el estrés, fomentar la creatividad y generar satisfacción personal.”

En cambio, explica que la arteterapia constituye una intervención clínica dirigida por profesionales especializados. “La creación artística no se evalúa por su calidad estética, sino como un medio para explorar emociones, fortalecer recursos personales y acompañar procesos de cambio psicológico.”

Un fenómeno que también se vive en Panamá

Ese interés por volver a crear con las manos también se refleja en espacios creativos que han surgido en el país. Uno de ellos es Espacio Materia, un estudio artístico que, además de funcionar como taller para sus fundadores, se ha convertido en un punto de encuentro para personas interesadas en aprender cerámica, pintura, bordado, collage y otras disciplinas creativas.

El proyecto nació en febrero de 2022 con el propósito de contar con un lugar para desarrollar procesos artísticos propios. Sin embargo, con el paso del tiempo, abrió sus puertas a la comunidad y comenzó a ofrecer talleres, clubes de lectura, exposiciones y actividades culturales dirigidas tanto a principiantes como a artistas.

“Espacio Materia nace por la necesidad de tener un lugar para nuestro proceso creativo. A lo largo de estos años hemos logrado que sea un lugar muy personal e íntimo que nos facilita el proceso de creación artística”, explican sus fundadores.

Desde el estudio aseguran que el interés por este tipo de actividades ha crecido de manera evidente durante los últimos años. “Sí, sin duda. Hay un deseo profundo de volver a lo tangible. El taller es un refugio para desconectarse del ruido digital y despertar la creatividad dormida. Sentir la arcilla húmeda, trazar una pincelada o crear texturas hilo a hilo es una meditación activa que sana”, señalan.

Para ellos, no solo se trata de aprender una técnica artística. Lo que observan con frecuencia es que muchas personas llegan buscando un espacio diferente al que encuentran en su rutina diaria. “Es hermoso ver a alguien llegar estresado y salir en calma, orgulloso de haber creado algo con sus propias manos. Eso nos demuestra que el arte es vital: nos devuelve al presente y nos recuerda nuestra propia magia.”

A juicio de Espacio Materia, los talleres creativos se han convertido en una alternativa para quienes desean hacer una pausa frente a la sobrecarga digital.

“En un mundo donde pasamos gran parte del día frente a una pantalla, los espacios creativos cobran un valor especial. Actividades como la cerámica, el bordado o la pintura invitan a bajar el ritmo, conectar con el momento presente y disfrutar del proceso de crear con las manos. Son lugares de encuentro, aprendizaje y expresión que contribuyen al bienestar emocional y ofrecen una forma diferente de desconectar de la rutina diaria.”

Los responsables del espacio consideran que el creciente interés de las nuevas generaciones por actividades tradicionalmente asociadas con otras épocas tiene una explicación clara.

“Las nuevas generaciones han crecido con pantallas y con lo intangible. La hiperconectividad tiene el efecto de saturarnos de información digital, y el ser humano tiene la necesidad de crear cosas tangibles. El contacto con la materia física y ver cómo esa materia se transforma gracias al hacer con las manos nos conecta con nuestra humanidad y nuestra imperfección. Y hacerlo en espacios compartidos nos reconecta con la comunidad.”

Afirman que esa necesidad de crear, compartir y detenerse queda en evidencia en cada uno de los talleres que realizan, donde personas de distintas edades encuentran un momento para desconectarse del ritmo acelerado y reconectar con ellas mismas a través del arte.

Las manos que encontraron calma

Andrea, de 29 años, trabaja en marketing digital. Su jornada transcurre entre reuniones virtuales, métricas, redes sociales y una bandeja de entrada que parece no vaciarse nunca. Hace un año y medio decidió inscribirse en clases de cerámica.

“Al principio pensé que era solo un hobby bonito. Pero después de unas semanas noté que los días en que iba al taller dormía mejor. Mi mente dejaba de dar vueltas. Mientras estaba con la arcilla no pensaba en los pendientes ni en los mensajes. Solo estaba ahí, con las manos sucias, concentrada en que la pieza no se rompiera.”

Hoy asiste dos veces por semana. “No busco que mis piezas salgan perfectas. Busco ese momento en que el tiempo se siente diferente. Es como si por un rato pudiera respirar de verdad.”

Su experiencia refleja una sensación que muchas personas describen cuando encuentran un espacio creativo: durante unas horas, el cuerpo y la mente vuelven a coincidir.

Más allá de una tendencia

Diversos organismos internacionales también han observado el impacto positivo de las actividades artísticas sobre la salud.

La Organización Mundial de la Salud sostiene que las artes pueden contribuir a la promoción de la salud, el bienestar emocional y el manejo de diversas enfermedades. Una revisión realizada por el organismo, que analizó más de 3,000 estudios, encontró evidencia de que las actividades artísticas favorecen la prevención, el tratamiento y la recuperación en distintos ámbitos de la salud física y mental.

Por otra parte, un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que quienes destinan más de cinco horas diarias de su tiempo personal al uso de pantallas presentan mayores probabilidades de reportar bajo bienestar mental y menor satisfacción con la vida que quienes mantienen un uso moderado.

Para Zelaya, la verdadera razón detrás de este fenómeno es mucho más profunda que una simple moda.

“Creo que, en el fondo, muchas personas están buscando volver a sentirse en paz consigo mismas. Vivimos en una sociedad que constantemente nos dice que hagamos más, produzcamos más y comparemos más. Como consecuencia, muchas personas sienten que nunca es suficiente.” La especialista considera que los hobbies manuales representan justamente ese espacio donde la exigencia disminuye.

Tal vez el auge de la cerámica, el tejido, la pintura o el crochet no hable únicamente del regreso de las manualidades. También refleja una necesidad cada vez más evidente: encontrar espacios para detenerse, crear y cuidar la salud mental en un mundo que pocas veces invita a bajar el ritmo.

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