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De la adversidad al aprendizaje: la lección detrás de ‘Ben and the Shoelace Challenge’
- 04/09/2026 00:00
En una época marcada por la inmediatez y las soluciones instantáneas, el acto cotidiano de atarse los cordones de los zapatos se ha convertido en una metáfora perfecta del aprendizaje contemporáneo. Lo que para algunas generaciones anteriores era un hito habitualmente superado a temprana edad, hoy representa para muchos niños y familias un auténtico desafío.
Otros retos que aparecen en la etapa formativa de la infancia son aquellos relacionados con la incomprensión de las matemáticas a medida que estas se vuelven más complejas a medida que el alumno avanza en su etapa escolar, o bien la timidez y el nerviosismo que algunos alumnos experimentan al realizar una presentación al resto de sus compañeros de clase.
Para abordar esta realidad, la educadora y autora Shahnaz Bhana, con más de 17 años de trayectoria en la docencia, ha presentado recientemente en la Feria Internacional del Libro su propuesta literaria en idioma inglés ‘Ben and the Shoelace Challenge’ (‘Ben y el reto de atarse los cordones de los zapatos’, en inglés).
La obra surge directamente de la experiencia viva en las aulas de Bhana. Según explica la autora, el entorno académico le brinda diariamente un lienzo lleno de anécdotas, emociones y retos evolutivos que experimentan los más pequeños. No obstante, la decisión de plasmar estas vivencias en un libro infantil ilustrado en inglés también responde a una necesidad práctica identificada en el mercado educativo local: la escasez de literatura en ese idioma que combine la enseñanza lingüística con herramientas sólidas de aprendizaje socioemocional y de desarrollo del pensamiento crítico.
“Pienso que estamos criando a generaciones resilientes ante los retos que propone la vida. Si bien es cierto que hay todo tipo de contextos, soy optimista y pienso que si no aprenden sobre ello en la casa, lo aprenderán en el colegio. Retar a los niños es importante para que puedan superar los obstáculos”, aseguró.
Durante la dinámica conocida como ‘circle time’ (tiempo del círculo, en inglés) —el momento en que los alumnos se sientan juntos en la alfombra para escuchar una lectura guiada en el salón de clases—, el cuento deja de ser un mero entretenimiento lúdico para transformarse en un vehículo pedagógico. En este sentido, el libro de Bhana busca incentivar a los niños a formularse preguntas sobre lo que les rodea, verbalizar sus inseguridades y cuestionar sus propios límites.
En este contexto, la trama del libro se enfoca en un obstáculo cotidiano pero profundo: la dificultad para atarse las agujetas de los zapatos.
Cuando los niños que no han superado esta etapa se comparan con compañeros que lo logran sin esfuerzo aparente, suelen surgir sentimientos de inferioridad, frustración y rechazo hacia la tarea que necesitan practicar como parte de su etapa de vida. Es ahí donde la historia cobra vida a través de Ben, su pequeño protagonista, quien atraviesa exactamente por ese proceso de duda y superación personal mientras intenta una y otra vez atarse los cordones de los zapatos.
El pilar conceptual que sostiene la obra proviene de las investigaciones de la psicóloga de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), Carol Dweck, pionera en la teoría de la mentalidad de crecimiento. La narrativa del libro introduce a los jóvenes lectores el concepto del ‘poder del todavía’ (‘the power of yet’, en inglés). Un concepto que Bhana examinó mientras estudiaba su maestría.
En la historia, es la abuela del protagonista quien le enseña este principio clave. Al representar la sabiduría de las generaciones mayores, la figura materna le muestra a Ben que la incapacidad momentánea no define sus límites futuros. La premisa es simple pero transformadora: reemplazar un categórico ‘no sé’ por un reflexivo ‘no sé todavía’.
“El uso del ‘todavía’ transforma el fracaso en un aprendizaje. Al añadir esa palabra a nuestro pensamiento, decimos: ‘No sé amarrarme los cordones todavía, pero con práctica y esfuerzo lo puedo lograr’. Ben sigue intentándolo; no lo logra a la segunda ni a la tercera, pero continúa practicando hasta que un día lo consigue”, sostuvo.
Esta pequeña adición lingüística altera radicalmente la percepción del fallo. El error deja de ser una prueba de incapacidad para convertirse en un escalón necesario hacia el dominio de una habilidad. Ben no logra atarse las agujetas ni al segundo ni al tercer intento; debe practicar repetidamente hasta que su cerebro, funcionando como un músculo que se fortalece con el ejercicio, consolide el aprendizaje.
La aplicación de este concepto trasciende la simple acción motora de amarrarse el calzado. En asignaturas consideradas tradicionalmente complejas, como las matemáticas o las ciencias, la mentalidad fija puede llevar a un alumno a concluir tempranamente que ‘no es bueno para la materia’. La intervención oportuna bajo el enfoque del ‘todavía’ evita que el estudiante desarrolle una aversión permanente hacia el aprendizaje académico.
Este cambio de mentalidad coincide con una transformación en el paradigma pedagógico global, visible en escuelas que implementan marcos educativos como el Bachillerato Internacional, el cual toma en cuenta el respeto que se debería tener por las distintas personalidades, ritmos de aprendizaje y estilos de procesamiento emocional de los alumnos. Es así que el aula de clases se concibe como un espacio seguro donde el error es bienvenido y analizado como parte natural del crecimiento intelectual.
La obra no está dirigida únicamente al público infantil; constituye también una guía indirecta para los padres de familia y cuidadores. El mensaje principal que la autora busca transmitir a los adultos es la importancia de permitir que los niños se equivoquen y experimenten el proceso completo de resolver sus propios problemas, subrayando que los errores son oportunidades para alcanzar el éxito.
Cultivar el talento y la autonomía requiere tiempo, paciencia y, sobre todo, confianza en las capacidades del niño. Al permitir que los más pequeños enfrenten retos acordes a su edad y al acompañarlos con un lenguaje que fomente la perseverancia, se sientan las bases para formar adultos seguros, capaces de afrontar los desafíos del mañana con la certeza de que cualquier habilidad se puede alcanzar mediante la práctica y el esfuerzo constante.
“Los padres tienen que dejar que sus hijos cometan errores; está bien equivocarse. Hay que explicarles que los errores son simplemente oportunidades para aprender. El talento se cultiva con el tiempo y con la práctica. Crean en sus hijos”, concluyó la autora.