‘Dos Hitleres’

Dos personajes son el centro del documental de la realizadora uruguaya Ana Tipa. Ellos le dan ritmo y contenido a este documental que es...

Dos personajes son el centro del documental de la realizadora uruguaya Ana Tipa. Ellos le dan ritmo y contenido a este documental que es una exploración novedosa de América Latina. Uno de ellos se llama Hitler Aguirre (1940) y el otro Hitler Ignacio da Silva (1939). Mientras el primero, antiguo simpatizante de los Tupamaros y pequeño comerciante, se jacta de decir que no fuma, no juega y no toma, el segundo, policía retirado, disfruta de la cumbia y de las mujeres. Éste es dadivoso y aquél austero. Son "Dos Hítleres" que viven uno del otro a trescientos kilómetros de distancia: el ex-policía en Artigas, un departamento al Norte de Uruguay, que hace frontera con el Brasil, y el comerciante en el centro del país, una pequeña ciudad, llamada Tacuarembó. En efecto, mientras Hitler Ignacio da Silva, por vivir en el Norte, nos revela más una cultura fronteriza, donde la cumbia y la música gaúcha no conocen límites, Hitler Aguirre, a pesar de su actividad comercial, nos revela más el atavismo de las tradiciones. El documental va narrando contrapunteadamente la vida de estos dos personajes, cuyo nombre de pila es Hitler, por la admiración de sus padres por el dictador. ¿Cuántos no se llamarán así en América Latina? Pero, más que responder a esta pregunta, Ana Tipa nos presenta dos personajes entrañables, contradictorios, que nos provocan reír y pensar por el absurdo y el humor que recorre todo el documental que, en otros términos, nos presenta una recreación del Macondo latinoamericano posguerra fría y posrealismo mágico, pero donde no se trastoca la "realidad" con elementos fantásticos, exóticos, que se han prestado para la colonización interna del continente. El Macondo que describe Ana Tipa es un McOndo —término acuñado por Alberto Fouquet y Sergio Gómez— para describir esa "realidad" latinoamericana que incorpora el impacto de la ciudad y de los medios de comunicación, como es el caso de un niño que, en el documental, se llama Maicol, nombre de un personaje de telenovela. Y estos "Dos Hítleres" nos muestran, en sus espacios respectivos, cómo el Macondo es transformado por el absurdo y por el humor para revelarnos la humanidad de dos personajes, de un continente, que pendula contradictoria y trágicamente entre la "modernidad" y la "tradición", entre la "provincia" y su conexión con el "mundo externo", entre los medios de comunicación y las tradiciones. "Dos Hítleres", en fin, nos presenta a América Latina en su parte más íntima. Adiós al exotismo macondiano.

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