“Para escribir hay que vivir la vida”

  • 09/09/2015 02:00
Sofía Segovia visita Panamá por primera vez para promocionar su segunda novela y de paso contarnos un poco sobre su nueva trayectoria 

Para ser periodista se necesita una cierta disciplina de atenerte a los hechos, que yo no tenía. Me gustaba más fantasear', comenta, entre risas, Sofía Segovia, la escritora regiomontana que nos visitó ayer para presentar su segunda novela en Panamá, El murmullo de las abejas. Siendo de una ciudad industrial como lo es Monterrey, Segovia pensaba que la única manera de dedicarse a escribir era a través del periodismo.

‘No me gustó mucho, aparte de que en México es peligroso ejercer la profesión', advierte. Pero confiesa que desde niña disfrutaba de escribir cuentos y que consumía historias hasta antes de aprender a leer, pues sus hermanos mayores se las contaban.

A pesar de eso, la edad adulta la envolvió, apartándola de ese camino hasta que el cambio de siglo la sorprendió con ganas de regresar a él, pero sin saber cómo. ‘Quise volver a encontrar ese gusto que era tan mío, casi hasta privado…'.

ATREVERSE A SOÑAR

Y por el destino, que funciona de manera curiosa, un día abrió el periódico y se encontró con un anuncio para un taller de creación literaria.

‘Al llegar al taller me preguntaron de qué se trataba mi novela, y se me fue el aire, porque me di cuenta de que… aspiraban a ser novelistas no nada más escritores, y hay una diferencia fuerte entre esas dos actividades'. A partir de ese primer encuentro, acogió el sueño que nunca se había atrevido a tener: ser novelista.

A la siguiente sesión, Segovia llegó con el primer avance de la que sería su primera novela, Noche de huracán , que trata sobre un grupo de gente muy variada que coinciden en Cozumel (México), cuando se aproxima un huracán.

‘El huracán destruye… pero también es una oportunidad para volver a empezar'. La novela le tardó tres años en escribir y cinco más en publicarse. ‘No hubo manera de hacerla llegar a las grandes editoriales de México y que la leyeran', recuerda Segovia.

Y entonces el destino volvió a tocarle la puerta, cuando el gobierno de Monterrey hizo una convocatoria, en busca de talento local. Ella les mandó la novela y en 2010 fue publicada.

Allí fue cuando yo dije, ‘para esto se escribe, para ser leída, no para tener las cosas guardadas... para mí ese fue el gran punto final de esa novela, encontrarme con mis lectores. Me inspiró a sentarme a escribir esta nueva novela que tenía guardada en algún archivo de mi cerebro'.

LOS PERDEDORES CUENTAN

Así nos llega El murmullo de las abejas , otra obra que le tardó tres años a Segovia. En este caso, la autora se remonta a la época de la revolución mexicana pero contándola a través de la experiencia humana de los perdedores.

‘Se trata de la historia de una familia que sufre un momento histórico turbulento', cuenta la escritora, pues a través de sus personajes vivimos la Revolución mexicana y la reforma agraria que tuvo lugar entre 1910 y 1920 en el país. ‘Es una invitación a otro tiempo y otro lugar, a la sensación del ser humano que pasa por una situación difícil… de cómo una guerra pasa por encima de la gente y le quita sus esperanzas... vemos lo que tienen que hacer para levantarse todos los días y seguir con su vida a pesar de todo'.

Así, la escritora intenta contar la versión de la revolución que no se enseña en México.

‘Aquí, el que cuenta la historia es el ganador, pero ¿por qué no hablar del perdedor? En México no se habla sobre ellos, entonces queda una historia coja, incompleta, hueca'.

Todo va mezclado con algo de magia, a través del protagonista, Simonopio. Este es un bebé que llega inesperadamente a la vida de la familia Morales (en cuyas tribulaciones se centra la novela). Pero no es un niño ordinario; viene envuelto en un manto vivo de abejas que lo acompañan por el resto de la historia.

‘Las abejas tienen en Simonopio no solo a alguien que escucha su murmullo, sino que también lo entiende y les hace caso', relata Segovia. ‘Cumplen un papel muy importante… el de salvar la tierra y salvar la vida.'

El protagonista entonces ‘llega a cambiar la historia de la familia que lo acoge y la de toda una región', señala la descripción del libro. ‘Para lograrlo, deberá enfrentar sus miedos, al enemigo que los acecha y las grandes amenazas de la guerra: la influenza española y los enfrentamientos entre los que sesean la tierra ajena y los que protegerán su propiedad a toda costa'.

Simonopio, cuyo nombre viene de las anécdotas del abuelo de la autora, originario de Linares (el escenario central de la historia), invita al lector a ver la vida ‘no solo con los cinco sentidos, sino en todas las dimensiones'.

La novela ‘es una invitación al recuerdo porque, a pesar de que mi abuelo contaba sus anécdotas, nunca contó ese aspecto triste y doloroso de haber dejado la tierra que siempre pensó que le pertenecería y a la que siempre creyó pertenecer', refiere Segovia.

EL PROCESO CREATIVO

Aunque el personaje principal es un hombre, para Segovia no fue desafiante crearlo. ‘Al escribir no estoy pensando en que soy mujer, sino en que soy humana y quiero contar una historia humana'.

En cuanto a los demás personajes, los describe como ‘el símbolo de la gente que vivió la época de la Revolución mexicana con una gran valentía'. También son el instrumento principal de la narrativa. ‘Hay personajes muy fuertes que nos van presentando el ambiente. A través de ellos se logra la novela'.

Y la nueva escritora no se queda quieta, pues de Panamá parte hacia España para seguir promocionando su obra. Además, confiesa que ya está trabajando en la tercera.

Y ¿qué lee? ‘De todo', dice. ‘Puede ser ciencia ficción o fantasía, terror o policíaco, si la historia está muy bien contada, lo voy a disfrutar'.

Sin embargo, a la hora de sentarse a escribir, deja ir lo que ha leído y se enfoca en encontrar su propia voz.

‘No puedo estar acordándome de los grandes escritores ni cuestionándome, ¿qué haría García Márquez o Vargas Llosa en este momento; cómo lo escribiría?', señala. ‘Los autores no podemos permitirnos esto porque entonces no exploramos nuestra propia voz y creo que es a lo que debemos de llegar.'

Tampoco es de las que espera a que le llegue la inspiración para tomar la pluma. ‘Definitivamente se necesita disciplina para escribir. Hay que sentarse todos los días a atrapar la inspiración, para que luego sea la inspiración la que te mantenga atrapado en la silla escribiendo,' indica.

‘Aparte, llevo una vida activa, porque para escribir hay que vivir la vida; sino, ¿de qué se escribe?'

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‘Es una invitación a otro tiempo y otro lugar, a la sensación del ser humano que pasa por una situación difícil... vemos lo que tienen que hacer para levantarse todos los días y seguir con su vida a pesar de todo'

SOFÍA SEGOVIA

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