Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
- 02/04/2017 03:00
Los seres humanos somos aburridos y predecibles. Individualmente podemos hacer cosas inesperadas y asombrosas. Pero en manada somos bichos acefálicos que se guían por la dirección en la que va la gente, igual que el famoso Vicente.
Por eso la historia se repite. Aprendemos en la escuela lo que les pasó a los antiguos pero pensamos, porque somos así de chulos, que esos eran otros tiempos. Que a nosotros eso nunca nos podrá pasar.
Dormimos por las noches creyendo que con trinar indignados o postear memes sangrones hemos hecho nuestra buena acción del día. Y soñamos que, gracias a nuestro repudio absoluto, los malos no perseverarán en sus aviesas intenciones. Y yo, que exudo escepticismo y cinismo, me carcajeo cada vez más fuerte y veo cómo el montoncito de leminos corren desaforados rumbo al precipicio (¡hala! Ya salió algún experto biólogo, que ha sacado el título en el canal respectivo de videos de animales diciendo que eso del suicido roedoril es un mito que se inventó Disney, y que es tan falso como el del Príncipe Azul y el amor eterno. Pues vale, no será real, pero como imagen es genial y ya. Asunto concluido). En fin, sigamos con la historia de la Historia. Íbamos diciendo que es alucinante ver cómo el ser bípedo se empecina en repetir patrones de conducta que sabe errados y allá nos vamos yendo, una vez más, a la mierda.
Tiempo de vacas gordas seguido de tiempo de vacas flacas, vacas gordas que aprovechan muchos para ordeñar y ordeñar y ordeñar en su propio beneficio. Ahí nos vamos sin recordar a José y los sueños del faraón. (A ver si las referencias bíblicas ayudan a los comesantos y cagadiablos que tenemos gobernando a entender las metáforas, oye, que son duros de mollera). Entonces empiezan los tiempos duros, que siempre llegan, señores, siempre. Y la cosa empieza a ponerse difícil, y los que no están preparados empiezan a tambalearse y aquello que nunca creyeron que podía pasar, pasa; y entonces (imagen bíblica nuevamente, a ver si se van enterando) llega el llanto y el crujir de dientes.
Cuando la cosa se pone dura, el lumpen, ignorante y tosco de pensamiento, se lanza a los brazos de cualquier mesías que se le cruza por delante. Héroes salvadores que solo salvan a los elegidos. A sus elegidos, se sobreentiende. Pero la plebe es un monstruo sin cabeza y cree en pajaritos preñados hasta que es muy tarde para reaccionar. Héroes que defienden la invasión de tierras, la expropiación de empresas. ‘El bien común'. ¡Ja!
Miren cómo nuestros vecinos ya tienen lo que entre todos se han buscado después de décadas de arduo trabajo. Y también tenían una entrada de dinero que creían inagotable, su petróleo, y también tenían la seguridad de que a ellos, nunca. Y ahí están, en dictadura virtual, con un tipo bruto no, lo siguiente, como cabeza dizque dirigente y pseudopensante.
El problema es que no creo que los politicastros del patio limoso que controlan el destino de Panamá sean capaces de pensar más allá de la próxima coima que se van a embolsar con sus manitas gordezuelas y manicuradas. Quizás creen firmemente que su diosecillo desértico va a perdonarles todo a cuenta de las donaciones que le están haciendo a la Iglesia, una u otra. Pues me alegra darles una mala noticia, que sepan que todos ustedes se van a Infierno. Que las marmolinas y los silestones de mal gusto con los que están arruinando el patrimonio no van a salvarlos de que, sobre sus cabezas, (las de todos ustedes), caiga el desastre.
COLUMNISTA