Las influencias literarias de Guillermo Arriaga

  • 11/10/2026 00:00
De su familia a las calles del violento barrio donde nació, de Steinbeck a Esquilo, pasando por William Faulkner y Juan Rulfo. Esas vivencias construyen el quehacer narrativo de Guillermo Arriaga

El niño Guillermo Arriaga (1958, Ciudad de México) era aficionado a las enciclopedias. Se pasaba largos ratos viendo esos volúmenes que encerraban todo el saber de la humanidad.

Su primer libro leído hasta la última página, por placer y no por una nota académica, fue una obra en inglés de John Steinbeck. El realismo social de este escritor estadounidense lo sintió como su segunda piel porque le habló de aquello que conocía de primera mano por haberse criado en un barrio popular: la dignidad de los seres marginados por la pobreza y la desigualdad.

Asegura que, en la escuela primaria, a los niños como él, diagnosticados con déficit de atención, los consideraban problemáticos. Él era de los que olvidaba entregar la tarea en la fecha determinada, de los que se distraían con facilidad en el aula y le costaba bastante ser más organizado.

A veces la maestra explicaba la clase sobre los medios de transporte y Arriaga pensaba que mínimo le estaba hablando en finlandés, o lo que es peor, pensaba que era a otro a quien se estaba dirigiendo la docente.

“Luego me expulsaron de esa escuela donde decían que era un retrasado mental. Mis viejos me llevaron a una escuela donde me comprendieron más”, comenta quien fue una de las figuras estelares de la Feria Internacional del Libro de Panamá.

Dos materias en ese nuevo colegio le pusieron el mundo al revés: la disciplina de la educación física y la libertad que brinda el teatro.

“Me cambiaron mi vida”.

Una porque le permitió cuidar su cuerpo y la otra porque lo adentró a los conflictos humanos creados por nombres como Esquilo y Calderón de la Barca. “Los alumnos teníamos que leer esas obras, luego producir el montaje, dirigirlo y actuarlo”, anota quien tiene una licenciatura en Ciencias de la Comunicación y un máster en Historia.

Ese aprendizaje escénico fue inigualable. “Me permitió aprender a hablar en público y ahondar en los resortes del drama”, menciona este autor especializado en explorar desde la narración nuestra relación con el medio ambiente, la muerte y el destino.

La familia

Guillermo Arriaga es hijo de Carlos y Amelia. Es el hermano de Patricia, Carlos y Jorge. Es el esposo de Manu. El papá de Mariel y Santiago. Y el abuelo de Rafaela y León.

¿Por qué cabe mencionar su linaje? “Porque las enseñanzas que recibí de Carlos y Amelia fueron más importantes que cualquiera autor que hubiera leído. Mis padres tuvieron a bien que todos los sábados hiciéramos una actividad de cultura y todos los domingos una actividad de naturaleza. Ellos me enseñaron que la cultura era el eje de la vida”.

Por su padre conoció los versos de Sor Juana Inés de la Cruz. Su papá después de haber sido comerciante durante muchos años, “cuando su negocio no pudo subsistir por los parámetros del Tratado Libre de Comercio, fue director de un centro cultural y así se convirtió en uno de los sorjuanistas más importantes e hizo congresos mundiales de poesía. Y si algo tiene Sor Juana es que recoge muy bien la contradicción del ser humano”.

Creció en la Unidad Modelo, al sur de la capital mexicana. “El barrio me enseñó que sin vivencias es muy difícil poder contar algo en una historia. Esas fueron influencias mucho mayores que cualquier libro que pude haber tenido”.

En su barrio fue testigo de un amplio espectro de violencia: peleas con los puños, con cuchillos, cadenas, bates de béisbol o pistolas. “No puedes imaginar todo lo que me tocó ver en mi comunidad”, resalta quien fue docente en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México y en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.

Esas experiencias al límite luego las trasladó a sus primeras novelas, como Escuadrón Guillotina, Un dulce olor a muerte y El búfalo a la noche.

Nombres

Más allá de su clan y del lugar donde creció hay otros ámbitos donde ha encontrado respuestas como cuentista, novelista y guionista.

Obviamente hay escritores indispensables en el quehacer literario de Guillermo Arriaga como el inglés William Shakespeare, los estadounidenses William Faulkner y Ernest Hemingway, el argentino Jorge Luis Borges, el colombiano Gabriel García Márquez y su compatriota Juan Rulfo.

¿Qué tienen en común estos nombres emblemáticos de las letras? Que su compromiso es fundamentalmente con la literatura. “La ficción es un aparato muy frágil, que no soporta muchos pesos. Y el peso de la ideología y de la propaganda y el peso de la moral, terminan por aplastar a la ficción”, plantea quien ha ejercido de asesor cinematográfico para la Columbia Pictures y el Sundance Institute.

“Y, si alguien me platicara sobre quién sería mi lectora o lector ideal, es aquel que no quiera encontrarse con esos pesos cuando lee mis libros”, indica el ganador de premios de novela como el Alfaguara por su libro Salvar el fuego y el Mazatlán por El salvaje.

Piensa que no hay nada más terrible cuando se evalúa si un escritor o escritora “son lo suficientes feministas o no, o si son lo suficiente morales o no, o si se preguntan si leerlos les dejará algún mensaje”.

Entiende que habrá quienes no lean ficción porque es un acto que se basa en parte en imaginar lo verdadero. “¿Por qué vamos a leer si tiene fantasía?, se preguntarán. Mejor leo libros que tengan que ver con la realidad, pensarán otros. Bueno, si eso es solo ficción y nada más, ¿cuáles son los primeros libros que prohíben los gobiernos autoritarios? ¿Los de autoayuda? No. ¿Los de química? No. Casualmente son las novelas las primeras que condenan y prohíben”.

¿Por qué será? “Porque el arte que no tiene compromiso con nada termina teniendo un compromiso con todo. Porque termina diciendo algo importante y termina diseccionando mejor lo que está sucediendo a nuestro alrededor como sociedad”, rememora el autor de una trilogía extraordinaria en el séptimo arte: Amores perros, 21 gramos y Babel (recibió una nominación al Oscar), todas bajo la dirección de Alejandro González Iñárritu.

Quien dirigió a las actrices ganadoras del Oscar, Charlize Theron y Kim Basinger, en su ópera prima fílmica The Burning Plain, nos convoca a una reflexión más: “¿Qué libro es más útil para conocer la historia de Colombia? ¿Todos los compendios históricos o Cien años de soledad de Gabriel García Márquez? ¿Qué libros de historia reflejan mejor la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana o La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa?”

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