Los instrumentos cuentan nuestra historia

  • 17/10/2026 13:39
Roberto Fuentes, como hicieron en su momento Narciso Garay y Gonzalo Brenes, se adentra al alma de la música panameña para saber sobre sus orígenes

Rasgos de la etnomusicología panameña, obra del chiricano Roberto Fuentes, llena un vacío bibliográfico del pasado y del presente de los instrumentos musicales, las danzas y la cosmovisión de tres pueblos originarios de nuestro país: los ngöbe-buglé, los gunas y los emberás.

Esta es una investigación académica sobre lo místico, lo folclórico y las ancestrales tradiciones de las comunidades originarias y cómo todo esto conecta con la música.

“El ser humano, desde que inició su paso en la tierra, ha buscado una extensión de su voz y son los instrumentos musicales los que le permiten extender esa expresión interna, ese querer decir sus sentimientos, sus emociones”, explica Alcides Fuentes, poeta y cantautor, cuando presentó esta obra en el Festival Lean, organizado por la Biblioteca de Boquete.

Estas poblaciones comenzaron haciendo música con artefactos que fabricaban con los elementos que tenían a su alrededor, añade Alcides Fuentes, quien también es actor y abogado.

Esta publicación de Roberto Fuentes brinda información sobre cómo narraban sus leyendas a través de la música y cómo contaban sus historias por distintos medios para que no se perdieran sus raíces.

Alcides destaca que con su obra Roberto se une a otras figuras istmeñas que han aportado al universo musical nacional como Narciso Garay (sus investigaciones datan de la década de 1930) y Gonzalo Brenes (hizo sus pesquisas durante las décadas de los 1960 y 1970).

“Nos estamos perdiendo de tanto, a veces por no tener la información, a veces porque no nos comunicamos. La música nace de una cosmovisión, de las creencias y de las alabanzas a los dioses”, indica Roberto.

Cada una de estas poblaciones tiene rituales para la curación, el matrimonio, el parto, el nacimiento, la enfermedad y la muerte.

“Algunos cantos son en un lenguaje tan antiguo que no saben bien qué dicen, pero lo han aprendido de manera fonética desde hace muchas generaciones. Las influencias foráneas los han marcado bastante. Los chicos que conocí fuera de la comarca les pedía que cantaran sus cantos tradicionales y muchos no querían cantar”, anota Roberto.

La búsqueda

Roberto inició su interacción con los ngöbe-buglé cuando trabajó del 2007 al 2011 como docente de música en Hato Pilón, en el distrito de Mironó, en la Comarca Ngöbe-Buglé.

En esos lares les preguntaba a sus estudiantes de 7, 8 y 9 de pre-media, a los padres de familia, a quien se encontrara, por los instrumentos musicales más antiguos.

“La respuesta era que se usaban casi únicamente en una actividad llamada balsería. Es un juego deportivo. Ahí es donde hacen rituales con sus instrumentos antiguos”, plantea Roberto.

Ya siendo profesor en la Universidad Autónoma de Chiriquí, Roberto les preguntaba a sus alumnos si se conservaba de la mejor manera ese legado en la comarca. Ellos le indicaron: “las cosas han cambiado, hay mucha influencia externa”.

Eso le da pie a Roberto para indagar más sobre el tema. “Es la música nuestra, no puede ser que nosotros no conozcamos nada de eso. Cuando fui estudiante leía las obras sobre música y veía que solo mencionaban dos o tres instrumentos de los originarios”.

Otro punto de partida ocurrió en su propia residencia, donde había unas ocarinas (pequeños instrumentos hechos de barro), una construcción de uno o varios orificios, y que un día descubrió que tenía diferentes sonidos.

Rasgos de la etnomusicología panameña es una investigación sobre los ngöbe-buglé, los gunas y los emberás.

Los instrumentos

En Rasgos de la etnomusicología panameña conocemos sobre la tonõa (tambor tradicional). Su ritmo acompaña las danzas rituales y celebraciones folclóricas.

Mientras que la yusa o truma es un arpa de boca traído de Europa y adoptado por lo ngöbes.

El tön (instrumento de percusión ngöbe) está hecho de calabazo con semillas en su interior. Estas semillas pueden ser de cualquier material siempre y cuando produzcan el sonido al ser movido o percutido.

El ngle (instrumento de percusión ngöbe) se utiliza untando las manos con grasa para que al ser frotado produzca el sonido.

La tambora de dos cueros se confecciona con madera ahuecada y con cuero de venado en los extremos y estirado a través de cuerdas que van de un extremo a otro, ajustando hasta llegar al temple necesario. Es parecida a la tambora Congo.

El gammu burui es un instrumento de viento característico de los gunas.

El gurgur (instrumento de viento guna) está hecho de calabazas o totumos. Cada uno de los tubos emite un tono.

El phiphan o pipano (instrumento de viento emberá) es una flauta hecha de un tipo de caña. Es un solo canutillo que es interpretado por hombres mayores principalmente, quienes conocen el repertorio musical de los bailes.

El ggala bili (guna) son dos flautas construidas de bambú, separadas entre sí como hembra y macho.

El chimiguí es un instrumento de percusión emberá hecho del caparazón de la tortuga, es golpeado con una baqueta y se usa en la música que acompaña la danza.

El aerófono es un instrumento de aire, viento o aliento, una especie de pito que a veces tiene forma de animal. El sonido se produce por la emisión de aire y cuando tapas las salidas u orificios que trae, se modifica el sonido y el músico juega con eso.

El Festival Lean fue una iniciativa de la Biblioteca de Boquete (Chiriquí).

Obra

Los resultados del estudio a cargo de Roberto Fuentes pasaron a ser su tesis doctoral. Y fue Alcides Fuentes quien lo animó a que debía convertirlo en una obra por su enorme valor referencial.

“Porque esto no existe, ni está registrado en ninguna parte todo esto. Lo digo yo que soy músico de profesión. En sus páginas podrán encontrar las medidas de los instrumentos, su afinación, la cantidad de los orificios, sus dimensiones y cómo eso determina los sonidos”, comenta Alcides.

Rasgos de la etnomusicología panameña maneja un lenguaje sencillo. “Con una lectura muy amena, pero también todo científicamente comprobado a través del sistema de tabulación. Van a encontrar pentagramas y escrituras musicales. Roberto hizo la transcripción de las canciones para que quedaran preservadas”, expone Alcides.

Luego convirtió el restaurante Panamonte y el Hotel Nacional en una especie de laboratorio para rastrear el pasado. “Ellos tienen bastantes objetos y, me facilitaron algunos, cuyos sonidos comencé a explorar”.

Luego otras amistades le fueron compartiendo sus tesoros musicales comarcales y de esa manera amplió sus horizontes. Así confirmó Roberto que la cosmovisión de los ngöbe-buglé es muy diferente a la de los emberá o los gunas.

Todo esto crea una riqueza cultural desconocida para muchos. Como resalta Roberto: “Los originarios deben manifestarse más con sus instrumentos. Cada etnia debería tener una agrupación de cámara con sus instrumentos. Sería interesantísimo escuchar esos sonidos de nuestros hermanos y sentirlos nuestros como la décima o la cantadera”.

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