El español no es únicamente un idioma compartido por más de 600 millones de personas: también es un territorio cultural, político y emocional en permanente...
- 13/04/2015 02:00
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Se le atribuye a Platón la célebre cita: ‘La necesidad es la madre de la invención’, y podemos afirmar que fue eso lo que llevó a Anayansi Vernaza a convertir sus manos en tierra fértil para que diferentes semillas de nuestro suelo patrio florecieran convertidas en collares, aretes, pulseras y otros objetos decorativos que ya han traspasado las fronteras.
En efecto, todo inició cuando ella se quedó sin trabajo, y como quiera que la almohada es la mejor consejera, se acostó con ese pensamiento: ‘Qué haré sin empleo’.
Un despertador natural le anunció la llegada del alba, una voz que en su interior la impulsó a levantarse temprano, repitiéndole que ella era capaz de hacer muchas cosas, que la voluntad estaba en sus manos.
El llamado fue aceptado y esa mañana, cual si fuese un anuncio divino, Sabina Barrios, la que fue su maestra en la Escuela del Alto, en Santa Fe, Veraguas, le ofreció ayudarla. La invitó a un centro comercial para comprarle una aguja mágica para que con ella bordara el talento que poseía.
Fue infructuosa la búsqueda de la citada aguja. En uno de esos locales Anayansi vio un letrero que decía: ‘Gane dinero, trabaje con semillas naturales’. Casi sin pensarlo, de inmediato le propuso a la maestra que en vez de la aguja mágica le regalara las semillas y lo necesario para aprender a hacer un collar.
Ahí nació el capital primario para hacer producir sus manos. Además de comprar lo necesario para hacer el collar, la maestra pagó los veinticinco dólares que costó el curso.