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- 12/05/2013 02:00
PANAMÁ. Al abrir un libro esperamos mucho. Y este libro, Todo tiempo futuro fue peor, de Raúl Brasca, que fue por primera vez publicado en 2004 en Barcelona, recoge el trabajo microficcional de este ingeniero, crítico y escritor argentino. Es un libro de ciento cuatro micros, es decir, micros que forman parte de un amplio paisaje. En efecto, Brasca nos facilita la vida al haber reunido sus micros en un solo ejemplar, pero, al mismo tiempo, nos la complica, porque cada micro es un mundo denso en este paisaje, imposible de disfrutar (aunque no de leer) en tan solo un día.
Habría que leer un micro por día para realmente poder oler el cuerpo de cada uno de ellos, como por ejemplo, el que le da título a este libro, que es una carrera inútil contra el futuro, porque ya estamos en él, y nos acribilla con sus balas para dejarnos ‘complemente muertos’.
Hay que dejar que cada micro crezca en nosotros y descubriremos en el trabajo de Brasca el cruce de lo narrativo con lo anecdótico, el sentido filosófico con la sorpresa, el buen sentido del humor con la mirada crítica, sutil y profunda de nuestras metáforas, por ejemplo, en ’Adánico’: ‘El día en que, con sagrado asombro, aquel mono se dio cuenta de que su alimento de siempre, eso que estaba mordiendo, era una manzana, fue arrojado del Paraíso Terrenal’.
Es un autor que toca nuestras metáforas, como el paraíso, la pasión, el amor, la biblioteca de Babel, el fin del mundo, metáforas que no terminan de ser reescritas porque es el mundo que nos alimenta, un mundo en el que también leemos a todos nuestros clásicos y modernos, un mundo que cada quien re-interpreta desde su lugar, porque nos abre la posibilidad de entrar sin límites.
Es esta quizá la paradoja de un micro: la longitud del micro - estructura formal - es inversamente proporcional a todas las lecturas posibles. Nosotros enriquecemos el micro, lo extendemos, le damos diálogos e interpretaciones y, en todo caso, lo reescribimos. El mundo en un micro es la concentración metafórica de nuestras existencias, nuestras experiencias, en un instante de lucidez y de energía. Es un instante único, pero, al mismo tiempo, cada micro revela el entramado de este mundo lleno de metáforas.
En fin, en no pocos micros fui presa de mi propio asombro, y, además, en algunos no pude contener la risa, como en el siguiente, ’Cadáver’: ‘Me senté en el umbral de mi puerta a esperar que pasara el cadáver de mi enemigo. Pasó y me dijo ‘hasta mañana’. Con tal de no darme paz, sigue penando entre los vivos’. Trataré, por cierto, de tener cuidado al sentarme en el umbral de mi puerta.