Cineastas con piel de lagarto

Cuando el productor Henk Van der Kolk tomó el año pasado la decisión de conducir desde Canadá, su tierra natal, hasta Panamá en busca de...

Cuando el productor Henk Van der Kolk tomó el año pasado la decisión de conducir desde Canadá, su tierra natal, hasta Panamá en busca de un lugar cálido y pacífico donde retirarse, jamás se imaginó que al final de su ruta encontraría desafíos como aquellos a los que se enfrentó cuando ayudó a fundar el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) hace 35 años atrás. De forma similar a lo que sucede actualmente en las salas de cine panameñas, las películas que se estrenaban en el Canadá de los años setentas eran en su mayoría producciones de Hollywood. Van der Kolk, quien a lo largo de su carrera ha producido cinco largometrajes, vislumbró que la mejor manera de propiciar el crecimiento de la industria fílmica local, y de paso ganar el respeto de sus vecinos del norte, quienes hasta ese momento consideraban al mercado cinematográfico de Canadá como parte del estadounidense, era a través de un festival fílmico.

El productor de documentales y películas educativas recuerda que los inicios del TIFF no fueron fáciles, ya que en aquel tiempo no contaban con el apoyo de la prensa local ni de los cineastas de Estados Unidos, quienes los ‘boicotearon’ durante la primera edición de la cita cinematográfica. A pesar de los contratiempos, la iniciativa de Van der Kolk probaría rendir frutos con el paso del tiempo. Los cursos que se ofrecían en el marco del TIFF contribuyeron a que en el año de 1982 existieran en Canadá una docena de cineastas activos. Hoy en día el evento consagrado al séptimo arte no sólo genera ingresos que están por el orden de los 170 millones de dólares al año, sino que convoca a figuras del cine internacional.

QUIJOTES DEL CINE

El año pasado, después de pasar dos meses detrás de un volante, Van der Kolk arribó al Istmo junto a su esposa y sus dos perros y se estableció en la comunidad playera de Santa Clara, donde lo esperaba su yerno Robert Brown, cuya compañía Arts marketing Services Inc se encarga del mercadeo del TIFF. A pesar de sus setenta años, el recuerdo de lo logrado en Canadá y los paralelismos existentes entre la industria cinematográfica istmeña y la de aquel país han logrado que Van der Kolk salga de su retiro y se embarque en otra cruzada fílmica: la creación de un festival de cine en Panamá. Programado para celebrarse durante el primer trimestre del 2012, y con el nombre tentativo de ‘International Film Festival of Panama’ (IFFP), Brown y Van der Kolk albergan la esperanza de que esta cita artística haga por el Istmo lo que hizo el TIFF por el cine canadiense.

‘Panamá está desesperadamente lista para hacer un festival’, sentencia el veterano productor. Tanto él como Brown buscan sacarle el máximo provecho a la coyuntura por la que atraviesa el cine panameño hoy en día. En los últimos cuatro años el rodaje de producciones foráneas ha aportado aproximadamente 40 millones de dólares a la economía local, apunta Luis Pacheco, presidente de la Asociación Cinematográfica de Panamá (ASOCINE), colectivo que en el 2006 presentó el borrador de la Ley 36 o ‘ley de cine’, que fue reglamentada el año pasado y a la que actualmente se busca reformar de tal manera que brinde más incentivos a los cineastas locales.

‘Ahora mismo estamos en la mira. Productores de Los Ángeles y Europa comentan que Panamá puede ser el ‘lugar’. Solo faltan un par de cosas, como la ley de cine, que redondearía todo el engranaje para que nos convirtamos en lo fueron países como España y México en un tiempo’, sostiene Pacheco, productor asociado de Empleadas y patrones, el más reciente trabajo audiovisual del panameño Abner Benaim, quien el año pasado alcanzó notoriedad con Chance, una comedia que tuvo una respuesta positiva en la taquilla local y que ha sido proyectada en festivales de cine alrededor del mundo.

‘Después del éxito de Chance, que rebasó a Avatar en Panamá, es evidente que el público está listo para películas nacionales. Todo lo que exige es un trabajo de calidad y que no se muestren sus vidas e historias de forma chabacana’, sostiene Pituka Ortega-Heilbron, quien años atrás plasmó la vida de Roberto Durán, gloria del boxeo panameño, en el documental Los puños de una nación.

Actualmente, Ortega-Heilbrom, Pacheco y Benaim integran un equipo de cineastas locales que colaboran con Van der Kolk y Brown en la creación del ‘IFFP’. En esta ambiciosa empresa también participa la Comisión de Cine del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), que está bajo la dirección de Laura Emmerick.

Todo esto se da en el marco de la presencia en el Istmo de representantes de la empresa ARCUS Worldwide Entertainent, quienes en los últimos meses han sostenido conversaciones con los integrantes de la Comisión de Cine de Panamá y con posibles inversionistas locales para discutir la posibilidad de rodar varios filmes en locaciones panameñas.

¿SEXTO SENTIDO CINEMATOGRÁFICO?

Todas las circunstancias anteriormente mencionadas son las que mueven a Brown, quien será el director ejecutivo del ‘IFFP’ (de llegar a concretarse esta iniciativa), a afirmar que la idea para llevar a cabo este festival surgió en el momento justo. Van der Kolk va un poco más allá e utiliza el término ‘serendipedia’ (traducción al español de ‘serendipity’), que, de acuerdo con la enciclopedia en línea Wikipedia, se refiere ‘a la propensión a hacer descubrimientos afortunados mientras se busca algo que no está relacionado con aquello que se encontró’.

Ya sea que fuera el azar o algún tipo de sexto sentido cinematográfico lo que condujo a Van der Kolk a tierras panameñas, lo cierto es que su visión de hacer un festival en estas latitudes se enfrenta a dos grandes obstáculos: conseguir el financiamiento necesario y contar con más producciones locales que puedan ser proyectadas durante el evento cinematográfico. ‘No sería lógico hacer un festival de cine en Panamá en el 2012 sin cine panameño... Si la ley se modifica, ya puede entrar cualquier cineasta local. Necesitamos que eso pase, porque si no vamos a seguir los mismos cuatro haciendo cine’, establece Pacheco. El productor añade que actualmente hay tres películas panameñas que se están coproduciendo con países como Cuba, Ecuador y Colombia: Salta, Ruta de la Luna y Los colores de la montaña.

Ortega-Heilbron, quien espera estrenar su documental La ruta el otro año, advierte que es necesario que ‘el Estado y los líderes de la comunidad empresarial’ contribuyan a que los cineastas locales forjen sus sueños artísticos. ‘Para que un individuo talentoso con inquietudes y necesidad de expresarse salga adelante, debe contar con un valor casi suicida, un espíritu invencible y piel de lagarto, porque vas a cometer errores en un país que no prepara a artistas con cuidado’, puntualiza.

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