Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía: ‘Me interesa dar contexto al arte latinoamericano por sí mismo’ II Parte

  • 12/04/2026 00:01

El mes pasado, durante PINTA Panamá Art Week, la Agencia Española de Cooperación invitó a Manuel Segade, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid —uno de los referentes internacionales más influyentes del arte contemporáneo—.

De aquella visita surgió una conversación reveladora que Adrienne Samos y yo tuvimos el privilegio de compartir con él. En la entrega anterior de El Visitante publicamos la primera parte. Hoy les traigo la segunda y última, en la que Segade detalla cómo el Reina Sofía está redefiniendo su vínculo con el arte latinoamericano.

El Visitante: En la actual reordenación de la colección permanente del Reina Sofía, bajo tu dirección, se ha aumentado significativamente la presencia de artistas latinoamericanos. ¿Qué mecanismos concretos —en términos de presupuesto, estructura administrativa y cooperación con instituciones y comunidades de América Latina— está implementando el museo para sostener y profundizar esta mayor visibilidad a largo plazo?

Manuel Segade: ¡Pregunta prolija! Intentaré ser breve. En el museo contamos con cinco direcciones que trabajan de forma coordinada en este tipo de programas. Además, contamos con el apoyo de la Fundación Museo Reina Sofía, integrada por círculos de coleccionistas que contribuyen de distintas maneras. En este contexto, cobra especial relevancia el ICAC (Instituto Centroamericano de Arte Contemporáneo), impulsado por el coleccionista y gestor cultural salvadoreño Mario Cader-Frech.

En el caso de Centroamérica, los números son públicos: a través del ICAC, Cader-Frech aportará un millón de dólares en los próximos diez años; es decir, cien mil dólares anuales. Pero el presupuesto real del instituto es aproximadamente el doble, porque existe además un comité asesor integrado por al menos un coleccionista de cada país centroamericano.

El museo, por su parte, también aporta recursos propios. La organización de exposiciones de artistas centroamericanos, por ejemplo, se financiaría igualmente con fondos públicos del Reina Sofía. Como mencionaba, estamos multiplicando el espacio dedicado a Latinoamérica en la colección y el año que viene inauguraremos un ala nueva y permanente dedicada a ella. Esta ala permanente nos permitirá mantener la colección en constante revisión, articular nuevos relatos y generar otras historias. Además, contamos con otros espacios como “Pieza única”, que se dedica a presentar una sola obra en un lugar de transición dentro del museo y que también acogerá proyectos centrados en artistas latinoamericanos.

En otras palabras, Latinoamérica no estará presente solo en esa nueva ala, sino que se integrará en todas las esferas del museo: en las presentaciones internacionales de la colección, en la programación pública, en los debates y en los textos que publicamos. Se trata de un enfoque transescalar: muchas escalas funcionando al mismo tiempo.

Todo esto se construye tanto a través de una red interna como externa. Ahí es donde surgen las articulaciones de solidaridad y amistad que, hoy más que nunca, creo que debemos reivindicar.

Asimismo, las alianzas con Latinoamérica se están fortaleciendo. Históricamente, el museo no mantenía una colaboración continuada con instituciones latinoamericanas, más allá de redes como la de Conceptualismos del Sur, que todavía conservamos. Ahora estamos cambiando eso. Organizamos, junto al Malba [Museo de Arte Latinoamericano en Buenos Aires], una exposición de Fernanda Laguna curada por Miguel López [“Mi corazón es un imán”, de marzo a mayo de 2026 en el Malba, y desde marzo de 2027 en Madrid] y tenemos otras dos exposiciones con museos latinoamericanos en fase de cierre. Esta línea de coproducciones se convertirá en algo habitual y continuo. Y eso, sin duda, es crucial.

El Visitante: Para ahondar un poco más sobre el rol de la Fundación Museo Reina Sofía, ¿cómo se dan las acciones de mecenazgo y su presencia en las exposiciones de la colección permanente?

Manuel Segade: Tenemos todavía un espacio amplio de trabajo en este ámbito. Estamos desarrollando algunos programas que, por ahora, no puedo desvelar en detalle, pero que iremos anunciando a lo largo de los próximos años, más que de los próximos meses. Los estamos trabajando con mucha calma.

En nuestro país, los intercambios entre los ámbitos público y privado conllevan muchas restricciones legales, por lo que los vamos diseñando con cuidado para que encajen perfectamente con la administración pública. Nos interesa que los proyectos que formulemos sean modélicos, no solo en su contenido artístico, sino también en su gestión administrativa.

Modélicos en el sentido de que, en España, todos los museos —ya sean grandes, pequeños, locales, regionales o estatales—compartimos la misma ley de administración pública. Por eso buscamos que las iniciativas del Reina Sofía puedan transparentarse plenamente a la sociedad, incluso en sus formas administrativas, y que funcionen como proyectos piloto que otros museos puedan replicar. El propio ICAC ya se ha convertido en uno de estos modelos de trabajo.

En la colección permanente, más allá del ala latinoamericana, me interesa mucho la idea de la proliferación. Quiero dar contexto al arte latinoamericano por sí mismo, con sus propias interrelaciones y su práctica situada, pero al mismo tiempo mantener un doble juego: abrirnos a otros tipos de relaciones y contaminaciones de múltiples maneras.

Es decir, abrirnos a otras textualidades y “texturicidades”. Con esto me refiero a trabajar con una cultura material y discursiva que nos permita recontextualizar, ampliar y revisar constantemente la colección. Y que Latinoamérica esté siempre presente en estos ejercicios. Esto tiene que ver con la colonialidad, la demografía y esa obligatoriedad temporal: con esa cronología que nos suma y que hace imposible hablar de “lo nuestro” sin hablar también de “lo vuestro”.

El Visitante: El Guernica de Picasso es, junto a la Mona Lisa, una de las pinturas más emblemáticas de la historia del arte. Creada en 1937 como denuncia del bombardeo del pueblo vasco de Gernika durante la Guerra Civil española, se ha convertido en un símbolo universal contra la barbarie y, para muchos españoles, en un icono de la democracia y la memoria histórica. Como la Mona Lisa en el Louvre, el Guernica parece destinado a no abandonar nunca su sede actual en el Museo Reina Sofía por estrictos motivos de conservación.

En fecha reciente, el Gobierno Vasco ha solicitado su traslado temporal al Museo Guggenheim de Bilbao con motivo del 90 aniversario del bombardeo. Esta no es la primera vez que se pide la obra en préstamo, ¿cierto?

Manuel Segade: En efecto, solicitudes similares presentadas en el pasado por otros centros y entidades también han sido denegadas. Aunque la obra se mantiene en condiciones estables gracias al estricto control ambiental del museo, su gran formato, los materiales empleados y los daños acumulados a lo largo de su historia la hacen extremadamente vulnerable. Los conservadores siempre han advertido que las vibraciones del transporte podrían provocar nuevas grietas, desprendimientos de pintura y daños en el lienzo. Los traslados tempranos ya causaron deterioros que requirieron restauraciones entre 1943 y 1957, y desde su regreso definitivo a España, en 1981, solo se ha trasladado una vez: del Casón del Buen Retiro al Reina Sofía en 1992, por razones de carácter institucional y museológico.

Acabamos de recibir el último informe del Departamento de Conservación-Restauración, que desaconseja tajantemente cualquier traslado del Guernica, sea cual sea la institución o región que lo solicite. La decisión responde exclusivamente a criterios técnicos de conservación.

El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte

(AICA).

Manuel Segade
Director del Museo Reina Sofía
En nuestro país, los intercambios entre los ámbitos público y privado conllevan muchas restricciones legales, por lo que los vamos diseñando con cuidado para que encajen perfectamente con la administración pública. Nos interesa que los proyectos que formulemos sean modélicos, no solo en su contenido artístico, sino también en su gestión administrativa,”
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