‘Por mi gran culpa’: el secreto familiar que Ligia Urroz convirtió en una novela

  • 25/08/2026 00:00
La autora llega a la FIL con una obra que explora la culpa, el abuso y las relaciones de poder. En entrevista con ‘La Estrella de Panamá’ también reflexiona sobre la condición humana, la literatura y la situación por la que atraviesa su país, Nicaragua

La escritora mexicano-nicaragüense Ligia Urroz desembarca este año en la Feria Internacional del Libro (FIL) con su más reciente novela ‘Por mi gran culpa’, una obra de ficción que nació de un secreto familiar y que explora temas como el abuso sexual, la culpa, la religión, las relaciones de poder y la condición humana.

Urroz tendrá dos participaciones en la feria. Por un lado, presentará ‘Por mi gran culpa’ este 25 de agosto, a las 6:10 pm, en el Salón Chaquira del Centro de Convenciones Atlapa, y el 26 de agosto, a las 7:10 pm, participará en un conversatorio con el escritor mexicano Guillermo Arriaga, en el Salón Zaratí.

En conversación con La Estrella de Panamá, Urroz explicó que la novela tiene su origen en una revelación que recibió de su abuela cuando tenía 16 años. Según recordó, su abuela le contó que el apellido familiar no debería ser Urroz, sino el del obispo de la Catedral de León (Nicaragua). “Yo guardo esta verdad durante muchos años, hasta que se me ocurre convertirla en una obra de ficción”, relató.

La escritora diferencia esta novela de ‘Somoza’, su obra anterior, que define como una novela autobiográfica y que está centrada en los últimos años de la dictadura de Anastasio Somoza. “Ahora, con una escritura más madura y experimentada, hacer ‘Por mi gran culpa’ fue algo muy lúdico. La verdad es que me la pasé muy bien escribiendo la novela y hasta me divertí”, confió a este diario.

La historia está atravesada por una familia profundamente católica y conservadora. El secreto revelado por la abuela implicaba, además, una idea de culpa que se transmitía de generación en generación. “Mi abuela dijo que teníamos muchas generaciones que teníamos que pagar por ese pecado”, rememoró.

En este sentido, la novela se adentra en asuntos como el abuso sexual cometido por miembros de la Iglesia católica, así como la pedofilia y la situación por la que atravesaban las mujeres en pleno siglo XIX.

Otro de los ejes de ‘Por mi gran culpa’ está relacionado con las dinámicas de poder en una sociedad en la que el obispo ocupa una posición elevada tanto en las estructuras sociales dominadas por hombres como en las comunidades rurales, donde las autoridades eclesiásticas son consideradas como figuras de guía y liderazgo.

“Las mujeres en esa época no podían decidir más que la comida, los vestidos y ese tipo de cosas. No podían decidir en cuestiones de voto, en cuestiones eclesiásticas ni de educación siquiera”, señaló Urroz.

El poder del obispo no se limita a su posición dentro de la Iglesia. También se extiende al ámbito privado a través del confesionario y de su capacidad para influir sobre las creencias, decisiones y relaciones de las familias en lo que, según la autora, es un reflejo de la distribución desigual del poder en una comunidad rural.

El ser humano y sus claroscuros

Uno de los aspectos centrales de ‘Por mi gran culpa’ es la construcción de personajes alejados de las categorías tradicionales de héroes y villanos. “No hay personajes buenos ni personajes malos. Hay personajes humanos”, afirmó la escritora.

En ese contexto, Urroz abordó el ejemplo de Pablo Picasso como el ejemplo de un personaje que, si bien aportó obras para la posteridad como el ‘Gernika’ – que produjo una profunda reflexión social sobre la Guerra Civil española a través del arte – también era señalado por denigrar a sus parejas sentimentales. Ello trae el siguiente dilema: ¿Es posible admirar el arte de alguien y, a la vez, expresar repulsión sobre cómo es el artista como persona?

“Ese tema de separar la obra de arte del autor, a mí se me hace fascinante y tiene muchos matices”, manfestó a ese respecto.

Para Urroz, la literatura debe evitar construir personajes ‘panfletarios’ y, en cambio, debe mostrar sus contradicciones y matices.

La escritora también pone en práctica esta forma de examinar la condición humana en ‘Somoza’, donde aborda la figura del dictador nicaragüense sin convertir la novela en una defensa de su régimen. Su intención, explicó, fue mostrar al personaje, sus enemigos y las personas que estaban a su alrededor, dejando que el lector construya su propio juicio.

Ponerse en los zapatos del otro desde la literatura

Con cerca de dos décadas de trayectoria literaria, Urroz considera que su escritura ha evolucionado a través de la experiencia, pero también gracias al ejercicio constante de la lectura, y de la escritura, cultivando géneros como la novela, el cuento y el ensayo, a los que hay que sumar su participación en antologías y columnas periodísticas.

Entre las influencias que aparecen en su formación están algunos de los grandes autores del siglo XIX como Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, aunque la escritora toma con cautela la comparación que Guillermo Arriaga hizo entre su novela y las grandes obras de ese periodo. “Sería demasiada soberbia decirte que mi literatura pueda recordarle a ellos”, comentó.

En tanto, el interés de Urroz por las cuestiones de género también se refleja en su trabajo ensayístico. La escritora ha estudiado obras como ‘El color púrpura’, de la estadounidense Alice Walker; ‘Persépolis’, de la iraní Marjane Satrapi, y ‘El azul es el color más cálido’, del francés Jul Maroh.

En estas obras encuentra personajes femeninos que enfrentan situaciones adversas y luchan contra los estigmas sociales. “No es que yo quiera hacer un panfleto, pero sí me gusta que la gente piense en cabeza ajena. Que se pongan en los zapatos de los demás”, sostuvo.

La preocupación por Nicaragua, desde la distancia

La conversación también abordó la situación política de Nicaragua y las dificultades que enfrenta la cultura en el país. Urroz calificó de “terrible” la situación y criticó el poder acumulado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, quienes afirmaron recientemente que ‘no habría más elecciones’ en el país centroamericano.

La escritora denunció la persecución contra organizaciones culturales y sociales como la Academia Nicaragüense de la Lengua y mencionó, entre otros casos, la situación del escritor Sergio Ramírez, quien se encuentra exiliado en España y perdió la nacionalidad nicaragüense tras ser calificado por el régimen como ‘traidor a la patria’ junto a otros 200 ciudadanos disidentes. “Imagínate la tristeza por la que está pasando todo el que piensa diferente”, expresó.

Sobre su propia situación, aseguró que tampoco se siente completamente a salvo de las medidas del régimen nicaragüense: “Están a nada”, respondió Urroz al ser consultada por este periódico sobre la posibilidad de que le retiren también la nacionalidad como represalia por su postura en contra de los Ortega-Murillo.

A pesar de ello, Urroz llega a Panamá con entusiasmo por encontrarse con los lectores. “Estoy fascinada. Ya voy llena de ilusión de conocer al pueblo lector panameño”, afirmó.

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