El respeto al silencio ajeno

Dicen que el volumen de voz elevado que predomina en nuestro país se debe a nuestro origen latino, pero en ciertos lugares y momentos un...

Dicen que el volumen de voz elevado que predomina en nuestro país se debe a nuestro origen latino, pero en ciertos lugares y momentos un poco de mesura inglesa no está de más. Hay restaurantes en donde es absolutamente imposible mantener una conversación en un tono normal, y a veces parece más fácil hablar con los de la mesa de al lado que con los de la nuestra. Sacrificamos una buena conversación por risas exageradas y gritos sin medida, lo que convierte una plática en un tema público que se escucha en las mesas vecinas.

Es curioso observar hasta qué punto estamos acostumbrados al bullicio de los restaurantes, que cuando por fin encontramos uno silencioso nos perturba y decimos que “no tiene ambiente”. Recientemente hice un viaje en tren. Mis sanas intenciones eran leer el periódico, adelantar la lectura de un libro comenzado y disfrutar del paisaje, pero no pude hacer nada de esto y el recorrido se convirtió en un verdadero suplicio. Antes de que el tren iniciara su recorrido, ya sonaban los celulares. Algunos pasajeros gritaban, otros discutían sobre inversiones y mi vecina no paraba de llamar a su niñera para darle instrucciones, y por supuesto, más que hablado, gritado a todo volumen. Un trayecto de esos con los pasajeros hablando a gritos como “para los demás” como si se tratara de una exhibición, puede volver loco a cualquiera; no me imagino cómo hacen quienes viajan todos los días.

Tenga consideración y respeto por los demás; usted no está solo en el mundo y practicar normas de educación, aunque sean básicas, debe ser parte del diario vivir. Recuerde que usted es el demás de los demás, y en su momento, le gusta ser bien tratado.

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