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Demanda energética y centros de datos elevan la presión sobre las inversiones eléctricas
- 20/10/2026 00:00
El crecimiento de la demanda energética, la expansión de los centros de datos y las tensiones geopolíticas están elevando las exigencias de inversión y planificación del sector. Así lo analiza la edición 2026 de Global Energy Perspective, publicada por McKinsey & Company, que examina cómo la seguridad del suministro, los costos de la energía y la descarbonización condicionan las decisiones de empresas y sistemas eléctricos.
La demanda mundial de energía creció 2.7 % en 2025, con aumentos en el consumo de petróleo, gas, carbón y fuentes renovables. En su escenario de referencia, McKinsey prevé que hacia 2035 el crecimiento anual de la demanda podría duplicar el ritmo observado durante la década anterior, impulsado principalmente por las economías emergentes.
Esta expansión plantea mayores necesidades de generación, infraestructura y capacidad operativa. La planificación deberá considerar de forma conjunta el crecimiento del consumo, la incorporación de nuevas fuentes de energía y la capacidad de las redes para garantizar un suministro continuo y confiable.
La transmisión, la distribución, el almacenamiento y las interconexiones son factores determinantes para garantizar que la nueva capacidad de generación llegue a los consumidores. Si la infraestructura no crece al ritmo de la demanda, pueden aumentar las restricciones de conexión, la congestión de las redes y los costos operativos.
McKinsey estima que la inversión mundial anual en redes de transmisión y distribución aumentará de $443,000 millones en 2025 a $970,000 millones en 2050, más del doble del nivel registrado en 2025.
La proyección refleja el volumen de capital necesario para modernizar las redes, ampliar su capacidad y responder a las nuevas necesidades del sistema energético. No basta con instalar más capacidad de generación: también se requiere infraestructura para transportar y distribuir esa energía de manera eficiente.
La flexibilidad del sistema también resulta clave. El almacenamiento y las fuentes de generación capaces de responder cuando se necesitan, junto con las interconexiones, contribuyen a atender las variaciones de la demanda y a mejorar la confiabilidad del suministro.
La expansión de la infraestructura digital añade presión sobre los sistemas eléctricos. En el escenario base del informe, la demanda eléctrica de los centros de datos crecería a una tasa anual compuesta del 24 % hasta 2030, especialmente en los mercados desarrollados.
Este crecimiento obliga a incorporar las necesidades de consumo de los centros de datos en la planificación de la oferta eléctrica y de las redes. La capacidad de responder a esa demanda dependerá también de que las inversiones en infraestructura avancen a un ritmo compatible con la expansión de estas instalaciones.
Sin embargo, la inteligencia artificial también puede contribuir a mejorar el funcionamiento del sector. McKinsey identifica aplicaciones para optimizar los pronósticos, el despacho de energía, el mantenimiento y la gestión de las redes.
El desafío consiste en atender el aumento del consumo asociado a la infraestructura digital y, al mismo tiempo, aprovechar las herramientas de inteligencia artificial para mejorar la eficiencia operativa.
Las tensiones geopolíticas pueden encarecer los proyectos
La seguridad energética también está condicionada por las restricciones al comercio y los cambios en las relaciones internacionales. Según el informe, aproximadamente el 30 % de la producción mundial de petróleo y gas enfrenta limitaciones para participar plenamente en el comercio global.
McKinsey analiza, además, un escenario de mayor fragmentación geopolítica en el que la relocalización de las cadenas de suministro fuera de China podría elevar entre 40 % y 50 % los costos de capital del almacenamiento con baterías, y entre 20 % y 25 % los de la energía solar.
Estas cifras corresponden a estimaciones bajo ese escenario y no representan aumentos generalizados ya registrados en todos los mercados. No obstante, muestran cómo los cambios en las cadenas de suministro pueden afectar los costos de los proyectos y las decisiones de inversión.
Para las empresas, estas condiciones añaden incertidumbre a la planificación financiera y operativa. La disponibilidad de equipos, los costos tecnológicos y las condiciones del comercio internacional pueden modificar la viabilidad de las inversiones previstas.
Global Energy Perspective 2026 examina cinco posibles trayectorias para el sector: continuidad de las tendencias actuales, mayor persistencia de los hidrocarburos, aprovechamiento simultáneo de distintas fuentes de energía, aceleración de la descarbonización y fragmentación del orden energético.
Cada escenario combina supuestos sobre crecimiento económico, costos tecnológicos, seguridad energética y relaciones comerciales. Por ello, el informe no presenta un pronóstico único, sino distintas posibilidades que permiten evaluar cómo podrían cambiar las condiciones del mercado.
Este enfoque permite a las organizaciones contrastar sus planes de inversión y operación frente a diferentes escenarios. McKinsey plantea la importancia de identificar señales que ayuden a revisar las decisiones oportunamente, mantener alternativas de abastecimiento y financiamiento y reforzar la resiliencia de la infraestructura.
En conjunto, el análisis sitúa las redes eléctricas, la expansión de los centros de datos y los riesgos geopolíticos entre los factores que condicionan las decisiones del sector. La evolución del sistema energético dependerá tanto del desarrollo tecnológico como de la capacidad de ejecutar las inversiones necesarias y adaptar la infraestructura a los cambios de la demanda y del mercado.