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- 11/10/2015 02:00
Hace un par de meses, cuando buscaba nombre para esta columna, el primero de mi lista era ‘Musicophilia', tomado del título del libro del gran médico neurólogo, escritor y musicólogo inglés, residente en los Estados Unidos, Oliver Sacks. Le di muchas vueltas, pero pensé que, lo que para mí era un homenaje, podía quedarse corto, si lo utilizaba sin explicar quién era el hombre que lo había inspirado.
En mi segundo artículo para Lado B, ‘La música, pasaporte directo al recuerdo', donde analizaba la conexión entre la música y la memoria y los usos terapéuticos para tratar el Alzheimer, ya citaba al Dr. Sacks. Imposible hablar de memoria, neurociencia y música, sin llegar a él.
A principios de año, todos aquellos que lo seguíamos, ya en sus notas en el NY Times , o en otro foro, nos enteramos que tenía sus días contados: que un cáncer que había combatido años antes, había regresado, y esta vez no le daría tregua.
En una de las notas más sublimes que se hayan escrito, este prohombre se enfrentaba a la inminencia de su muerte, con serenidad y un agradecimiento que dejaba ver su inmensa humanidad. ‘Por encima de todo he sido un ser sensible, un animal pensante, en este hermoso planeta. Ha sido una gran aventura y un enorme privilegio", decía. La nota de opinión: ‘My Own Life, Oliver Sacks on Learning He Has Terminal Cancer', publicada el 19 de febrero, se hizo viral. El 21 de febrero, El País la publicó completa, titulada: ‘De mi propia vida'. Así, sin más, Dr. Sacks anunció al mundo que moriría: con la misma delicadeza, optimismo y sensibilidad que narró sus libros.
Su muerte llegó dos meses después; demasiado pronto. Aunque se esperara, fue una noticia que entristeció al mundo entero. A mí me encontró leyendo sus memorias: On The Move , un libro que recoge sus aventuras y desventuras, su inmensa curiosidad, su infancia y juventud, sus estudios; la relación con su familia, con su madre. También detalla cómo -acaso tarde, pero nunca demasiado- encontró el amor a sus 79 años.
Uno de sus primeros libros, Awakenings (Despertares, 1973), fue llevado a la pantalla por la directora Penny Marshall. Robin Williams personificó al neurólogo, con el nombre ficcionalizado del doctor Malcolm Sayer. Muchos le siguieron, ganándole el reconocimiento de la comunidad científica y literaria, así como el amor de los lectores que encontramos en sus palabras, conocimiento, sabiduría y humanidad.
En el centro de su vida y sus libros, estuvieron siempre sus pacientes. Gente común que dejaba de serlo, porque adolecía de una u otra enfermedad neurológica que afectaba su forma de percibir el mundo. Estudiando esas diferencias, Oliver Sacks encontró aquello que nos une, que nos hace únicos y maravillosos.
PUENTE ENTRE EL INTELECTO Y LAS EMOCIONES
En el 2007, publica Musicophilia. En él nos habla de la música como un fenómeno principalmente humano, unión perfecta entre alma y mente. ‘Toda enfermedad es un problema musical; y toda cura, una solución musical', es la cita del poeta alemán, Novalis, con la que inicia su libro. Continúa examinando la relación de pacientes, gente corriente o músicos profesionales, con la música. A través de anomalías como la ‘amusia' –o incapacidad para sentir la música–, el hipermusical síndrome de Williams y las alucinaciones musicales, entre otros, Sacks nos va explicando cómo la música es un factor clave para crear la identidad humana, ya sea de una manera patógena, o como un agente positivo a la hora de tratar el Parkinson, la demencia senil, el síndrome de Tourette, la encefalitis o los ataques de lóbulo temporal.
‘La música nos puede sacar de la depresión o hacernos sucumbir a las lágrimas –es un remedio, un tónico, un zumo de naranja para el oído–. Pero para muchos de mis pacientes neurológicos, la música es aún más –puede proporcionar el acceso, incluso cuando ningún medicamento puede, al movimiento, a la palabra, a la vida. Para ellos, la música no es un lujo, sino una necesidad', afirmaba.
Hasta el final de sus días, continúo escribiendo y leyendo, con avidez, incluso artículos referentes a los efectos del cáncer en su cuerpo. Pero no con amargura, sino con curiosidad y pasión.
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‘DE MI PROPIA VIDA'
En una de verdaderamente sublime, este prohombre se enfrentaba a la inminencia de su muerte, con serenidad y un agradecimiento que dejaba ver su inmensa humanidad. Una obra indispensable para comprender a este genial inglés.