De susceptibilidades y más

E stoy jodida. De verdad. He estado pensando en estos días y he llegado a la conclusión de que debería sentirme fatal. Fíjense que les e...

E stoy jodida. De verdad. He estado pensando en estos días y he llegado a la conclusión de que debería sentirme fatal. Fíjense que les explico: soy mujer, soy rubia, soy española, soy actriz. Como mujer soy torpe, floja, gastadora, y claro, manejo mal. Como soy rubia, soy tonta. Como soy española soy ladrona, prepotente, grosera, huelo mal y mis genes asesinos están a punto de saltar en cualquier momento. Como soy actriz, soy bohemia, (aunque, como dice mi hermana, con lo de ‘bohemia’ quieren decir facilita, por no decirme hembra de canis lupus familiaris).

¿Tienen idea de cuántas veces me ha sentado como una patada en el culo el oír a la gente despotricar contra los españoles? ¿Se han dado cuenta de la cantidad de veces que hablan barbaridades contra las mujeres al cabo del día? Si me dieran un dólar por cada vez que me he podido sentir aludida en mi vida ya me había hecho millonaria. Pero no, el problema es que no me siento aludida la mayoría de las veces, y puede que sea problema mío, es decir, lo que me falta no lo sé, pero lo que me sobra es autoestima, así que lo que los otros me digan me entra por un oído y me sale por el otro.

Pero ahí tenemos de nuevo una asociación que cierra filas en contra de una canción, frenemos un poco y veamos las cosas en perspectiva, si nos sentimos aludidos nos doleremos por todo, por negros, por blancos, por indios, por cholos, por pelirrojos, por bajos, por altos, por bizcos, por calvos, por gordos o por flacos. Por genios, o por fronterizos. Todos podemos ser descritos de alguna forma. Y algunos humanos estamos dentro de más de una de estas clasificaciones. Los comentarios y el lenguaje sexista, machista, xenófobo y discriminatorio ni es nuevo, ni es aceptable, pero es. Está ahí desde hace siglos, porque siempre hubo bárbaros, mujeres, negros, blancos y pieles rojas. Los ‘otros’, los que no son como ‘nosotros’, los que se apartan de la ‘mayoría’ o los que no tienen acceso al poder político, fáctico, o social, siempre han sido excluidos, burlados y rechazados. Pero el lenguaje es lo que hay, y no es culpable ni inocente, las palabras no son buenas ni malas, no existen las palabras sucias. Las palabras son solo eso, palabras, la sociedad, la cultura y la educación son otra cosa y cito aquí a Arturo Pérez Reverte:

‘En vez de asumir que todo lenguaje es sedimento de siglos y consecuencia de los usos, costumbres e ideologías de una sociedad en evolución, y que es ésta la que poco a poco adopta unos usos y rechaza otros, exigen, por las bravas, que sea el lenguaje violentado, artificial, politizado y manipulado según el interés de cada cual, el que condicione y transforme la realidad social. Lo malo, e imposible, es que ni siquiera lo pretenden poco a poco, sino en el acto. De un día para otro. Como olvidan, o ignoran, que un lenguaje se hace con la lenta y prolija sedimentación de muchos siglos y hablas, creen poder transformarlo por las buenas, a su antojo, en un año o dos’.

Es decir, hay que luchar por lograr el cambio social, y eso no se logra censurando ni exigiendo, deben pedirse las mismas oportunidades reales para todos, para que cada uno pueda luchar por lo que es suyo en igualdad de condiciones, y lo del lenguaje…lo de sentirse aludido por el lenguaje no es culpa del emisor, sino del receptor, mi consejo es qude se den un baño de aceite todos los días para que les resbalen las tonterías de los energúmenos ignorantes…si quieren les doy la marca del que yo uso.

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