Comprar y vender

  • 26/06/2019 02:00
Ahora estamos llegando a un punto en el que muchos de los intercambios son virtuales, el principal activo es la información

Una de las tantas formas de trazar la historia es la de buscar las rutas comerciales a través de los tiempos: quién compraba qué y de dónde provenía ese qué. La sal, las especias, la seda, el café, el azúcar... si buscamos en la historia de cada uno de estos productos, encontraremos el nacimiento y la caída de imperios, países, alianzas, fortunas y pobreza.

Nuestro continente, por ejemplo, estuvo marcado por la búsqueda por parte de las potencias europeas de la época, de nuevas rutas hacia oriente. Pareciera, pues, que el hecho tan simple de ‘comprar y vender' nos ha marcado y a guiado el fluir de nuestra civilización por lo menos en los últimos cientos de años.

Ahora estamos llegando a un punto en el que muchos de los intercambios son virtuales, el principal activo es la información, que no se mete en contenedores y que no necesita agentes de aduanas. No digo que los bienes como el arroz o el petróleo no se mueven, lo que digo es que ‘saber' sobre el arroz y ‘saber' sobre petróleo se está convirtiendo en una mercancía más importante; es más, si la idea es ser más precisos, lo que se está volviendo valioso es saber ‘quién' necesita las cosas, ‘cómo' las necesita, ‘dónde' las necesita, ‘cuándo' las necesita, ‘en qué condiciones' las necesita y ‘cuánto' está dispuesto a pagar por ellas.

Si lo analizamos bien, es nuestra información la que se ha convertido en el activo más valioso, son nuestros comportamientos registrados de manera sistemática y analizados de forma inteligente los que están moviendo la famosa ‘economía del conocimiento' en la que vivimos hoy.

Siguiendo esta línea de análisis, podemos deducir que las decisiones de consumo y comportamientos económicos nuestros, al sistematizarse tienen la posibilidad de cambiar el mundo de las mercancías que se mueven a nuestro alrededor. Si queremos, por ejemplo, un mercado de bienes raíces que respete los espacios públicos y sea más sostenible, debemos preferir este tipo de ofertas a la hora de adquirir viviendas; si deseamos un mundo sin plástico de un solo uso (como los carrizos o las bolsas), debemos dejar de usarlos. En este punto alguien me podrá decir que los estados deben legislar sobre estas cosas, y tendrá razón al decirlo, el asunto radica en tener claridad que la legislación y las políticas públicas responden, casi siempre, a la presión que genera la sociedad cuando la opinión de la mayoría las timonea hacia algún destino.

Este argumento me trae justo hasta el punto de esta nota, se viene un cambio en las instituciones del Estado, todos los actores de la sociedad estamos expectantes frente a lo que traerán, pero lo más importante es entender que no estamos inermes frente a las nuevas circunstancias. Si deseamos ecosistemas de emprendimiento e innovación reales, activar la educación como herramienta de cambio, buscar nuevos modelos de negocio para el país, ser más ecosostenibles, impulsar la economía naranja, promover metodologías de transparencia y gobernabilidad por medio del ‘gobierno abierto', darle prioridad a la movilidad sostenible, conectar con la ‘cuarta revolución industrial' , tener una economía con más componentes TIC... en fin, todas esas causas que impulsan a muchos hoy día en el país (y el mundo), lo correcto es salir y ser conscientes del poder que nuestras decisiones diarias tienen. Cada producto o servicio que escogemos es un voto a favor de una tendencia que podemos favorecer o cancelar.

Gandhi dijo alguna vez ‘debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo', y hoy más que nunca se hace urgente que seamos conscientes de ello.

‘Siguiendo esta línea de análisis, podemos deducir que las decisiones de consumo y comportamientos económicos, al sistematizarse tienen la posibilidad de cambiar el mundo...'.

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