El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
- 02/05/2010 02:00
Es poco fluido al hablar y en muchas ocasiones difícil de entender, tan excéntrico como para casarse en un circo, tan poco convencional como para bajarse los pantalones ante la mirada impávida de centenares de estudiantes de la universidad de la cual era rector, encarna la oposición a Álvaro Uribe —el presidente más popular en la historia de Colombia— y hace pocos días declaró públicamente que sufre de Parkinson. Aún así, según todas las encuestas, Antanas Mockus, un filósofo y matemático de 59 años, descendiente de lituanos y prototipo del anti- establecimiento, sería el próximo presidente de Colombia.
En marzo apenas llegaba al 9% en las encuestas, que ganaba el ex ministro de defensa de la administración Uribe, Juan Manuel Santos, con un holgado 36%. Sin embargo, en apenas dos meses, se catapultó en ellas, al punto que en la última, publicada el viernes pasado, aventajaba a Santos por 12 puntos al obtener en la primera vuelta una favorabilidad del 38.7% frente al 28.7% de Santos y en la segunda vuelta el 41.5% frente al 29% de Santos.
¿Cómo surgió este fenómeno político que en apenas unas pocas semanas ha revolucionado la escena política colombiana y que amenaza desplazar del poder al hasta hace poco inderrotable uribismo?
Todo comenzó con la alianza entre tres ex alcaldes de Bogotá – Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Luis Eduardo Garzón— quienes al no sentirse identificados con ninguno de los partidos en la contienda por la presidencia, unieron esfuerzos y se adhirieron al Partido Verde, una minúscula agrupación política nacida en 2005 pero sin mayor fuerza electoral. “Los tres tenores”, como los denominaron en la prensa, dieron la primera sorpresa el 14 de marzo cuando en la consulta interna para escoger el candidato presidencial participaron más de 1 millón 800 mil personas. Con una campaña fresca, en la que los tres antiguos competidores políticos se convirtieron en coequiperos, el Partido Verde empezó a conquistar espacios, especialmente entre quienes no se identifican con la política tradicional, y a marcar una sentida diferencia con el carácter caudillista del Uribismo.
La revolución verde despegó sin embargo cuando el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, quien había sufrido una gran derrota en las elecciones legislativas de marzo, aceptó ser la fórmula vicepresidencial de Mockus. Joven, carismático, matemático como Mockus y con una gestión que transformó a Medellín, Fajardo completó la dupla y representó para el equipo su consolidación.
UNA CAMPAÑA DIFERENTE
A partir de entonces, los adherentes a esta austera campaña – Mockus rechazó 2.2 millones de dólares de financiación estatal donde el poder de movilización se le ha entregado a los propios simpatizantes bajo el lema “Esta campaña la haces tú”, no han parado de multiplicarse. En Facebook, los simpatizantes de Mockus ya llegaron a 500 mil y en las últimas semanas han avanzado a un ritmo de 10 mil por día. +3B Provenientes ante todo de las clases media y alta y de la franja joven, los seguidores del Partido Verde han encontrado que el ex alcalde encarna un anhelo de cambio que – a pesar de la popularidad del presidente Uribe- se está sintiendo fuertemente en el país, alimentado sobre todo por los escándalos que salpicaron la administración en sus últimos años como el otorgamiento de subsidios para la agricultura a simpatizantes del gobierno, el asesinato de jóvenes inocentes para contabilizarlos como bajas de la guerrilla, la interceptación de los teléfonos de los opositores y el talante desinstitucionalizador e intolerante del Presidente, quien trató de cambiar de nuevo la Constitución para optar por un tercer periodo y mantuvo con la Corte Supema de Justicia un permanente enfrentamiento por sus diferencias de criterio frente al gobierno.
La gran obsesión de Mockus es la educación. “Está convencido de que la educación –un tema que carece de sex appea l en las campañas políticas– hace la diferencia”, dice la periodista María Elvira Samper, ex editora de la Revista Cambio. Y así lo demostró a lo largo de sus dos periodos al frente de la capital. Con métodos poco usuales y cargados de simbolismos como vestirse de superhéroe, llenar la ciudad de mimos, o bañarse vestido en una fuente pública, Mockus se empeñó en modificar el comportamiento de los bogotanos y obtuvo logros significativos como que los peatones cruzaran por las cebras, los conductores usaran cinturón de seguridad, la gente ahorrara agua y los ciudadanos pagaran más impuestos voluntariamente. Con su ley zanahoria – que pronto imitaron otras ciudades– obligó a la gente a irse a dormir más temprano y disminuyó considerablemente el índice de criminalidad en Bogotá.
A diferencia del Presidente Uribe quien a lo largo de su mandato demostró que para él “el fin justifica los medios”, como en el ataque al campamento de las Farc en territorio ecuatoriano, Mockus está convencido de que respetar las leyes es la llave de la convivencia y su filosofía y su programa que ha denominado “Legalidad Democrática” (vs. la “Seguridad Democrática” de Uribe) están basados en la ética. “La corrupción es ahora el tema central de campaña y no la seguridad”, explica Cesar Valderrama, director de Datexco, la firma que realizó la encuesta donde el ex alcalde aventaja a Santos por 12 puntos. “Mockus se conecta con el electorado a partir de su imagen no política que es una imagen de anticorrupción. La campaña está polarizándose entre los políticos y los antipolíticos”.
“Me gusta por su autenticidad, porque no se deja encasillar y porque tiene una forma distinta de aproximarse a los problemas. Cree en los métodos pacíficos para resolver conflictos y su modelo de seguridad no se basa solamente en el fortalecimiento del Ejército y está centrado en valores como la tolerancia y el respeto”, anota Samper. “Se mueve por convicciones profundas, no se siente iluminado, ni salvador, a pesar de que su apellido, Mockus, quiere decir Moisés.”
UN BICHO RARO EN POLÍTICA
Hasta 1990, cuando fue designado rector de la Universidad Nacional, Antanas Mockus era un desconocido académico. Sin embargo, su desempeño al frente de la institución educativa más importante lo dio a conocer al país, no tanto por la reforma académica y administrativa que adelantó, sino por sus polémicas actuaciones como bajarse los pantalones y mostrarle el trasero en a un grupo de estudiantes que le impedía hablar.
Aunque su atrevimiento le costó el cargo, también lo convirtió en un personaje popular a los ojos de muchos colombianos, sobre todo jóvenes, que vieron en él a un líder inusual, capaz de romper moldes con un lenguaje fresco y una actitud desafiante hacia el establecimiento. Con una campaña sin precedentes, en la que no hubo publicidad, y con la promesa de transformar a Bogotá en una ciudad donde el respeto fuera la base de una nueva cultura ciudadana, Mockus ganó la Alcaldía de la capital en 1995, convirtiéndose en el primer representante de la “antipolítica” en llegar a un cargo de elección popular. En 1997 renunció al cargo para aspirar a la presidencia de la república, y terminó siendo fórmula vicepresidencial de Noemí Sanín, hoy contendora suya en representación del Partido Conservador. En 2000 ganó nuevamente la Alcaldía de Bogotá, donde continuó con su labor pedagógica y transformadora de la ciudad.
Quienes lo conocen aseguran que es un hombre distante, pero que genera confianza por su autenticidad y su transparencia. No actúa como producto del cálculo político sino por convicciones profundas, cree en la autoridad más que en la fuerza y, aunque hay quienes lo consideran como un arrogante intelectual, oye a los demás cuando hablan con argumentos, sabe reconocer sus errores y no teme pedir perdón, como lo hizo -con su peculiar estilo- bañándose en una fuente pública para pedirle a los bogotanos que lo volvieran elegir a la Alcaldía a pesar de haberse retirado la primera vez sin terminar su perÍodo.
Su gran bagaje intelectual, sin embargo, juega a veces en contra suya. Su nivel de raciocinio puede ser tan elevado que no es fácil entenderlo y su complejidad lo convierte en una persona poco pragmática a la que en ocasiones se le dificulta tomar decisiones rápidas. No se ha caracterizado por ser un gran gerente. Aunque le gusta trabajar en equipo y selecciona cuidadosamente sus colaboradores, las discusiones en que se enfrasca pueden ser interminables y no terminar en nada. Aún así, sus dos períodos en la Alcaldía de Bogotá son vistos como una época muy positiva para la ciudad, en la cual se condujeron con especial cuidado las finanzas públicas, fue firme en el manejo del orden público sin ceder a presiones, y logró infundir en los bogotanos un sentido de pertenencia y responsabilidad frente a su ciudad, labor que continuó Enrique Peñalosa hoy su coequipero en el Partido Verde.
¿HASTA DÓNDE LLEGARÁ?
El crecimiento vertiginoso de Mockus tiene desconcertados, naturalmente, a todos los colombianos y particularmente a quienes daban por seguro que el próximo presidente sería quien recogiera las banderas de Uribe, que tras ocho años de gestión mantiene un índice de aprobación superior al 70%.
En la contienda por la Presidencia, Mockus se enfrenta a cinco pesos pesados de la política, entre ellos el ex ministro Juan Manuel Santos, señalado por Uribe como su sucesor natural y cabeza de la operación Jaque, la más exitosa realizada contra la guerrilla colombiana, y en la cual se liberaron 14 rehenes entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancur. A pesar de que en los tres debates televisados que han tenido lugar hasta ahora, Mockus ha tenido dificultad para expresar sus propuestas –el poder de síntesis no es una de sus virtudes- su crecimiento en las encuestas parece incontrolable, mientras sus adversarios ven disminuir a pasos agigantados sus huestes.
Aunque los sondeos están concentradas en los municipios y dejan de lado los sectores rurales donde -según los analistas- Uribe dejó sembrada con sus Consejos Comunales una sólida masa de seguidores, es difícil predecir, a un mes de las elecciones, hasta donde subirá la espuma mockusiana. Y la razón es que, por tratarse de un fenómeno de opinión, su capacidad de sumar adeptos es imposible de anticipar. La abstención en Colombia ha sido usualmente superior al 50% (55% en 2006) y es precisa mente a esa masa apática, compuesta en buena parte por jóvenes, a la cual le llegan más las propuestas innovadoras y el lenguaje irreverente de Mockus. Según las encuestas, en las elecciones del próximo 30 de mayo podrían participar más de 15 millones de personas (3 millones más que en 2006) y, de acuerdo con la tendencia, una gran parte de ellas podría ser partidaria de Mockus. A diferencia de sus contrincantes que son percibidos como representantes de la vieja clase política, Mockus y Sergio Fajardo -su fórmula para la vicepresidencia- han logrado cautivar a una gran cantidad de jóvenes que ven en ellos un tipo de liderazgo fresco, que los interpreta al apelar a los valores, no dejarse comprar y no ceder ante las presiones del establecimiento.
Aún así, el triunfo todavía no es seguro. Apabullados por la revolución verde, los contrincantes de Mockus están armando toda su artillería para detenerlo. En la trastienda de los partidos los hilos políticos no han dejado de moverse tratando de entretejer alianzas que impidan que este tsunami acabe con sus aspiraciones. Al interior del partido Consevador, la ex embajadora Noemí Sanín –cuya campaña ha ido perdiendo terreno aceleradamente-- se ha encontrado con una rebelión encabezada por Andrés Felipe Arias, ex ministro de Uribe, quien no ha escatimado esfuerzos por convencer a sus copartidarios de una alianza con Santos. El propio presidente Uribe, a pesar de que la ley se lo prohíbe, ha salido a defender a su “elegido” y a atacar a Mockus a quien acusa de no haber sido suficientemente duro contra la guerrilla y el terrorismo durante su paso por la Alcaldía.
Hasta ahora, ningún candidato en Colombia ha ganado la presidencia sólo con voto de opinión. Luis Carlos Galán, un fenómeno político en la década de los 80, sólo fue un candidato viable cuando regresó al Partido Liberal y contó con su apoyo.
Y el partido Verde, que alcanzó en las elecciones parlamentarias 5 senadores y 3 representantes, no cuenta con el respaldo de la clase política que lo ve como su principal enemigo. Una de las mayores dificultades que tendría Mockus de llegar al gobierno sería precisamente la ausencia de una fuerza parlamentaria que lo apoyara en sus proyectos. Aunque ya vivió una situación similar en el Concejo de Bogotá cuando fue Alcalde, la oposición a nivel nacional podría convertirse en una verdadera piedra en el zapato para sus propósitos renovadores.
Con este panorama, las elecciones colombianas – las más agitadas de los últimos tiempos- estarán marcadas sin duda alguna por una confrontación entre el establecimiento, representado por Santos y los demás candidatos- y dos outsiders, Mockus y Fajardo, que hasta ahora han demostrado que en política, dos matemáticos no suman sino multiplican.