Una hoguera y una voz

Actualizado
  • 23/08/2015 02:00
Creado
  • 23/08/2015 02:00
¿Cómo puedo instar a los chicos a que lean si no tienen acceso a los libros de los que les hablo?

Así empiezan muchas buenas historias, solamente con una hoguera en medio de la noche y con una voz que cuenta.

Una de mis películas favoritas de todos los tiempos empieza con un niño enfermo y aburrido y con un abuelo que trae un libro.

Me convocan a menudo a dar charlas en colegios y universidades sobre literatura, cuando llego y me enfrento a unas cuantas decenas de ojos veo en ellos abulia y el convencimiento de ir a pasar un rato muy aburrido. Quince minutos después los he conquistado (y me digo a mí misma: ‘mi misma, eres lo más'). Aunque en realidad no lo haya logrado yo, sino el corsario de Byron, Heathcliff, Aquiles masacrando troyanos o el pirata de Espronceda. Quizás esa vez haya sido Aureliano Buendía el que hizo su magia, o Patricia Highsmith o Agatha y sus diez negritos bailando en mi voz.

Los humanos no somos más que seres deseosos de sueños. Nuestras mentes necesitan la adrenalina de un relato bien contado. Cuando no les ofrecemos ese manjar, hambrientas, devorarán lo que haya, autoayuda, erotismo descafeinado o noveluchas de tres al cuarto. Pero cuando ofrecemos a nuestra imaginación la posibilidad de degustar buena literatura… ¡Ah!, entonces descubrimos un universo completamente nuevo, otros mundos posibles, mejores o peores, paralelos, reales o pasados. Quizás futuros o futuribles. Amores y desamores, odios acérrimos y el olvido de la muerte. Lágrimas, risas, sangre, sudor y semen. Banquetes. Esclavitud y libertad.

La literatura es el mejor opio que el ser humano ha encontrado, ninguna otra droga es más potente enteógeno que la letra escrita. Los libros han creado dioses y los han mantenido durante miles de años. Los libros son sagrados y divinos. Junto con la espada han doblegado civilizaciones y masacrado a mujeres y relapsos.

Los libros se han quemado como se queman las sábanas de los contagiados por la peste. La Peste, tan literaria ella, mandando a gente al Infierno, tan literario también, tan Paraíso Perdido. En los libros encontramos alcahuetas inmortales, diablos cojuelos, botas azules, tigres, a Sandokán y con la absenta de los poetas malditos recorremos más de veinte mil leguas bajo el mar, huyendo del monstruo que Mary creó y que la persiguió hasta su muerte sujetándola en un tétrico vals.

Acaba de terminar una nueva edición de la Feria del Libro de Panamá y, después de felicitar a la organización por un impecable manejo de algo tan complejo, he de decir que me queda en la boca un cierto regusto amargo a esfuerzos desaprovechados, ¿y el resto del año qué? ¿Dónde está el INAC? ¿Congresos de literatura de cierto nivel?

¿Dónde están las bibliotecas públicas en el interior del país? ¿Las bibliotecas en las escuelas de los pueblos escondidos?

¿Cómo puedo instar a los chicos a que lean si no tienen acceso a los libros de los que les hablo? Hace unos meses, en una de las librerías de más renombre de la capital, la empleada no sabía escribir el nombre de Quevedo. Verídico señores: tuve que corregirle en la pantalla una k inicial, y ni aún así tenían las obras completas de uno de los grandes de la lengua castellana. Pero bien a la vista había una mesa rebosante de ejemplares erótico-sombríos. Entonces fue cuando me deprimí.

Fomentar la lectura es trabajo de todos, padres, maestros, libreros, escritores y las autoridades, (las estúpidas autoridades que consideran que asistir a la inauguración de una Feria del Libro es tiempo perdido). Esto último es lo más difícil, porque todos sabemos que a las ovejas ignorantes se las maneja mucho más fácilmente.

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