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- 11/11/2015 01:01
En la década de 1970, un joven de Colón llegó a Nueva York con 44 dólares en el bolsillo y ganas de trabajar.
Convencido por el novio de una prima en aquel entonces, Erick Martínez arriesga todo para radicarse en la Gran Manzana.
‘Afortunadamente, como tenía un look muy latino, conseguí trabajo como bailarín, hice algo de modelaje, tomé clases de actuación y trabajé en lo que nunca falla, la comida', cuenta Martínez, que luego se estableció como organizador de eventos por más de 25 años.
EN LAS RAÍCES
Fue criado al son del palenque y un tamborito atravesado, por lo que el folclore ha estado presente durante toda su vida.
‘Yo nací en Colón, pero mi familia es de Donoso. Me crié en una cuna del folclore, Miguel de la Borda (capital del distrito de Donoso). Allí bailaba congo desde muy pequeño, con una señora que se llamaba Chencha. Ella era la cantalante. Yo me iba a los palenques y mi abuela me iba a buscar', recuerda Martínez en uno de los balcones de su residencia en el Casco Antiguo.
Ya en su adolescencia, mientras cursaba estudios en el Colegio José Guardia Vega, se incorporó al conjunto folclórico y trabajó con la promotora cultural Digna Escobar, el profesor Héctor Hooper y la figura del folclore nacional, Lucy Jaén.
‘Ella fue quien me enseñó a moldear mi voz y cantar', dice Martínez sobre Jaén.
Con su formación en la música y bailes panameños, recorrió el país participando en los festivales regionales, como el del Manito Ocueño, el de Guararé.
‘Conocí mi patria antes de irme al extranjero', recalca quien lo ha cultivado en otras latitudes.
MÁS DE UN VERANO
Es así que, al radicarse en Nueva York, se llevó todo aquello consigo y comenzó a esparcirlo en las comunidades panameñas residentes allá.
En medio de sus trabajos, Martínez tenía un grupo de proyecciones folclóricas y le daba clases de bailes típicos a otro grupo en Brooklyn.
‘Había mucha gente con ganas de aprender a bailar [danzas folclóricas]. Teníamos tres divisiones, adultos, jóvenes y niños. Son personas que no habían vivido el folclore como nosotros, eran una segunda o tercera generación de panameños nacidos allá que querían aprender y son los que han desarrollado mucho las tradiciones panameñas', comenta el organizador de eventos ya retirado.
EN PROYECTOS
‘Para mí, en Estados Unidos yo trabajo y en Panamá yo vivo', revela. Es por eso que, desde hace diez años, viene desarrollando diferentes proyectos en el país.
Uno de esos fue el comprar un edificio en el Casco Antiguo. Luego de mucho esfuerzo y encomendarlo a Dios, Martínez adquirió y restauró un edificio en Calle 8 con Avenida B, que ahora es su residencia en la parte superior y abajo hay dos restaruantes, Aki y Nazca 21.
De hecho, en el barrio ha entablado amistad con los dueños de los negocios del área, pues cree fielmente en la unión y la cooperación de sus vecinos.
Además, luego de su jubilación como organizador de eventos, se ha dedicado a la pintura, curiosamente usando billetes de lotería como lienzo, para hacerlo aún más panameño.
Asimismo, se sumergió en el diseño de modas y recientemente lanzó su colección de camisetas, ‘El duque de Donoso' en un evento privado. Cuenta que el nombre es un homenaje a la tierra de sus abuelos, aunque reconoce que siente pesar porque son bienes que su familia ha visto mermados por expropiaciones por parte del Estado e incluso por invasión de terrenos.
Así se inventó un título nobiliario que evidentemente no existe, pero sí está en su corazón.
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‘Había mucha gente con ganas de aprender a bailar [danzas folclóricas] en Nueva York'
ERICK MARTÍNEZ
FOLCLORISTA