Comercios que aún entregan bolsas plásticas y consumidores que las exigen reflejan los desafíos pendientes para el cumplimiento de la normativa ambiental...
El campus saturado: el currículum oculto de la gobernanza universitaria
- 14/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Las universidades públicas en América Latina se encuentran en una encrucijada histórica marcada por restricciones presupuestarias y la disrupción de la Inteligencia Artificial. En algunos casos, la desconexión entre el discurso vanguardista y la realidad de los procesos electorales internos, donde impera la saturación visual, el ruido y el clientelismo, desplaza la confrontación intelectual en el marco de un debate centrado en propuestas para definir el rol de la educación superior en los procesos de transformación y para replantear su papel en la sociedad contemporánea.
La selección de las autoridades en una institución de educación superior no puede homologarse a un proceso electoral de la política nacional. La gobernanza universitaria se fundamenta en un modelo de autoridad legítima donde la comunidad participa en la toma de decisiones para salvaguardar la libertad de cátedra y la producción de conocimiento. Las campañas electorales universitarias, referente al país, priorizan hoy día una gobernabilidad pragmática —asegurar el poder a través de la movilización clientelar— a expensas de la gobernanza, asfixiando los canales de participación crítica.
Durante la década de los años 50 y 60, las universidades públicas en América Latina jugaron un papel histórico como núcleos de salvaguarda democrática frente a regímenes autoritarios, la asfixia presupuestaria y los intentos de subordinación ideológica por parte del Estado. La autonomía no era un fuero pasivo, sino un compromiso ético con respecto a la transformación nacional.
En Panamá, los movimientos como la huelga estudiantil en demanda de mejoras a la infraestructura escolar y libertad democrática (Movimiento de Mayo de 1958), la siembra pacífica de pabellones nacionales en la Zona del Canal para reafirmar la soberanía territorial (Operación Soberanía de 1958) y el posterior acuerdo para pacificar el país garantizando la autonomía universitaria y el fuero institucional (Pacto de la Colina de 1958) marcaron un hito para la configuración de la nación.
La educación superior en los países de la región y, particularmente, Panamá, se enfrenta a una crisis caracterizada por la burocratización, la pérdida de su función orientadora de un proyecto nacional y la vulnerabilidad ante restricciones presupuestarias impuestas por el gobierno central. Esta crisis no es únicamente responsabilidad de actores y/o factores externos o estatales ya que la propia institución comparte la responsabilidad al adoptar prácticas internas que contradicen una gobernanza democrática y deliberativa.
Para defender a la universidad frente a los embates de sectores ajenos y honrar su memoria histórica, la legitimidad interna de las autoridades en las elecciones de rectorías y decanatos debe nacer de un riguroso debate programático y no de un ejercicio de popularidad y saturación visual que desgasta la institucionalidad desde adentro.
En una sociedad hiperconectada en la que las plataformas digitales redefinen la interacción humana, era de esperar que la Universidad de Panamá fuera referente estratégico del desarrollo intelectual y de campañas de vanguardia en su actual actividad electoral. Las expectativas apuntaban a un despliegue de dinámicas interactivas, foros virtuales de libre acceso, pódcast de discusión y entornos digitales transparentes donde las propuestas de los candidatos a rectorías y decanatos fueran desmenuzadas por el escrutinio respetuoso de la comunidad universitaria.
Quedaron atrás los valores de la sostenibilidad ambiental y la alfabetización tecnológica de lo que podría ser un torneo de propuestas de alta ingeniería social y educativa, mostrando la preparación para los retos de una nueva era. Es visible una regresión cultural con prácticas físicas de saturación de vallas, pancartas y banderines de papel y plástico que evidencian la falta de compromiso para traducir las herramientas tecnológicas contemporáneas en vehículos de participación democrática.
La saturación de las fachadas, pasillos y cercas perimetrales con pancartas plásticas introduce una contaminación visual y la acústica musical que hace que la discusión de fondo se opaque por la distracción que impone una lógica de posicionamiento masivo. Esto alimenta los argumentos de los sectores externos que buscan deslegitimar la inversión en la educación superior. Cuando las instituciones académicas mimetizan las lógicas del mercado o del populismo secular, sufren una pérdida de identidad que debilita su posición defensiva ante el Estado y gobiernos mercantilizados.
Ante la disrupción tecnológica y de la Inteligencia Artificial (IA), la autonomía ya no debe interpretarse como un aislamiento institucional, sino como la responsabilidad de ser la voz autorizada que guíe la transición digital de la sociedad. Por ejemplo, las propuestas electorales deberían responder, con rigor técnico, a preguntas fundamentales:
Mientras el discurso oficial de los procesos electorales aboga por la transformación universitaria, el currículum oculto desmiente esta retórica en la práctica diaria.
Las campañas actuales presentan una saturación plástica y visual que, tal como advierten las críticas contemporáneas, demuestra que el poder institucional se gestiona a través del impacto perceptivo y despliegue de recursos cosméticos, convirtiendo el campus en un espacio de consumo masivo y relegando la discusión científica y tecnológica a un plano poco relevante.
Para preservar el espíritu académico y blindar a la institución frente a las autocríticas justificadas de su propia comunidad y los ataques externos, resulta indispensable generar un proceso de reflexión interna. El formato y el reglamento de las elecciones universitarias deben responder al objetivo primordial de erradicar los vicios de la política partidista. El torneo electoral universitario debe caracterizarse como ejercicio pedagógico de alta docencia, debate civilizado y solvencia democrática.
Algunas líneas estratégicas bajo un nuevo paradigma son:
Autorregularse no implica debilitar los derechos políticos de la comunidad universitaria; por el contrario, significa blindar el ejercicio democrático de los vicios clientelares de demostrando al país que la universidad pública posee la madurez y la solvencia intelectual y moral para gobernarse a la altura de los tiempos presentes.
La autora es socióloga y profesora de la Universidad de Panamá.