La sinergia, vista a través del arte

  • 09/05/2024 00:00
El artista Brian Vergara celebra sus 25 años de carrera con una exposición en la que explora la conjunción de diversos elementos como el arte y la naturaleza

Al atardecer del pasado martes 7 de mayo, se notaba el ambiente festivo en los alrededores del Centro de Visitantes de Panamá Viejo. El motivo: el artista Brian Vergara celebraba sus 25 años de trayectoria artística con una fiesta en la que no faltó la música –se escuchaban canciones de grupos de rock en inglés de los años 80 como Simple Minds y Tears for Fears– y los famosos raspaos se distribuían en un carrito localizado a la entrada de uno de los sitios históricos más famosos de la ciudad capital.

Seguidamente, al filo de las 7:00 p.m., se acercaban los autobuses que llevarían a los invitados hasta el Museo de la Plaza Mayor de ese centro turístico –donde estará la exposición hasta el próximo 9 de junio– con dos ventrílocuos a bordo que contaban las anécdotas vividas de quien en ese entonces era un joven Brian Vergara que soñaba con ser artista. Uno de ellos, don Manolo, relataba con un lenguaje jovial, que a ratos hacía reír a carcajadas a los pasajeros, las vivencias del artista y mostraba a los presentes algunas obras ubicadas en el trayecto al museo, situadas entre las ruinas de Panamá La Vieja.

Una vez terminado el recorrido, los invitados fueron testigos de una celebración cuyo eje central era las obras de Vergara, que tienen un elemento central en común: el guayacán. En entrevista con La Estrella de Panamá, el artista expresó que el guayacán es para él un elemento muy especial porque significa el ‘árbol de la vida’.

“El guayacán es un árbol de luz. El amarillo representa al sol y representa a Dios. Entonces, eso es lo que quiero representar en la obra y siempre ha sido mi búsqueda. El guayacán tiene un impacto único y forma parte de mi búsqueda hacia la luz”, expresó.

Los 25 años de carrera artística de Vergara fueron inicialmente marcados por su padre, quien lo apoyó para que siguiera su sueño e incursionara en las bellas artes, una pasión que siempre lo perseguía desde niño ya que a muy temprana edad le agarraba el gusto al dibujo y a la pintura.

“Cuando quise estudiar bellas artes, mi madre pensó que mejor debería estudiar otras cosas, porque sucede que cualquier padre cuyo hijo le diga que quiere estudiar artes, lo quiere disuadir de que haga eso. Una de las cosas que sucedió es que cuando comencé a estudiar el bachiller en artes en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Panamá, mi profesora en ese entonces –Melinda de Soler– fue a mi casa y les dijo a mis padres que cómo era posible que me dejaran estudiar bellas artes. Yo le agarré odio a esa profesora, pero te puedo decir que hoy le doy gracias a ella, porque ese odio que yo le tenía fue mi combustible para demostrar que yo era capaz de vivir del arte. Hoy ya la perdoné. El arte no se debería asociar siempre con lo bohemio y lo desprolijo. El arte es algo formal y, de hecho, la intencionalidad dentro del arte lo hace aún más formal. Eso hace que el arte toque el alma de quien lo observa.”, relató.

Otro de los profesores que marcó su vida fue José Arroyo, quien junto a otros alumnos de la secundaria le enseñó a pulir sus habilidades que hoy marcan su camino en torno al arte.

Vergara lleva fijamente marcados los 25 años de carrera desde que vendió su primer cuadro a los 14 años de edad. Con un espíritu independiente que caracterizó su juventud, compaginaba su pasión por las artes con el skateboarding, una disciplina que practicaba a menudo con sus amistades en la plaza central de Penonomé, de donde es oriundo. Una vivencia que muestra en dos de sus obras que están reflejadas en un patinete cada uno y que se denominan: Raspao de limón y raspao de lima. Cabe destacar que los raspaos de hielo que se entregaban a los asistentes de la exposición formaban parte de los recuerdos de aquellas tardes que pasaba Vergara junto con sus amistades en esa plaza central.

El porqué de ‘Sinergia’

Vergara decidió nombrar Sinergia a esta exposición para agradecer a todos los amigos y colaboradores que lo apoyaron en su carrera artística, en un evento que realiza una oda a la sinergia en sí misma, en la que dos personas o más se unen en torno a la materialización de un objetivo en común.

El artista hace alusión a otra sinergia en sus obras: la conjunción entre la naturaleza y la vida. Vergara pudo experimentar esto más a fondo en el año 2020 cuando se mudó a Cerro Azul, cuando el país se vio trastocado por los efectos de la pandemia. Este ha sido un lugar donde encontró la paz y la inspiración de la naturaleza para poder crear.

“Yo pensé que la pandemia iba a durar 15 días, pero ya llevo cinco años viviendo allí en Cerro Azul donde mi casa es, a la vez, un estudio y una galería. El clima, las plantas y la cercanía con la ciudad ayudaron a tomar esa decisión. Por otro lado, tenía una preocupación muy grande respecto a quién me va a comprar un cuadro en plena pandemia, pero gracias a Dios pude seguir vendiendo. Finalmente siento que encontré qué era lo que quería hacer y por ello llamo a esta muestra ‘Sinergia’ porque yo quiero dejarme ayudar y, al mismo tiempo, poder ayudar a otros en todo momento”, agregó.

Esa voluntad de poder ayudar y ser asistido tuvo su origen en un proceso de reflexión interna del artista en el que se dio cuenta que su éxito actual pudo ser posible gracias a la ayuda que recibió de otros durante su formación artística.

“Sin todas estas personas que están presentes hoy en la exposición, no lo hubiera podido lograr. Realmente ellos formaron una parte significativa de cada uno de los períodos en los que fui forjando mi carrera, como los amigos, los coleccionistas de arte, los profesores, mi familia, especialmente un tío mío que me enseñó a realizar cuestiones artísticas básicas –como el moldeo a la cera perdida– cuando era un niño. Antes me sentía solo, porque me sentía incomprendido como artista, ya que sentía que era alguien menospreciado. Pero después me di cuenta de que no era la gente, era yo el que sentía que la gente me menospreciaba y el que sentía que la gente no me valoraba como artista. Hoy, yo mismo no me desprecio, yo me valoro, me quiero y quiero a mi familia y a mi esposa, y he estado en una transición en la que conocí a Dios y mejoró mi matrimonio. Estuve al borde de una ruptura con mi esposa, pero gracias a Dios no sucedió. Hoy estamos mucho mejor. Aprendí cosas que uno normalmente no las ve”, contó.

Es en ese contexto que ve a la naturaleza, como un espacio propicio para cosechar y sembrar no solo la inspiración plasmada en un cuadro, sino las cosas buenas que pueden suceder en la vida. En tanto, Vergara considera que el reto al que se enfrenta cualquier artista al inicio de su carrera es tener la capacidad de aceptarse a sí mismo.

“La primera piedra nos la ponemos nosotros mismos. El síndrome del impostor nos acompaña por muchísimo tiempo, pero también es algo bueno en el sentido de que te ancla a tierra e impide que uno se crea la gran cosa. El artista tiene la capacidad de cambiar el mundo que le rodea con algo nuevo. En mi caso, quiero hacer arte para las personas y llegarle a más gente y, con ese arte, también mover el turismo y la educación con esa sensibilidad que los artistas podemos aportar al país”, puntualizó.

Brian Vergara
Artista
El guayacán es un árbol de luz. El amarillo representa al sol y representa a Dios. Entonces, eso es lo que quiero representar en la obra y siempre ha sido mi búsqueda”
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