- 18/02/2026 00:00
Después de protagonizar uno de los juicios más llamativos a nivel mundial en lo que se refiere a la violencia sexual, Gisele Pélicot rompe finalmente el silencio mediante el libro de memorias ‘Un himno a la vida’, en el que relata que si bien atravesó momentos difíciles al enterarse de que su propio marido Dominique invitó a que otros hombres abusaran de ella, al final encontró la fortaleza que necesitaba al afrontar el juicio gracias al apoyo que recibió tanto dentro como fuera de Francia.
En una entrevista con la BBC, aseguró que esas muestras de cariño – recogidas especialmente por su decisión de hacerse visible, a pesar de tener un derecho al anonimato – ayudaron a suavizar las humillaciones que sufren las víctimas de violencia sexual dentro de los tribunales al ser nuevamente revictimizadas cuando llega el juzgamiento de sus agresores.
En el caso de Pélicot, tanto ella como sus tres hijos tuvieron que aguantar las insinuaciones tanto de los 50 hombres acusados de abusar de ella como de sus abogados, quienes no querían admitir sus delitos, a pesar de que quedaron en evidencia con los videos que el marido de Pélicot grabó y que también fueron confiscados por la Policía.
Ese material fue el que Giséle vio por primera vez en noviembre de 2020 cuando en la Comisaría de Aviñón le enseñaron algunos de los videos que incautaron de su marido Dominique en los que se veía cómo alrededor de 70 hombres – contactados por su marido a través de foros de internet – abusaban sexualmente de ella mientras se encontraba inconsciente, debido a los somníferos que su ahora exesposo le administraba en sus alimentos y bebidas.
Los oficiales de policía confiscaron el material audiovisual tras ejecutar un allanamiento en su vivienda al ser sorprendido en septiembre del 2020 tratando de grabar debajo de las faldas de las mujeres que se encontraban en el baño de un supermercado.
Al enterarse por un detective, de que pudo haber sido víctima de más de 200 violaciones auspiciadas por su entonces esposo, Giséle Pelicot confió en una entrevista al diario estadounidense The New York Times que sintió la misma vergüenza que sienten todas las víctimas de violencia sexual al enterarse de que fueron objeto de este delito.
“Creo que todas las víctimas sienten esa vergüenza. Te sientes sucia, te sientes degradada. No hay nada humano en ello. Pasé horas en la ducha intentando lavarme esta suciedad, esta mugre que te hace sentir deshumanizada”, rememoró Pélicot.
Por si fuera poco, la Policía también le comunica a Giséle que su exesposo Dominique tenía fotografías tanto de sus nueras bañándose en la ducha como de su propia hija Caroline – quien no descartó más tarde la posibilidad de haber sido víctima de un incesto – dormida en ropa interior.
“El sufrimiento no necesariamente une a una familia. Hay que entenderlo, es como una explosión que lo destroza todo. Intentamos recuperarnos, cada uno a nuestra manera y a nuestro tiempo. Es cierto que lo que vivió Caroline es extremadamente doloroso. Me conmueve profundamente su sufrimiento, porque esta duda persistente es un infierno ineludible. No hay respuestas. Están esas dos fotos de ella dormida que abren muchas preguntas. Pero yo no tengo respuestas, y monsieur Pélicot [como llama de ahora en adelante a su exmarido] tampoco se las dio. Espero que algún día sienta remordimientos y se atreva a hablar con su hija. Sé que ella sufre mucho”, dijo Pélicot al diario The New York Times, sobre el impacto que lo sucedido tuvo en su familia.
En otra entrevista concedida al diario español El País, incluso sugirió que de no haberse descubierto la razón real por la cual tenía lagunas mentales y sufría desmayos constantes por el exceso de somníferos que le administraba su marido, tal vez no habría estado viva para contarlo.
“Me hubiera matado. Me sedaba continuamente, tenía cada vez más lagunas, no recordaba nada. Cuando traía a casa a sus hombres, me levantaba sin recuerdos. Hacía falta que algunas circunstancias me recordaran lo que ocurría, una llamada por la mañana de un amigo diciéndome que por la noche estaba extraña, diciendo cosas inconexas. Me preguntaba si había bebido, que no era coherente, repetía todo el tiempo las mismas frases. Luego le preguntaba al monsieur Pelicot y él respondía que me veía bien y que no preocupase a mis hijos”, recordó Pélicot.
Llegado el momento del juicio, Pélicot decidió adoptar una postura firme resumida en una consigna: “La vergüenza tiene que cambiar de bando”. O dicho de otra forma, los que tienen que sentir vergüenza son los abusadores, no sus víctimas. Al principio, Giséle no estaba tan convencida de querer revelar su identidad públicamente ante los medios de comunicación por temor al escarnio público. No obstante, su hija le instó a que enfrentara el juicio con la frente en alto, de forma tal que no le hiciera un favor a los acusados de agredirla sexualmente.
“Cuando llevamos esta vergüenza con nosotras, se añade sal a la herida, como si te condenaran dos veces, porque sigues infligiéndote ese dolor a ti misma. Luchar contra esa vergüenza a nivel individual, rechazarla para mí misma, también significaba trabajar para el colectivo”, decía Pélicot al New York Times, refiriéndose a aquel momento en el que posiblemente no se daría cuenta del poderoso mensaje que mandaba a otras víctimas de violencia sexual en el mundo que podrían sentirse solas o desprotegidas.
Con esa premisa, y pasada la tormenta mediática que trajo consigo tanto el escándalo como el juicio, decidió publicar su libro de memorias, el cual más que un testimonio de primera persona, es un manifiesto en favor de la posibilidad salir profundamente airoso de las pruebas difíciles que, a menudo, suele poner la vida.
“Necesitaba explicar mi trayectoria vital, dirigirme a todos aquellos y aquellas que me han apoyado. Era una manera de responderles. Escribir este libro con [la periodista y novelista francesa] Judith Perrignon, en quien confiaba plenamente, fue a la vez doloroso y apasionante”, admitió Pélicot en una entrevista concedida a la agencia de noticias AFP.
Hoy en día, después del trauma sufrido y de la tormenta que atravesó, Giséle Pelicot encontró nuevamente el amor de una forma “adolescente”, según ella lo describe. En lo que se refiere a su anterior marido, no tiene sentimientos de venganza.
“Separé lo negativo, los traumatismos, los encerré en un cofre y tiré la llave. Solo guardo lo mejor. Viví mucho con él, nos enamoramos muy jóvenes y tuvimos tres hijos. Y eso no lo puedo borrar. A algunos les parecerá raro o sorprendente. Pero no conservo ni odio ni rabia. Solo un sentimiento de traición, de impotencia e indignación. El odio y la rabia te destruyen”, elaboró ante El País.
Hoy Giséle decide seguir viviendo para ser feliz.