Maritzel Cruz: “La constancia y atreverse a decir ‘no sé’ son la clave del éxito”
- 17/02/2026 00:00
Con más de 25 años de experiencia en diferentes ámbitos como la ejecución estratégica, el desarrollo ejecutivo, la productividad, el liderazgo y la gerencia, Maritzel Cruz ha labrado una trayectoria marcada por la conquista de metas y la realización profesional.
En una entrevista concedida a ‘MÍA: Voces Activas’, Cruz describe a este diario el camino que recorrió hasta convertirse en una referente del liderazgo corporativo y el coaching. En este último ámbito, comparte sus conocimientos al frente de la firma especializada Kinesis Coaching & Consulting, que fundó en 2013.
Además, es secretaria de la Asociación de Directoras de Panamá y se desempeña como directora externa independiente en varias empresas, como Ingenio Magdalena —donde preside el Comité de Auditoría—, Malvern Inc. (Ciudad Cayalá) —liderando el Comité de Talento—, Multibank y Grupo Tzanetatos, así como en otras compañías de capital privado y familiares. Asimismo, fortaleció su experiencia comercial, estratégica y en negocios internacionales durante más de 15 años en la institución financiera estadounidense American Express.
Cuenta con un MBA de la Schulich School of Business (York University, Canadá) y formación ejecutiva en Wharton, INCAE y University of Miami. Es coach ejecutiva certificada, expresidenta del Capítulo de Panamá de la Federación Internacional de Coaching, miembro fundadora de la Red Regional de Mentoras para la Empresarialidad Femenina del Centro Regional de Promoción de la MIPYME del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y miembro activo de iDirectores, entre otros.
En la conversación, Cruz aborda diversos temas, entre ellos cómo saber escuchar y trabajar en equipo le abrió puertas, y cómo el éxito y el trabajo constante finalmente rinden frutos.
Yo estudié Comunicación Social en la ULACIT porque fue la carrera en la que conseguí una beca. En ese momento, mis papás estaban pasando por una situación económica muy difícil. Yo había sido aceptada en Estados Unidos, pero tuve que hacer un cambio drástico de planes.
Apliqué a varias becas y a distintas carreras para poder empezar a estudiar y trabajar lo más rápido posible, porque mi vida había cambiado al 100 %. Comunicación Social fue la primera opción que se concretó. Era una de las que me interesaban, pero no estaba en primer lugar en mi lista. Yo quería estudiar negocios.
Sin embargo, hoy lo veo como una bendición. Estudiar Comunicación Social me brindó una estructura sólida de comunicación, investigación y curiosidad; me dio esas ganas de aprender más y de ir a la raíz de las cosas. Eso me ayudó muchísimo cuando empecé a trabajar a los 18 años.
Ese conjunto de habilidades que me dio la comunicación social hoy lo valoro enormemente. Soy muy curiosa y nunca quiero dejar de estudiar; por eso sigo formándome.
Dentro de American Express me dieron la oportunidad de cursar una maestría en Negocios en la Universidad de Toronto y otra en Recursos Humanos en la Universidad de Miami. Todo esto fue auspiciado por la empresa.
Posteriormente, continué preparándome como coach ejecutiva en INCAE Business School y me formé también como consultora de empresas familiares, además de profundizar en temas de gobierno corporativo, liderazgo, desarrollo de la inteligencia emocional y comunicación en el ambiente de trabajo.
Tengo como regla general realizar algún diplomado cada dos años y estar siempre expuesta a seminarios y capacitaciones, porque creo que no lo sabemos todo. De hecho, mientras más estudio, más consciente soy de lo que aún me falta por aprender. Eso es algo que me llena profundamente.
Creo que es una historia de constancia y perseverancia. Y esta es una confesión: a mí me gusta trabajar. Siempre me ha gustado cumplir metas, entregar resultados y asumir retos. No nací para quedarme en casa ni para tener un trabajo fácil; me gustan los trabajos exigentes.
Eso se notó desde el principio. Cuando nadie quería hacer algo, yo levantaba la mano. Cuando el trabajo era difícil, yo me lanzaba. Si era una tarea que nadie había hecho y parecía pesada, me sentaba con mi jefe y le preguntaba: “¿Qué tengo que hacer para lograrlo?”.
La constancia es clave, y la competencia es con uno mismo. Además, es importante no tenerle miedo al trabajo, sino disfrutarlo. Creo que hoy en día eso se ha perdido un poco y muchas personas buscan lo fácil. La satisfacción de un trabajo bien hecho es indescriptible: es deliciosa, profunda y verdaderamente enriquecedora.
Mi historia de éxito también está marcada por la capacidad de tomar riesgos y aprender. De aceptar un trabajo quizá más grande de lo que imaginaba, pero asumirlo con dedicación, compromiso y excelencia; de preguntar y atreverme a decir “no sé”. No tengo miedo de decirlo. Si me hacen una pregunta y no sé la respuesta, digo con confianza: “No lo sé, déjame investigarlo” o “déjame aprenderlo”. Hoy en día muchas personas temen decir “no sé”, pero no tiene nada de malo. Con constancia, dedicación, disfrute por el trabajo y humildad para aprender, se logra una excelente combinación.
Existen obstáculos que aún persisten. No solo hay barreras externas que impone el entorno o el mercado, sino también techos de cristal que a veces nos colocamos nosotras mismas. Es importante observar ambos factores con conciencia y preguntarnos si el obstáculo proviene del entorno o de una limitación interna.
Tuve la fortuna de trabajar en American Express desde 1997. Antes de eso, me desempeñé en puestos locales en Panamá, principalmente en el sector hotelero, y allí sí enfrenté obstáculos.
Era mujer, era joven y a veces se insinuaba que si trabajabas mucho era porque buscabas algo adicional. Ahí comencé a notar las barreras que enfrentan muchas mujeres. Por otro lado, mi mamá trabajó toda su vida, incluso en el Aeropuerto, un entorno dominado por hombres. Ella me inculcó una cultura de trabajo muy fuerte y me enseñó a ser asertiva, a no tener miedo de expresar las cosas con claridad y a pararme hombro a hombro para decir: “Las cosas son así”. Eso lo empecé a demostrar desde muy joven.
Cuando ingresé a American Express, una compañía multinacional, encontré un entorno que en teoría era inclusivo y donde todos podíamos competir en igualdad. Sin embargo, en la práctica no siempre era así. En varias ocasiones noté que compañeros hombres que realizaban el mismo trabajo ganaban más que yo.
Nunca tuve miedo de conversar con mis líderes —y tuve líderes extraordinarios—. Me sentaba con ellos y les decía: “Me di cuenta de esto. ¿Me puedes explicar por qué ocurrió? ¿Cuál es la diferencia? ¿Qué debo mejorar?”. Muchas veces ni siquiera eran conscientes de la situación, porque existen sesgos de género que operan de manera inconsciente.
No se trata necesariamente de hombres contra mujeres, sino de sesgos arraigados en el mundo laboral. Debemos combatirlos con diálogo. Creo que las mujeres debemos atrevernos a tener conversaciones francas con nuestros líderes, no ir por la vía fácil del reclamo inmediato, sino abrir espacios de diálogo y entender también la perspectiva del otro.
Nuestras predecesoras abrieron camino con gran esfuerzo. Hoy nos corresponde continuar desde una conversación conjunta con los hombres, no en contra de ellos. Para mí eso es fundamental. Siempre invito a las mujeres a conversar, consultar y dialogar con sus compañeros y líderes, no desde el reclamo, sino desde la observación y la construcción conjunta de soluciones.
Sentí que mi ciclo en American Express se había cumplido y que había dado todo lo que podía dar. Me gusta el contacto con las personas; creo que el relacionamiento enriquece profundamente la vida.
En 2013 decidí formalizar Kinesis y descubrí un nicho de empresas que necesitaban formación en liderazgo y gobierno corporativo. Esas eran áreas en las que yo podía aportar valor.
Se me daba de manera natural, lo hacía bien, y era muy gratificante ver cómo empresarios llevaban sus compañías a otro nivel. Eso me llenó el corazón y sigue siendo una pasión para mí. El coaching es hoy una herramienta dentro de mi caja de herramientas.
También he comprendido que, así como en el mundo corporativo la diversidad enriquece, en lo personal el tener distintas facetas también lo hace. Soy mentora y coach, miembro de juntas directivas y consultora. Tener varios “sombreros” me enriquece y me permite ofrecer un mejor servicio, porque estoy expuesta a múltiples perspectivas. Y eso, sin duda, aporta valor a quienes acompaño.