Isabel de Obaldía: ‘Soy una cronista de la vida’

  • 05/10/2026 18:45
La artista repasa una trayectoria integralmente dedicada al arte a través de todas sus facetas. En la actualidad, expone en el Museo del Canal Interocéanico ‘Mar adentro, selva indomable’, una mirada al Darién desde el arte, la memoria y la historia de Panamá

Hay artistas que crean desde la imaginación y otros que encuentran en la realidad una materia inagotable para transformar. Su obra parece habitar ese territorio intermedio: entre la memoria y el presente, entre el paisaje y la historia, entre lo que Panamá ha sido y aquello que todavía está intentando comprender de sí misma.

Del dibujo al vidrio, de la pintura al cine, la trayectoria de la artista contemporánea Isabel de Obaldía ha estado marcada por una búsqueda constante que hoy la lleva de regreso a la tela y a los grandes formatos con ‘Mar adentro, selva indomable’, una exposición en el Museo del Canal que nace de años de investigación sobre el Darién, sus habitantes, sus historias y las miradas que lo han representado.

Hoy, al mirar su recorrido en ‘MÍA: Voces Activas’, reconoce algo que quizá siempre estuvo presente en su obra: el impulso de hablarle al momento y convertirse, desde el arte, en una cronista de la vida en todas sus facetas.

¿Cómo fueron tus inicios como artista?

Empecé mi primera exposición, creo que tenía 19 años. Incursioné en la fotografía, el dibujo, la arquitectura, el diseño gráfico y el cine. Pinté durante varios años, pero descubrí el vidrio cuando tenía alrededor de 30 años y ahí dediqué mucho tiempo de mi carrera a hacer esculturas en vidrio, con las que me di a conocer internacionalmente. Pero nunca dejé de dibujar.

Eso es algo que mi padre, Guillermo Trujillo, siempre me dijo desde que era jovencita: ‘si quieres hacer algo en las artes, diseño, arquitectura o lo que sea, siempre tienes que dibujar. Siempre tienes que aprender a comunicarte dibujando’. Y es la verdad.

Siempre dibujaba, pero había medio parado porque, en realidad, trabajar el vidrio toma mucho tiempo. La técnica es compleja, hay que hacer mucho ensayo y error, y yo tenía muchas exposiciones. Estaba muy metida en eso.

Desde hacía casi 10 o 15 años decía que quería volver a pintar. Ya había comenzado a hacer dibujos y se estaban poniendo cada vez más grandes; estaba dibujando de dos metros. Así que pensé: ‘Bueno, voy a volver a pintar’.

Estaba haciendo figuras humanas, hombres en vidrio. Estoy en mi taller, empiezo a pintar las figuras, más o menos lo mismo que estaba dibujando en grande, y no salía. Era muy duro. No tenía la mano, no tenía la soltura que me gusta de los dibujos.

Entonces me acordé de algo que me había dicho mi padre cuando regresé a la universidad. Yo había estudiado cine y diseño gráfico, estaba dibujando y haciendo exposiciones de dibujo, pero quería empezar a aprender a pintar. Como mi padre era Guillermo Trujillo, le pedí consejos sobre cómo pintar. Y él me dijo: ‘Anda allá fuera, pinta lo que estás viendo’.

Ahí empecé a pintar paisaje. Yo siempre también dibujo la figura. Me gusta mucho dibujar la figura humana con modelos y también me gusta trabajar como ejercicio dibujando paisaje.

Entre los años 2016 y 2017, empecé a pintar paisajes e hice toda una serie. Al principio no me salían los bocetos como yo quería, pero de repente recuperé la soltura y la frescura que estaba buscando. Así recuperé la mano con el óleo y la pintura.

De todas maneras, seguí trabajando con otras cosas. Empecé a hacer animaciones, historietas, seguía con el vidrio y también pintando. El papel cada vez se volvía más grande.

Así que ahora siento que volví a la pintura con la exposición ‘Mar adentro, selva indomable’. He vuelto a trabajar sobre tela, con formatos grandes. Ha sido magnífica la oportunidad de poder hacer eso, aparte de todo lo que conlleva esta exposición.

El arte de Isabel de Obaldía aborda las etapas históricas que vivió Panamá.
¿En tu camino has sentido que se te han dado las mismas oportunidades que a tus colegas hombres en el arte?

En la actualidad, hay un movimiento que respeto mucho de las mujeres jóvenes y poderosas. En mi época, viví el advenimiento del Movimiento de Liberación Femenino así como otros movimientos que surgieron en ese contexto, pero yo no tenía la necesidad de enfatizar que era mujer. Es decir, mi trabajo tiene que ser bueno, sin importar si soy hombre o soy mujer.

Quizás porque siempre he tenido el pelo corto, siempre me he vestido así y siempre me han confundido desde chica con los varones. En español la palabra es muy fea, pero en inglés es tomboy y en francés garçon. Yo era un garçon desde chica. Así que para mí el género no importaba tanto. Lo importante para mí era el trabajo y todavía lo pienso así.

Hay personas que me dicen que sí, que hay más oportunidades para los hombres. Ello puede ser verdad, pero yo no voy a ponerme a pensar en eso.

Hablando de tu más reciente exposición en el Museo del Canal ‘Mar Adentro, Selva Indomable’, ¿qué fue lo que despertó inicialmente tu interés por el Darién y qué te llevó a desarrollar durante varios años una investigación artística sobre este territorio?

Yo vengo estudiando y viendo lo que sucedió desde 2022 con los migrantes atravesando el Darién. Ese fenómeno fue algo que me llamó la atención.

Tuve dos exposiciones. Una la exhibí en el primer pabellón de Panamá en la Bienal de Venecia del 2024, una instalación que se llama ‘Selva’, la cual versa sobre este tema. Después, el año pasado, tuve una exposición en la Casa de América Latina en París (Francia), ‘Y aquí estamos hechos pedazos’, también sobre los migrantes atravesando el Darién.

Paralelamente, he estado leyendo mucho sobre el Darién, de todo tipo de textos y de todas las épocas. He ido al Darién un par de veces y me encanta la naturaleza, ver a la gente, que es tan diversa.

Cuando la directora del Museo del Canal Interoceánico Ana Elizabeth González me presentó la oportunidad de tener una exposición en este espacio, le propuse el proyecto y estuvo de acuerdo.

En esta exposición trabajas con mapas, crónicas y documentos históricos. ¿Cómo fue el proceso de transformar esas fuentes documentales en imágenes, pinturas y esculturas?

Empecé leyendo mucho y, como dibujo tanto, había ciertas cosas que me llamaban especialmente la atención.

El primer libro que empecé a leer fue el del español Gonzalo Fernández de Oviedo, que está escrito en el lenguaje de esa época. Estaba escribiendo para los reyes, en un lenguaje un poco complejo que tú no entendías muy bien lo que estaba diciendo.

Pero me fui basando en lo que leía y empecé a hacer pequeños dibujos en muchas partes. Fui profundizando en mis lecturas y entonces empecé a hacer bocetos pequeños en papel. De ahí, los que más me llamaban la atención los iba desarrollando.

La artista procuró hacer un relato equilibrado sobre lo que ocurrió en el Darién, en la época de la conquista.
¿Qué ángulo quisiste aportar frente a esas representaciones históricas y a la mirada del colonizador sobre lo que ocurrió en el Darién?

Eso fue algo de lo que estaba muy consciente. Lo que estaba leyendo era básicamente todo a través de la mirada de los españoles. Siempre estaba pensando qué sentían los pueblos originarios que estaban en esta área.

Me alegro de que se haya logrado incorporar esas visiones, porque el público que está viendo la exposición no está viendo solamente el punto de vista de los colonizadores. Estoy tratando de hacer un punto de vista más neutro, incorporando o tratando de mirar y sentir a través de quienes estaban aquí originalmente en este territorio.

¿Cómo viviste el ocaso de la dictadura militar como mujer y como madre, y años después articulaste esas experiencias en el documental ‘Por Panamá, la vida’?

Soy madre de dos hijos y esos fueron momentos muy difíciles que pasamos todos los que lo vivimos.

Yo ya había empezado mi carrera como artista, y salía mucho a participar en las marchas. Aunque mis hijos eran tan pequeños, sabía el peligro que estábamos corriendo.

Decidí agarrar la cámara como si fuese un diario. Iba a las manifestaciones y después regresaba a mi casa a grabar a mis hijos. Era el día a día. La idea mía en ese tiempo era una manera de soltar, de exteriorizar lo que estaba sintiendo.

Dibujaba un poco, pintaba un poco, pero no había tiempo. La mente de casi todo el mundo estaba en lo que estaba sucediendo: salir a la calle, las marchas, hacer afiches, etc.

Pero tuve un incidente muy fuerte y ahí me di cuenta de que no podía seguir de esa manera. Tenía hijos pequeños, iba a correr peligro y entonces empecé a dibujar.

Hice una serie de dibujos muy fuertes que ahora están en el Museo de Arte Contemporáneo. Esa serie se llama ‘ManiObras’. Después tuve una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo en 1989 e hice esta serie de cuadros muy fuertes. Para mí no eran fuertes en ese momento; era lo que estaba expresando.

A lo largo de tu trayectoria, tu obra ha abordado diversos tópicos: la naturaleza, la historia contemporánea y la lucha por la democracia, entre otros. ¿Te considerarías una cronista de la vida desde el ámbito del arte?

Ahora me estoy dando cuenta que sí.

He estado hablando sobre Panamá, sobre su origen y todo lo que tiene de lindo, de bueno, de su historia. Trato de mostrar lo lindo, lo bueno, lo positivo y lo malo. Sí, creo que en algún momento leí que un artista lo que debe hacer es hablarle al momento, y me he dado cuenta de que lo estoy haciendo. Y lo estoy haciendo sobre Panamá.

Obviamente pienso lo que hago, pero cuando arranco a hacer algo no le doy tantas vueltas. Después ya agarré el tema.

Isabel de Obaldía todavía tiene muchos proyectos artísticos por cumplir.
¿Qué piensas del momento que está viviendo el arte contemporáneo en Panamá, especialmente con el talento de las nuevas voces femeninas?

Yo soy muy amiga de artistas como, por ejemplo, Gabriela Esplá. El observar cómo han hecho su camino, nos da fuerza a los artistas que venimos de antes y nos ayuda a ampliar la mente. Porque, digamos, si los que vinieron antes hicieron cuadros y esculturas, y los artistas de ahora hacen más instalaciones, más grandes, trabaja con vidrio, etc. Entonces ya siento que se amplía lo que podemos hacer gracias a que existe una generación joven, fuerte y grande.

¿La experimentación y la reinvención son claves para el desarrollo de un artista?

Mi padre decía mucho que no podía ser eso de ‘La musa no sale hoy. Hoy no me sentí bien...’. Eso no es así, tienes que trabajar todo el día. Mi padre trabajaba todos los días. De ahí aprendí que al trabajar continuamente, una cosa eventualmente te va llevando a la otra.

¿Qué proyectos tienes de cara al futuro?

Todavía tengo algunas cosas medio pendientes de esta exposición que quiero desarrollar, que tengo a medio trabajar. Tengo un corto que llevo años haciendo. Ahora me falta hacer la animación. Además, tengo algunas piezas que quiero desarrollar. No voy a parar.

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