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Monique Amado: “El cambio social no nace de grandes planes, sino de atreverse a construir”
- 20/01/2026 00:00
Sensibilidad social, liderazgo joven y acción colectiva definen el camino de Monique Amado. Desde iniciativas que convierten gestos cotidianos en impacto real hasta espacios de toma de decisiones enfocados en reducir brechas sociales, su trabajo refleja una convicción clara: la desigualdad no puede normalizarse.
Más allá de los cargos y los proyectos, soy una persona con una alta sensibilidad social desde muy chica. Nunca me ha sido indiferente la injusticia ni la idea de que algunas personas tengan tantas oportunidades mientras otras apenas tienen lo básico para vivir. Me mueve profundamente la incomodidad de saber que muchas realidades no son justas, pero también la convicción de que se pueden transformar. Cada día trabajo por el cambio social porque creo que no podemos normalizar la desigualdad ni acostumbrarnos a mirar hacia otro lado cuando sabemos que hay formas concretas de mejorar la vida de otros. Nada me llena más que saber que mi presencia le ha podido traer bienestar a alguien más.
Más que el hecho de ser mujer, uno de los mayores retos ha sido ser joven en espacios de liderazgo. Nunca he tenido miedo de expresar mi opinión ni de aportar ideas, pero sí he encontrado personas que asumen que mi edad implica menos experiencia o menor capacidad. Ese sesgo existe y se manifiesta de distintas formas. Espacios como una entrevista en un medio de comunicación ayudan a romperlo, porque permiten que la trayectoria y el trabajo hablen por sí solos. En cuanto a Panamá, el gran desafío sigue siendo la desigualdad. Tenemos un país con enormes capacidades económicas, pero con brechas profundas en acceso a servicios básicos, oportunidades y calidad de vida. El reto es construir políticas y acciones que realmente reduzcan esas brechas y no sigan dejando a las mismas comunidades atrás.
Cumple Con Causa no nació como un emprendimiento social planeado, ni como una estrategia. Nació de algo muy personal y, honestamente, bastante espontáneo. En 2019 decidí celebrar mi cumpleaños de una manera distinta, solo por diversión y convicción personal: en lugar de regalos, invité a mis amigos y familiares a dejar un emoji en una publicación de Instagram, y por cada persona yo donaría a una causa ambiental. Lo llamé mi “Cumple Con Causa” sin imaginar que ese gesto sencillo tendría un efecto mucho más grande.
Después de hacerlo, varias personas comenzaron a escribirme. Me preguntaban cómo podían hacer lo mismo, con qué fundación, a quién debían contactar, cómo asegurarse de que su ayuda realmente llegara a donde hacía falta. Ahí entendí algo importante: la solidaridad estaba ahí, lo que faltaba eran caminos claros para convertirla en acción. Yo no tenía la intención de crear una plataforma ni de emprender, pero de manera natural y casi inevitable eso fue lo que se empezó a construir. ¿Con el tiempo, al compartir estas experiencias en redes, más personas se animaron a replicarlas. Cumple Con Causa surgió entonces como una respuesta a esa demanda colectiva: una forma de acompañar, orientar y estructurar el deseo genuino de ayudar. Para mí, el proyecto representa mucho más que una buena acción; es asumir responsabilidad frente a los problemas sociales, entendiendo que no basta con sentir empatía o indignación. Hay que crear mecanismos que faciliten que más personas participen, se involucren y se hagan cargo desde su propio contexto.
Hoy Cumple Con Causa es la prueba de que las acciones individuales, cuando se organizan con intención y compromiso, pueden transformarse en impacto real. Hemos celebrado cerca de 500 cumpleaños con intención y recaudado más de $400,000 en Panamá para 50+ organizaciones que ejecutan de forma efectiva las soluciones. CCC también es un recordatorio constante de que el cambio social no siempre nace de grandes planes, sino de escuchar, responder y atreverse a construir cuando la realidad lo pide.
Liderar una iniciativa social me ha enseñado que el liderazgo no debería medirse por el género, sino por la capacidad de tomar decisiones, sostener procesos y generar resultados con responsabilidad. Mujeres y hombres tenemos las mismas capacidades para liderar, y el verdadero reto no es ocupar el espacio, sino hacerlo con criterio, coherencia y compromiso a largo plazo. En mi caso, ser mujer sí ha influido en la forma en que miro el impacto de lo que hago. Constantemente pienso en otras mujeres: las líderes, las madres, las jóvenes, las que han vivido violencia o desigualdad, y me pregunto cómo asegurar que se sientan representadas y tengan más oportunidades a través de los programas que impulsamos y de las posturas que asumimos. Liderar también es tener conciencia de a quiénes estás afectando con tus decisiones y usar ese poder para abrir caminos, no para cerrarlos.
Panamá suele percibirse como un país “rico” por sus indicadores macroeconómicos, su rol como hub logístico y financiero, el Canal de Panamá y el crecimiento que históricamente ha tenido. Sin embargo, esa prosperidad convive con profundas desigualdades. No solo porque la riqueza no esté distribuida de forma equitativa, sino también porque la inversión pública tampoco lo está. Muchas veces los recursos no se priorizan estratégicamente para cerrar las brechas más urgentes en acceso a agua, educación, salud, conectividad y oportunidades. Esto no se trata de pensar que unos deben pagar más para que otros tengan menos, sino de repensar cómo invertimos como país y qué problemas decidimos atender primero. Fomentar una cultura de donación y compromiso ciudadano es fundamental, pero no únicamente en términos de dinero. También implica participación, corresponsabilidad y voluntad de entender mejor los problemas sociales antes de intentar resolverlos. Gobierno, empresa privada y sociedad civil deben aportar recursos, sí, pero también tiempo, conocimiento, escucha y priorización. Solo así podremos transformar la riqueza existente en soluciones reales que reduzcan las brechas estructurales y generen bienestar sostenible para todos.
Más que por una cuestión de género, considero fundamental que personas con conciencia social, formación y compromiso lideren espacios de protección y acompañamiento. Cuando se trabaja con niños, niñas y adolescentes —especialmente en temas de salud mental— no hay espacio para improvisar: se requieren decisiones informadas, responsabilidad institucional y un entendimiento profundo de las realidades que se buscan atender. En mi caso, no fundé Ni Uno Más, pero formé parte de su primera Junta Directiva desde 2021 y actualmente me desempeño como Directora Ejecutiva. La organización nace para cerrar una brecha importante en el acceso a servicios de salud mental para niños, niñas y adolescentes en Panamá y para prevenir el acoso escolar. A partir del análisis de cifras y datos sobre bullying y convivencia escolar, identificamos vacíos tanto en la atención individual como en el acompañamiento a los planteles educativos, con la meta de promover entornos de sana convivencia.
Uno de los mayores aportes de Ni Uno Más ha sido demostrar que la salud mental puede ser accesible: hoy, por tan solo $24 al mes, un niño o adolescente puede recibir cuatro citas psicológicas, reduciendo barreras económicas que históricamente han dejado a muchas familias sin atención. Liderar este proyecto implica asumir con seriedad la responsabilidad de garantizar que la protección emocional sea tratada como un derecho y no como un privilegio.
Me gustaría ver más programas de formación y liderazgo que preparen a las mujeres para ocupar espacios de decisión con herramientas técnicas, criterio y confianza. Panamá ha avanzado, pero aún queda camino por recorrer. Según datos de la Asociación Directoras de Panamá (ADP), al cierre de 2023 las mujeres ocupaban aproximadamente el 23.7% de los puestos en juntas directivas, y aunque cerca del 43% de las organizaciones lograron alcanzar al menos un 30% de participación femenina, todavía estamos lejos de una representación equitativa. Por eso valoro mucho iniciativas que van más allá del discurso y apuestan por soluciones concretas, como programas de financiamiento para mujeres, incubadoras para emprendedoras y espacios de mentoría que acompañen el crecimiento profesional. Para que más mujeres puedan liderar proyectos sociales y ocupar espacios de decisión, necesitamos invertir de forma sostenida en educación, capacitación, redes de apoyo y oportunidades reales de liderazgo. No se trata solo de abrir la puerta, sino de asegurar que las mujeres cuenten con las herramientas necesarias para mantenerse y transformar esos espacios a largo plazo.
Ha sido fundamental. Incorporar una mirada de género permite diseñar proyectos y políticas más justas, realistas y efectivas, porque reconoce que las desigualdades no afectan a todas las personas de la misma manera. Ignorar esas diferencias no solo invisibiliza realidades, sino que reproduce inequidades existentes. En lo personal, esta convicción se fortaleció durante mi experiencia como consultora en el Banco Interamericano de Desarrollo, donde trabajé en el seguimiento de un préstamo enfocado en cerrar la brecha económica de género. Ese trabajo me permitió entender con mayor claridad cómo las brechas económicas se entrelazan con desigualdades sociales, ambientales, de salud y territoriales, especialmente en poblaciones indígenas y comunidades históricamente excluidas. Desde entonces, integrar el enfoque de género dejó de ser para mí un componente adicional y se convirtió en una condición básica para generar impacto social real y sostenible.