Niños panameños convierten las aulas en laboratorios de cambio social

  • 23/05/2026 15:48
Desde Chiriquí hasta Coclé, estudiantes desarrollan proyectos de inclusión, tecnología y comunicación que ya están transformando sus comunidades

Lo que comenzó como un concurso escolar terminó revelando algo mucho más profundo: una generación de niños panameños capaz de identificar problemas reales en sus comunidades y crear soluciones con impacto social.

La más reciente edición de Diseña el Cambio 2025, iniciativa impulsada por la Fundación Terpel Panamá, reunió 48 proyectos provenientes de siete regiones del país. Detrás de cada propuesta hubo estudiantes que decidieron ir más allá de las tareas escolares para enfrentar desafíos relacionados con inclusión, salud emocional, educación, seguridad y comunicación.

En total participaron 141 estudiantes y 158 docentes de regiones como Chiriquí, Coclé, Veraguas, Los Santos y Panamá Oeste, quienes trabajaron durante meses desarrollando proyectos bajo una metodología centrada en detectar problemas y construir soluciones reales desde las aulas.

Más allá de los premios y reconocimientos, lo que quedó en evidencia fue el nivel de creatividad, liderazgo y sensibilidad social de niños de apenas 10, 11 y 12 años.

El proyecto que nació para ayudar a una compañera no vidente

El proyecto ganador fue LECTROBOT, desarrollado por estudiantes de la Escuela Bilingüe Elisa Chiari, en Chiriquí. La idea nació luego de que varios alumnos identificaran una dificultad cotidiana dentro del salón: una compañera con discapacidad visual tenía problemas para participar plenamente en algunas actividades escolares.

“Nosotros vimos esa problemática y decidimos que debíamos hacer algo”, explicó Leonardo, uno de los estudiantes creadores del proyecto, de apenas 12 años.

LECTROBOT consiste en un dispositivo educativo inclusivo que combina braille, botones táctiles, sonidos y programación con Arduino para ayudar en el aprendizaje de la lectoescritura. El sistema permite formar palabras de manera interactiva y fue construido con materiales reciclables.

Pero el impacto del proyecto fue mucho más allá de la tecnología.

La profesora Lourdes Rodríguez, docente líder del equipo, relató que el mayor cambio se observó en Brittany, la estudiante que inspiró la iniciativa.

“Era una niña tímida, introvertida. Cuando vio que podía identificar las fichas y participar, empezó a mostrar más interés y más motivación en las clases”, contó.

Los estudiantes recuerdan que el desarrollo del proyecto estuvo lleno de pruebas, frustraciones y largas jornadas de trabajo, incluso fines de semana completos dentro de la escuela intentando hacer funcionar circuitos, luces y sonidos.

“Hubo momentos en que el sistema no arrancaba o fallaban las conexiones, pero seguimos intentando”, relató la docente.

El equipo también llevó el prototipo a comunidades de la comarca Ngäbe Buglé, donde otros niños pudieron utilizarlo.

“Queríamos que aprender fuera divertido, no una obligación”, explicó Joseph, integrante del equipo LECTROBOT, también tiene 12 años.

Ahora, LECTROBOT representará a Panamá en el encuentro global “Be The Change”, que se realizará en Atenas, Grecia, a finales de 2026.

Sin embargo, para los estudiantes, el verdadero triunfo ya ocurrió.

“Con el simple hecho de ayudar a una persona ya nos sentíamos ganadores”, concluyó Joseph.

Los niños que vencieron el miedo a hablar en público

Entre los proyectos finalistas destacó también Las Noti-Kids Educativas, iniciativa desarrollada por estudiantes de la Escuela José Nadal Silva, en Coclé.

El proyecto nació a partir de un problema muy común dentro de las aulas: el miedo de muchos estudiantes a expresarse frente a otros.

“Queríamos ayudar a nuestros compañeros a perder el miedo a hablar en público”, explicó Victoria, una de las participantes del proyecto.

A través de entrevistas, cobertura de eventos escolares y creación de contenido digital, los estudiantes comenzaron a desarrollar habilidades de comunicación, redacción y expresión oral.

Lo que empezó como una actividad escolar terminó convirtiéndose en una pequeña plataforma de comunicación manejada por los propios niños.

“Tenemos equipo de redacción, vestuario, dirección y reporteros. Todo dentro de la escuela”, explicó el docente Gonzalo Ortega.

Los estudiantes cubren actividades escolares, realizan entrevistas y producen contenido para redes sociales. Incluso han colaborado con medios y organizaciones externas, además de entrevistar al presidente de la República y a la primera dama.

Para Bayron, de 10 años, el proyecto cambió completamente su seguridad personal.

“Antes me daba pena hablar en público, ahora ya tengo más confianza”, contó.

El docente asegura que el cambio en los estudiantes ha sido evidente.

“Ahora redactan mejor, se expresan mejor y utilizan las redes sociales de manera responsable”, señaló.

El impacto ha sido tan fuerte que niños de preescolar hasta sexto grado quieren participar en el proyecto.

“No es solo Victoria y Bayron. Todo el colegio se siente parte de Noti-Kids”, afirmó Ortega.

Un club de lenguaje de señas que nació de un malentendido

Otro de los proyectos más destacados fue el Club de Lenguaje de Señas, desarrollado por estudiantes chiricanos.

La iniciativa surgió luego de que estudiantes detectaran las dificultades de comunicación que enfrentaban compañeros con discapacidad auditiva dentro del colegio.

Ariadne, una de las participantes, recordó que decidió integrarse al proyecto tras vivir una experiencia personal con una compañera sorda.

“Hubo un malentendido porque ella pensó que me estaba burlando. Ahí entendí que el problema era la falta de comunicación y también nuestra ignorancia al no intentar entenderlos”, relató.

A partir de allí, el colegio comenzó a organizar cursos básicos de lengua de señas impartidos por especialistas, algunos de ellos con discapacidad auditiva.

El objetivo era crear un puente de comunicación dentro de la escuela.

Actualmente el club cuenta con decenas de estudiantes inscritos y realiza actividades dentro y fuera del plantel para enseñar herramientas básicas de comunicación inclusiva.

“Queríamos que los estudiantes con discapacidad auditiva no se sintieran aislados”, explicó Zarina Castillo, profesora líder del proyecto.

Los jóvenes aseguran que aprender lengua de señas fue tan complejo como aprender cualquier otro idioma, pero también una experiencia transformadora.

Los lentes creados para evitar accidentes por fatiga

Aunque fue ganador en la edición anterior, otro de los proyectos que sigue generando impacto es Alerta Max, desarrollado por estudiantes panameños que representaron al país en Japón.

La iniciativa consistió en unos lentes inteligentes capaces de detectar cuando una persona se queda dormida.

El sistema emite sonidos y alertas al identificar movimientos de fatiga, como la inclinación de la cabeza.

La docente Jacqueline explicó que la idea surgió luego de investigar accidentes causados por conductores que se quedan dormidos al volante.

“Pensamos en algo que pudiera servir tanto para conductores como para trabajadores que operan maquinaria pesada”, explicó.

El desarrollo tomó meses de pruebas y programación utilizando herramientas tecnológicas básicas adaptadas para estudiantes de primaria.

“No fue fácil hacer que funcionara”, recordó.

Los estudiantes terminaron representando a Panamá en Tokio, donde incluso realizaron presentaciones en inglés y actividades folclóricas.

“Ellos brillaron con luz propia”, dijo la docente.

“Los niños ya no esperan que los adultos hagan el cambio”

Para Oscar Sosa, director de la Fundación Terpel Panamá, uno de los mayores logros del programa ha sido demostrar que los estudiantes pueden convertirse en agentes activos de transformación social.

“Diseña el Cambio les enseña que la transformación no depende únicamente de los adultos. También está en sus manos”, señaló.

Desde su llegada al país en 2022, el programa ha acompañado a más de 660 estudiantes líderes, formado a casi 500 docentes y permitido concretar más de 110 proyectos.

Según Sosa, muchas de las iniciativas desarrolladas por los estudiantes reflejan preocupaciones actuales de la niñez panameña, desde inclusión y sostenibilidad ambiental hasta salud emocional y tecnología.

Pero quizás el elemento más repetido en todos los proyectos fue otro: la empatía.

Niños creando soluciones para otros niños.

Niños preocupándose porque un compañero pueda leer, hablar, comunicarse o sentirse incluido dentro de un salón de clases.

Y eso, más allá de cualquier concurso, parece ser el verdadero cambio que comenzó en las aulas panameñas.

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