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- 14/12/2010 01:00
PANAMÁ. Adornar un árbol para las fiestas de Navidad con flores, lazos, bolas, focos y una estrella resplandeciente se ha convertido en una tradición para los panameños.
El arbusto ofrece colorido a los hogares, pero, sobre todo, alegría a los niños que con entusiasmo esperan la Nochebuena para buscar los regalos que se cobijan debajo de él.
Pero alguna vez se ha preguntado de dónde salen, a dónde van a parar cuando termina su periodo útil y cuál es la opción más verde. Es probable que sí o tal vez no se le ha pasado por la cabeza.
Carlos Gómez, ingeniero forestal de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), considera la venta de árboles naturales como un negocio verde redondo; ‘la idea de comprar un árbol artificial para evitar cortar uno natural’ es errada, dice.
Sustenta su versión diciendo que en regiones como Estados Unidos, Canadá y México, se construyen viveros de pinos para abastecer la demanda del árbol durante la época de Navidad. ‘Los árboles talados son reemplazados por nuevos plantones. El bosque se recupera’, aseguró. Es una actividad sostenible, destacó Yaribeth de Deago, bióloga.
Lo triste es que cuando se acaban las fiestas los pinos quedan reducidos a cenizas. Es mejor picarlos en trozos y esperar a que se degraden de forma natural, recomendó Gómez.
Añadió que comprar uno natural, en lugar de uno artificial, reduce las emisiones por la cantidad de C02 que logra capturar durante su etapa de crecimiento (5 a 7 años). Por el contrario, los artificiales causan un impacto negativo durante su fabricación, basada en plástico y fibra artificial, y también al ser desechados. El plástico no se degrada, la mayoría termina en el Cerro Patacón. En otros países, se recicla y se utiliza la energía para fabricar biocombustibles que, a su vez, ayudan a producir calor en los hogares. Pero, en Panamá, la disposición de los desechos no es buena, explicó el funcionario. A pesar de ello, admite que los artificiales son más económicos y duran más años.
Los técnicos de la Asociación Nacional de la Conservación de la Naturaleza (ANCON) difieren con la opinión de Gómez. ‘Ninguno de las dos opciones son amigables con el medio ambiente’, dicen. Para ellos, el transporte de los árboles hasta Panamá consume mucha energía y combustible, según los técnicos de ANCON.
Lo mejor y lo que pretenden impulsar los próximos años es la siembra de árboles de ciprés en Chiriquí. De está forma, se reduce la huella ambiental que provoca el transporte.
Añaden que la costumbre de poner un pino en Navidad no es nativa, ‘viene de EEUU. No se busca la compra de un árbol para luego ser quemado o tirado a la basura’.