De las orugas al código de barras

El biólogo estadounidense Daniel H. Janzen ha restaurado zonas tropicales amenazadas en Costa Rica, México, Nigeria y Australia. Ha crea...

El biólogo estadounidense Daniel H. Janzen ha restaurado zonas tropicales amenazadas en Costa Rica, México, Nigeria y Australia. Ha creado la figura del ‘parataxónomo’, en una población local de Costa Rica a la que educa para conocer y clasificar especies y posibilitar estudios a gran escala de catalogación de la biodiversidad aplicando el código de barras genético. Su vocación por el empleo verde lo acreditó con el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación por desentrañar el funcionamiento de los ecosistemas tropicales con la comunidad.

¿CÓMO EMPIEZAS A INVOLUCRARTE CON EL ECOSISTEMA?

Entre los años 60 y 80, empecé a trabajar en el diseño y la ejecución de experimentos de campo en ecología tropical, sobre todo en Costa Rica, pero también en África, Asia y Australia. ‘Mi investigación buscaba identificar al menos 30 mil especies de plantas, orugas y parásitos en un área tan grande como la comunidad de Madrid, y hacerlo con la población local costarricense’. Luego fui expandiendo mi trabajo y me interesé en la labor que podría hacer dentro de las comunidades.

¿QUE ES EL ‘PARATAXÓNOMO’?

Es un método sencillo para reconocer una gran cantidad de especies y participar en estudios de catalogación de la biodiversidad a gran escala que utilizan la técnica del código de barras genético. El código de barra es la especificación que tiene cada especie. Es como si fuera su registro.

¿QUÉ IMPACTO TIENE EL PROYECTO CON LA COMUNIDAD?

Tiene muchas aportaciones porque ha sido crucial para comprender las interacciones ecológicas entre animales y plantas, al investigar desde cómo las semillas y las hojas coevolucionan conjuntamente con los animales que las consumen, hasta el papel de los herbívoros como reguladores de la diversidad de ecosistemas tropicales.

TUS ÚLTIMAS LABORES CON EL MEDIO AMBIENTE, ¿A DÓNDE LAS LLEVAS?

Soy catedrático de Biología de la Conservación en la Universidad de Pensilvania (Filadelfia, EEUU). Estos últimos 40 años he pasado más tiempo en Costa Rica, donde he impulsado la creación del Área de Conservación Guanacaste, una de las reservas de selva tropical más exitosas del planeta.

¿CUÁL ES TU VISIÓN PARA CON ESA POBLACIÓN?

Quiero impactar en los lugareños de Guanacaste en la gestión de la reserva ha inaugurado el concepto de desarrollo basado en la biodiversidad. Esa gente ha adquirido una formación exquisita sobre su entorno y ha convertido la propia selva en su fuente de bienestar.

¿CUÁNTO SE HA LOGRADO PRESERVAR CON ESTE PROYECTO?

Desarrollar estas iniciativas me ha permitido trabajar en conjunto con el Instituto Nacional de la Biodiversidad en Costa Rica, en la que se ha logrado catalogar y preservar las más de 500 mil especies animales y vegetales de ese país y servir como modelo a acciones similares en otros países.

¿CÓMO TE SIENTES POR EL RECONOCIMIENTO?

Emocionado, esto me permite a mí y a mi esposa, la ecóloga Winnie Halwachs, sentir que la comunidad científica, y quienes usan la biodiversidad sin dañarla, aprecian lo que tratamos de hacer desde hace 25 años. Dedicaremos el premio a financiar múltiples proyectos de investigación en taxonomía, ecología y desarrollo basado en la biodiversidad.

¿LA BIODIVERSIDAD EN LATINOAMÉRICA CORRE PELIGRO?

Hay que hacer muchos llamados de alerta, estamos en peligro. Los ecosistemas tropicales están muy amenazados. Se enfrentan a un ‘proceso de destrucción acelerado’. Los trópicos contienen gran parte de los libros biológicos del planeta que nos quedan por leer, y también una enorme porción del carbono que hemos inyectado en la atmósfera y que ha dado lugar al catastrófico cambio climático que nosotros mismos hemos provocado’.

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