¿Qué es sufrir la pubertad? Pixar da su versión en ‘IntensaMente 2’

Actualizado
  • 13/06/2024 00:00
Creado
  • 12/06/2024 20:25
A los 13 años todo parece el fin del mundo, y esto es lo que el director Kelsey Mann busca mostrar a través de las complejas emociones de Riley en su nueva secuela. A través de Ansiedad, Ennui, Vergüenza y Envidia, la adolescencia toma un nuevo rostro

Cuando cumplí 13 años fui a mi primer campamento, no era de hockey, pero el sentimiento de estar en un lugar desconocido, sin mi familia cerca y solo acompañada por unas cuantas amistades, es algo con lo que pude conectar con Riley.

No es sencillo comenzar un nuevo camino lejos del “yo” que conociste toda tu vida hasta el momento, y esto lo aprenden las emociones Alegría, Ira, Desagrado, Temor y Tristeza en la nueva secuela de IntensaMente 2, que estrena oficialmente hoy en los cines nacionales.

En 2015, el director Pete Docter (Monster’s Inc., Up) hizo historia para su trayectoria en Disney y Pixar con la cinta IntensaMente (Inside Out, en su título original), en la cual con un guion realizado por él y Ronnie Del Carmen, explora la conciencia de una pequeña niña llamada Riley, quien empieza la cinta con 10 años y se enfrenta a una nueva ciudad, perspectiva y vida tras mudarse de Minnesota a San Francisco en EE.UU.

La cinta recibió el Óscar a mejor película de animación en 2016 y se unió al cinturón de victorias de Docter en los Óscar desde su integración en Pixar. IntensaMente rascó en la originalidad de un concepto que buscaba explicar los comportamientos, pensamientos e intuiciones humanas desde los ojos de las emociones mismas, casi sin intervención del humano al que pertenecían. Riley no maneja sus emociones al 100%, pero ellas son quienes la forman y viven su progreso individual y en conjunto.

Tras su éxito global –tanto en críticas como en taquilla, con casi $858,85 millones en ganancias–, ahora llega IntensaMente 2 bajo la dirección de Kelsey Mann (Un buen dinosaurio), que arranca desde que Riley (Kensington Tallman) tiene 13 años y al ganar un campeonato de hockey local es invitada a su primer campamento lejos de casa. Una oportunidad única, y que muchos adolescentes considerarían divertida y emocionante, es la génesis de la pubertad y con ella la llegada de nuevas emociones sofisticadas y complejas que amenazan el lugar de las titulares Alegría (Amy Poehler), Tristeza (Phyllis Smith), Ira (Lewis Black), Desagrado (Liza Lapira) y Temor (Tony Hale).

Y es que todos sabemos lo complicado que es crecer, pero Riley se entera de lo que es por primera vez sufrir el costo de la popularidad, la deserción de amistades y llegar hasta el límite de lo correcto moralmente hasta perderse a sí misma en el proceso. Pixar, con Mann y el productor Mark Nielsen –quien trabajó junto a Docter en la primera entrega–, se vuelca en una cinta colorida, llena de acción, pero también colmada de intriga filosófica.

Con la llegada de la pubertad, una nueva emoción de color naranja y pantalones de pana acampanados llamada Ansiedad (Maya Hawke), toma las riendas del centro de emociones en la mente de Riley, creando una mezcla entre pánico y determinación en cada paso que da la adolescente.

Es divertido ver sus constantes planes a velocidad de tren bala con los que busca destacar a Riley en su nuevo campamento, pero la diversión se convierte en preocupación una vez que su plan para hacer a “una nueva Riley” incluye una batalla campal con Alegría.

Hawke es una nueva adición valiosa a las filas de IntensaMente, con una interpretación lo suficientemente honesta sobre los efectos de la ansiedad en la psiquis humana y lo difícil que puede ser llevarla bajo control antes que sufrir un ataque desde la mente y lo que pensamos del futuro. La dinámica de Ansiedad con sus coprotagonistas Vergüenza (Paul Walter Hauster), Ennui (Adèle Exarchopoulos) y Envidia (Ayo Edebiri) es su propio pelotón, con ella a la cabeza y con ciertas anotaciones por parte de Envidia.

La honestidad con la que las acciones e intenciones de estas nuevas emociones son demostradas dan mayor autenticidad al guion y nos llevan a una mirada muy cercana a lo que muchos, ahora adultos, pudimos haber sentido en aquellos años de incertidumbre en los que no sabíamos quienes realmente éramos o queríamos ser. “Soy una buena persona” es el eco que se escucha en la mente de Riley y aquello a lo que ella lucha por aferrarse en medio de los cambios que Ansiedad realiza en su nombre.

Entre todo esto, Alegría, la primera líder y quien ya pasó por un episodio de huida y confusión en la identidad de Riley, es enviada lejos de la mesa de control junto al resto de las emociones “básicas”. Esta es la trama que da pie a la aventura que tiene como objetivo entretener a los más pequeños de casa y balancear la profundidad con la que el guion busca atraer a los adultos.

La comparación entre Ansiedad y Alegría en sus posiciones de liderazgo es notoria desde el primer momento, pero no lo suficiente para denotar a Ansiedad como la antagonista de Alegría y el resto. Alegría quiere lo mejor para Riley conociendo que es importante la colaboración de todas las emociones para lograrlo, mientras que Ansiedad “proyecta hacia el futuro”, en donde Riley necesita ser más “sofisticada” en su forma de operar, con solo una emoción fuerte al mando.

Aun así, el guion de Dave Holstein (Kidding, Weeds) y Meg LeFauve (IntensaMente, Captain Marvel), logra mostrar los claroscuros de las emociones nuevas y originales, haciendo ver que no hay absolutos como “buenos y malos”.

El mundo de la imaginación y pensamiento dentro de Riley continúa siendo colorido y luminoso, lleno de los orbes que alojan las memorias más queridas de Riley y aquellos momentos que es mejor no recordar; pero al ser desterrados a sus corredores kilométricos, las emociones originales deben enfrentarse al tic-toc de Ansiedad para encontrar el verdadero sentido de identidad de Riley, y de paso aceptar que aun las emociones no siempre saben qué camino tomar.

La comedia, pese a ser situacional y un poco más escasa que en su primera entrega, se mantiene a flote gracias a las interpretaciones de los actores y la fluidez de la animación creada para la cinta, con expresiones caricaturescas y que acompañan a los momentos que Riley vive.

Entre los deseos de Riley de ser aceptada en el club de las “chicas populares” en el nuevo equipo de hockey, las FireHawks, y su deseo de seguir siendo ella misma, la realidad nos golpea haciéndonos recordar momentos en los que el sentido de querer pertenecer ha sido mayor a la preservación de la moral, logrando esa conexión con Riley tanto como en su primera aparición, aunque ambos escenarios comparten un punto en común: los cambios, por muy necesarios, siempre parecen peores de lo que realmente son.

Mann logra una secuela sólida y con un mundo nuevo por explorar para las emociones, siguiendo los pasos de Docter, pero agregando su propia firma a la personalidad de Riley. La cinta está proyectada para ganar alrededor de $135 millones en taquilla durante su primer fin de semana, que en coincidencia llega al mismo tiempo que el Día del Padre el próximo 16 de junio.

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