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Cuando TikTok se convierte en consultorio: el autodiagnóstico entre adolescentes
- 20/08/2026 16:05
Videos sobre TDAH, ansiedad, depresión y TOC están llevando a algunos jóvenes a identificarse con trastornos de salud mental antes de recibir una evaluación profesional. Un psicólogo advierte sobre el peso de las redes sociales en esta tendencia, pero también reconoce su capacidad para generar conciencia.
TikTok e Instagram se han convertido para muchos adolescentes en espacios donde no solo consumen entretenimiento, sino también información sobre salud mental. Videos que enumeran síntomas, cuestionarios que prometen identificar trastornos y testimonios personales sobre ansiedad, depresión, TDAH u TOC pueden hacer que un joven se reconozca rápidamente en una condición y llegue a la consulta psicológica convencido de tener un diagnóstico.
Este fenómeno, conocido como self-diagnosing o autodiagnóstico, plantea un dilema: las redes sociales han ayudado a que hablar de salud mental sea menos estigmatizado, pero también pueden convertir experiencias comunes en posibles trastornos cuando se interpretan sin el contexto de una evaluación profesional.
Una investigación publicada en 2025 sobre jóvenes que buscan tratamiento de salud mental encontró que el diagnóstico puede ser un elemento importante para quienes llegan a recibir atención y señaló una posible relación entre el uso de redes sociales y las experiencias de autodiagnóstico.
Para el psicólogo Luis Alberto Ramírez, una de las razones por las que los adolescentes pueden ser especialmente susceptibles a este fenómeno está relacionada con la búsqueda de identidad y aceptación propia de esa etapa. “La aprobación social es lo más importante” durante el desarrollo adolescente, explica Ramírez.
A su juicio, cuando una figura admirada, como un creador de contenido, habla públicamente sobre una enfermedad o trastorno, un joven puede identificarse con esa experiencia como una forma de pertenecer o de sentirse comprendido. La influencia no necesariamente termina con un solo video.
El algoritmo de las plataformas puede continuar mostrando contenido relacionado con aquello que el usuario busca, consume o con lo que interactúa, creando un ciclo de exposición constante.
Especialistas han advertido que este mecanismo puede reforzar la idea de que una persona tiene determinado trastorno, incluso antes de que exista una evaluación clínica.
Uno de los problemas del autodiagnóstico es que muchos síntomas de los trastornos psicológicos también pueden aparecer en situaciones cotidianas.
La dificultad para concentrarse, por ejemplo, puede estar relacionada con falta de sueño, estrés, ansiedad, depresión u otras circunstancias y no necesariamente significa que una persona tenga TDAH. Asimismo, sentirse triste durante un periodo determinado no equivale automáticamente a padecer depresión.
Ramírez sostiene que las redes pueden influir en la manera en que los adolescentes interpretan su propia conducta. “Nosotros somos producto de lo que consumimos”, señala, al explicar que las experiencias familiares, los medios de comunicación y las figuras de referencia tienen un peso en la construcción de la personalidad.
Por ello, una exposición repetida a contenido sobre un determinado trastorno puede hacer que algunos jóvenes comiencen a interpretar sus comportamientos a través de esa etiqueta.
Los cuestionarios de salud mental que circulan en TikTok e Instagram representan otro punto de preocupación. Para Ramírez, una prueba psicológica profesional debe cumplir criterios de confiabilidad y validez, además de haber pasado por procesos de investigación, análisis estadístico, selección de preguntas y evaluación por especialistas. Un cuestionario publicado en redes sociales no necesariamente cuenta con esas características. Por eso, responder algunas preguntas en internet y obtener un resultado no equivale a recibir un diagnóstico.
La preocupación no es infundada.
Un análisis de Science Media Centre España sobre TDAH encontró que una proporción importante contenía información engañosa y que gran parte del contenido había sido publicado por personas sin formación clínica.
Lo que una red social no puede saber
Un diagnóstico psicológico tampoco depende únicamente de reconocer una lista de síntomas. El profesional debe considerar la historia de la persona y el contexto en el que aparecen sus conductas.
La familia, el entorno escolar y las relaciones sociales forman parte de esa evaluación. “TikTok no viene siendo una fuente de conocimiento digno, contrastable o académico”, afirma Ramírez, quien considera que los espacios familiares y educativos deberían funcionar como entornos de protección y desarrollo para niños y adolescentes.
En ese sentido, un video de unos segundos puede presentar una característica aislada, pero no puede conocer la historia personal de quien lo está viendo, sus circunstancias familiares, cuánto tiempo lleva experimentando determinados síntomas o cómo estos afectan realmente su vida.
El fenómeno tampoco significa que hablar de salud mental en redes sea necesariamente negativo. Las plataformas han contribuido a que términos que antes generaban vergüenza puedan discutirse públicamente y han permitido que algunos jóvenes reconozcan que necesitan ayuda. Incluso especialistas señalan que el contenido en redes puede ser útil cuando funciona como una puerta de entrada hacia información confiable y atención profesional.
El problema aparece cuando esa información deja de ser un punto de partida y se convierte en una conclusión.
Ramírez considera que actualmente existen dos tendencias simultáneas: por un lado, la despatologización de determinadas conductas y, por otro, una creciente tendencia a poner etiquetas clínicas a comportamientos o experiencias que no necesariamente constituyen un trastorno mental.
El reto, entonces, no consiste en dejar de hablar de salud mental, sino en aprender a diferenciar entre identificarse con una descripción y cumplir realmente los criterios de un diagnóstico.
Para los jóvenes que encuentran contenido con el que se sienten identificados, las redes pueden servir como una primera señal para preguntarse qué están experimentando. Pero la respuesta definitiva no debería estar en un video, un cuestionario viral o una etiqueta popular, sino en una evaluación realizada por un profesional.