Solteros o casados

Dumas Alberto Myrie Sánchez
Especialidad: Geografía Regional de Panamá. Licenciatura en Geografía e Historia. Maestría en Geografía Regional de Panamá. Docente en el Ministerio de Educacióny en instituciones de educación superior. Artículos de opinión en El Panamá América, La Estrella de Panamá y revista cultural Lotería. Autor de los libros “Memorias de un bardo” y “Escritos de un sobreviviente”.

Corren los perros por la pradera, al sentir la voz de la billetera. Un éxtasis es sentir el olor del periódico en la sección de la fortuna. Un camino sin rumbo, con la camisa de raya al revés, tal como dicta el tarot. Toda esta bitácora se opaca con las tinaqueras, llenas de basura, que son de poca fortuna. Aquellas tinaqueras escarlatas dominan la escena y mi suerte en pleno domingo. Están casadas por correr la misma suerte.

Una suerte que se pierde entre bolas de nieve. Bolas de nieve que pasan el chocolate, del número alto, entre los compradores. Solteros o casados gritan en plena avenida. Aquel overol de seda es donde resguardo el boleto del chocolate. Esta suerte del número alto se siente en la esotérica que anuncia quemar incienso. Sin embargo, poca fortuna es observar huesos de pollo, al que poco le preocupa ganar con un ambiente limpio.

El sol de mayo saluda al comprador con un par de billetes casados. Una venta difícil de olvidar por el pago de una fracción con números iguales. Un mosaico de colores es ver los cabellos trenzados, en los tableros, que anuncian el escape hacia la espesura del Bayano. Una huida con la mochila cargada de libros motivacionales. Una emoción que siente el revendedor, al vender un billete de otro sorteo. O la lucha con las casas de apuestas por no pagar.

Esta mirada a la billetera es una hazaña en medio de la mirada de la jefa. Entre tanto el ambiente de fortuna es pesado al ver notas discordantes. Un ambiente que traslada mi corazón, herido, a los pasillos del Hospital del Niño. Una rima que siente complacencia por la cadencia entre el orden y la economía circular. Son coplas lejanas que se reflejan en la billetera alta y blanca. Solteros o casados, como los prefieren los ludópatas, grita la dama que anuncia la pirámide.

Finalmente, la suerte en Nuevo Arraiján siente la brisa del monorriel. La marcha por las calles, al lado del monorriel, terminan con la salida hípica. Un dilema que contrasta con volver a casa y soportar el mal humor de la jefa. A pesar del calor, en esta marcha, la bebida de naranja con avellanas corre a lo largo del rio Cristal. Un juego, entre mi dentadura, es tirar rima a las cajeras. Es esperar cambiar los puntos en el supermercado, cuando culmine mi rutina, lo que me motiva. O bien llevar una buena colonia, al almacén, para ganar el club de mercancía.

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