El aplauso que llegó al cielo: Lo que Pedrito ‘El Musical’ significó para mí y para Panamá

  • 26/07/2026 00:00
A casi nueve meses de su exitosa temporada, el productor asociado y asesor de Pedrito ‘El Musical’ recuerda cómo la obra se convirtió en un homenaje al legado de Pedro Altamiranda, agotó sus 27 funciones y reafirmó la vigencia de uno de los artistas más influyentes de la cultura panameña

Del 6 al 31 de octubre del 2025 fueron fechas especiales para la Familia Altamiranda, ya que en el Teatro Pacific se presentó Pedrito “El Musical”... una obra que tomó 12 meses en concretarse con mucho esfuerzo, dedicación por parte del director Benjamín Cohen, la productora Irma Ortiz Suescum, coreógrafos, bailarines, actores, equipo técnico y mi participación como Asesor Histórico y productor asociado, lo cual ha sido el honor más grande que he tenido en mis 49 años de vida.

“Pedrito, El Musical” fue la consagración de un sueño personal y familiar, pero a la vez un espejo donde Panamá se miró cantó y lloró con orgullo. Ver la vida de mi padre reflejada en esta maravillosa obra superó cualquier expectativa y se convirtió en el éxito cultural más impactante del año 2025. La respuesta del público fue inmediata, logrando un lleno total en las 27 funciones, demostrando que el legado de Pedro Altamiranda sigue latiendo con fuerza en el corazón de los panameños. Esto refleja que su música, arte, mensaje son icónicas y forman parte de la cultura panameña.

Hay proyectos que se planean con la mente, pero este se construyó estrictamente con el corazón. Durante años he tratado de mantener vivo y en lo más alto el nombre de mi padre, meramente como una misión personal, porque siento que el legado de Pedro Altamiranda es muy grande y que nunca habrá un artista y compositor panameño como él. En el año 2022 logramos hacerle un hermoso homenaje en vida, pero lograr que su historia se transformara en una puesta en escena al estilo Broadway fue algo indescriptible. Cuando el 6 de octubre del 2025 finalmente se levantó el telón en el Teatro Pacific, la emoción me desbordó porque fue una consagración absoluta. Aunque él físicamente ya no estaba para sentarse en la butaca a ver el estreno, sabíamos con certeza que él disfrutó este triunfo de otra manera, sonriendo desde el cielo al ver a su familia, amigos y al pueblo panameño ovacionarlo una vez más.

Para nuestra familia, la obra dirigida por Benjamín Cohen fue un torbellino de nostalgia y revelaciones. El público general conocía al “monstruo” irreverente que se adueñaba del escenario cada vez que se presentaba, pero el musical desnudó magistralmente al hombre detrás del bombín. Benjamín Cohen, a pesar de no ser panameño, se vio abrumado y admirado por las letras de Pedro Altamiranda y llegó a catalogarlo como una de las mentes más brillantes que ha tenido Panamá, con una forma muy peculiar de escribir, saltando todas las métricas de composición, pero con un conocimiento del lenguaje tan profundo, que hacía ver fácil como es el panameño de cada ámbito social.

La obra rescató su faceta como filólogo graduado en París, su inmenso amor por la literatura, los comics y por supuesto la música y el baile. Mostró los miedos y tensiones que vivía minutos antes de enfrentarse a las multitudes, lo cual demostraba la humildad, sencillez y modestia que lo caracterizaba, pero también revivió su valentía y férrea resistencia frente a la dictadura militar que golpeó a nuestro país. Siendo las escenas protestando en las calles de Panamá con pañuelos blancos y la conversación con el General Noriega, unas de las más emblemáticas del musical.

El momento cumbre y emotivo de la noche fue escuchar uno de los últimos mensajes de voz reales que mi padre envió a su grupo de amigos de WhatsApp antes de partir. Ese audio fue el mensaje final de la obra y nos recordó que su amor por Panamá, familia y amigos estuvo intacto hasta su último suspiro. El baile final y presentación de cada uno de los miembros del elenco me causaba mucha emoción, porque veía que mi padre los iluminaba desde el cielo cada noche más, además del ánimo y entrega que proyectaban en cada diálogo y baile. Ya para las últimas funciones veía que algunos de ellos se emocionaban al final y saludaban al público con lágrimas de felicidad y orgullo.

El impacto social de este musical en Panamá fue rotundo. Ver a más de 60 artistas en escena interpretando himnos como El Buhonero, Carnaval en la Central, Las Tablas, La Salsa de Pedro, Homenaje a mi Pueblo, etc., provocó una catarsis colectiva. Los personajes del folclore urbano que mi papá inmortalizó tales como la Mujer Biónica, el Limpiabotas y la Glotona de los 15 centavos cobraron vida, desatando risas, pero también profundas reflexiones.

Este éxito de taquilla demostró que la música de Pedro Altamiranda no tiene fecha de caducidad. Lo más hermoso de esta temporada de Pedrito “El Musical” fue ver el relevo generacional en la audiencia, adultos, jóvenes y niños que no vivieron su época dorada salieron del teatro cantando o tarareando sus ritmos y letras, posando con bombines, etc. ”Pedrito, El Musical” no solo celebró la memoria de mi padre, también rescató la identidad de un Panamá que aprendió a reír, criticar y resistir a través de su mirada. Su canto no se apaga, porque se convirtió para siempre en la voz de nuestro pueblo.

Ver a más de 60 artistas en escena interpretando himnos como El Buhonero, Carnaval en la Central, Las Tablas, La Salsa de Pedro, Homenaje a mi Pueblo, etc., provocó una catarsis colectiva.

Seleccionar el repertorio de canciones para el musical junto al director Benjamín Cohen fue una de las tareas más complejas y apasionantes del proyecto. Mi padre dejó un catálogo inmenso con más de 250 composiciones que retratan de forma quirúrgica la idiosincrasia panameña, por lo que el proceso se convirtió en un verdadero rompecabezas creativo, además del aporte en letras que Benjamín Cohen puso para algunas escenas importantes, ya que insistió en que cada canción seleccionada debía hacer avanzar la trama narrativa o profundizar en la psicología de los personajes. No queríamos una simple sucesión de éxitos de carnaval, sino una banda sonora que contara la biografía de Pedro Altamiranda y la historia de Panamá.

Ver cómo Benjamín Cohen y el equipo de producción musical tomaron temas alegres y los transformaron en piezas teatrales fue impactante. Un claro ejemplo fue la metamorfosis de ”La Salsa de Pedro”, que pasó de ser un ritmo carnestoléndico a convertirse en un número que ilustraba lo bien que bailaba desde sus años de juventud, donde el mambo era una de sus grandes pasiones y virtudes poco conocidas. A su vez debíamos complacer al público nostálgico con himnos infaltables como El Huevón, De Lagartija, Revolution, El Buhonero, Panameño y Quince Centavos, pero a la vez rescatar temas con fuerte carga social y política con una fuerza escénica que erizaba la piel.

Uno de los mayores retos de la producción era encontrar a los intérpretes capaces de asumir el peso de una figura tan icónica y multifacética. Ver el trabajo de los tres actores (Athos Ruiz, Julio Barsallo y Luis Arteaga) que encarnaron a mi padre en sus distintas etapas fue una experiencia increíble que conmovió profundamente a toda la Familia Altamiranda.

Athos Ruiz fue el actor encargado de su etapa de niñez y logró capturar con una ternura infinita esa curiosidad innata y los primeros destellos de genialidad. Personificarlo en escena era como mirar una ventana al pasado, descubriendo al niño que absorbía los sonidos y modismos del Panamá de antaño, sentando las bases de lo que escribiría décadas después.

Julio Barsallo interpretó su etapa de juventud y madurez temprana. Plasmó de forma brillante su etapa de estudiante y el choque cultural de su viaje a Francia. Logró equilibrar la elegancia del filólogo graduado en la Sorbona con ese arraigo inquebrantable por su tierra. Transmitió con maestría la pasión del hombre que se enamoraba de la literatura, la cultura, arte, cine y música, mientras extrañaba el calor de su patria. Mostró la etapa del Pedro Altamiranda que todo Panamá conoció, con la introducción del bombín, vestimenta, el baile, la irreverencia y madurez, que para mí punto de vista hizo un trabajo sencillamente magistral. Su lenguaje corporal y esa energía arrolladora sobre el escenario nos hicieron sentir, por momentos, que mi padre había vuelto a la vida. Logró transmitir perfectamente su faceta de showman inalcanzable.

Luis Arteaga hizo revivir a mi padre en los últimos años de su vida, en donde yo tuve una conexión muy especial con él, ya que siempre estaba pendiente de lo que ocurría en el país, y por mantener su imagen limpia, pero teniendo en cuenta periódicamente a los personajes de algunas de sus canciones presente en sus pensamientos, los cuales se vieron debidamente reflejados en atuendos de neón. Es poco conocido que Pedro Altamiranda ensayaba sus temas en su mente todos los días, lo cual era su forma de mantenerse activo, aunque fuese lejos de los escenarios y del foco público. Arteaga supo balancear y manejar la vulnerabilidad de los últimos años de la vida de Pedro y sus constantes pensamientos sobre el pasado. Fue magistral su interpretación de El Buhonero, Carnaval en la Central, Las Tablas y Homenaje a mi Pueblo, tanto así que por instantes me pareció que Pedro Altamiranda y su energía habían reencarnado en él durante las 27 funciones.

No puedo dejar de resaltar los papeles que tuvieron Rita Silvestre y Nilena Zisópulos, las cuales interpretaron a mi madre, en donde le trajo recuerdos de numerosas etapas maravillosas que compartió con mi padre, el cual fue su compañero de vida por 51 años. Le hicieron una gran honra a esa mujer que fue cómplice de todos sus proyectos musicales, protestas sociales y su lucha incansable en los momentos más difíciles de Panamá. Sin duda, el lema que dice “Detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer”, cae en este caso como anillo al dedo.

Al terminar cada una de las funciones, era llamado por Benjamín Cohen al escenario junto a mi familia, en donde sentía la presencia de mi padre y sabía que estaba logrando mantener su legado vivo, tal como se lo prometí en vida y el día de su funeral. Esto se lo comenté a varios del elenco al bajar al área de camerinos, que por cierto ellos se convirtieron junto a Benjamín e Irma en mi segunda familia durante ese mes. Necesitaba mirar diariamente a los actores principales y secundarios que le habían devuelto la vida a mi padre. Cuando terminaba cada función, el ambiente aún vibraba con la adrenalina del aplauso final, pero luego se daba un silencio sagrado, en donde sentía a mi padre mirándonos y sonriendo orgulloso de todo lo suscitado.

Ya han pasado casi 9 meses desde la última función, pero deseo enfatizar este pensamiento a todos los miembros del staff de Pedrito “El Musical”:

”Quiero que sepan que lo que hicieron en Pedrito “El Musical” trasciende la actuación. Para el público, ustedes revivieron a un ícono; pero para mí y para mi familia, rompieron las leyes del tiempo y nos devolvieron a nuestro viejo por un par de horas cada día. Ver el respeto, el estudio minucioso de sus gestos y el alma que le entregaron a cada etapa de su vida fue el regalo más grande que nos pudieron hacer. Mi padre era un perfeccionista del lenguaje y del arte, y les aseguro que desde donde esté, se quitó el bombín ante ustedes con una sonrisa de absoluta aprobación. Gracias por cuidar su memoria con tanta dignidad”.

Luego de este maravilloso proyecto comprendí que el éxito de ”Pedrito, El Musical” no se midió solo en taquilla, sino en el amor y la absoluta reverencia con la que cada miembro del elenco honró el legado de Pedro Altamiranda, un panameño irrepetible. Les agradeceré toda la vida y esperemos que podamos realizar una segunda temporada y así seguir reviviendo la música y legado del gran Pedro Altamiranda.

El musical revive el legado de Pedrito Altamiranda.
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