Una vida llena de píldoras

PANAMÁ. “¡Préstame el control! Me toca a mí. Es mi turno, el Atari es mío”. ¿Quién no recuerda esas frases infantiles que surgían cuando...

PANAMÁ. “¡Préstame el control! Me toca a mí. Es mi turno, el Atari es mío”. ¿Quién no recuerda esas frases infantiles que surgían cuando dos o más chicos se entretenían en la sala de la casa, en el cuarto de un compañero de clases o donde un vecino para pasar horas y horas con una cajilla negra en la mano moviendo una pequeña palanca y un botón rojo? Y para colmo, huyéndole a un par de fantasmas encerrados en un laberinto lleno de píldoras para poder sobrevivir. Es Pacman, el videojuego que atrapó a miles de niños en la década de los 80. Este singular ícono de los videojuegos nació en 1980 gracias a su inventor Toru Iwatani, un diseñador de videojuegos japonés que revolucionó el mercado de Arcade y Atari en ese tiempo. Este señor fundó la empresa Namco en 1977, desde allí empezó su carrera en el negocio de los videojuegos. “En ese entonces, trabajó con la idea de crear un juego llamado “Puck-Man” (el Hombre Duende en japonés) y en 1980, junto con el programador Shigeo Funaki y otros tres empleados de la compañía Namco, terminó de dar forma al juego. Fue mostrado al mercado japonés el 10 de mayo de ese año, donde se convirtió en un verdadero éxito”, publica el portal Wikipedia. Ahora, justo cuando el redondo personaje de consolas cumple 30 años de vida cibernética, el buscador Google le hace un homenaje en su página de inicio. Los que ingresen al portal verán un recuadro en la parte superior del mismo y podrán rememorar esa etapa de sus vidas. En la página web de elmundo. es también hacen referencia a este fenómeno de la cultura de los videojuegos. “ El juego inicia con un clic sobre la imagen o tras esperar unos pocos segundos la aplicación iniciará por sí misma. Con dos vidas, quienes rozan (o superan) los 30 años podrán volver a la infancia y recordar las horas que se pasaban frente a las máquinas comiendo pelotas y escapando de los fantasmas”. De seguro que Pacman y muchos lectores apagarán 30 velitas.

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