Vivencias de un nacionalista

Dumas Alberto Myrie Sánchez
Especialidad:
Geografía Regional de Panamá. Licenciatura en Geografía e Historia. Maestría en Geografía Regional de Panamá. Docente en el Ministerio de Educacióny en instituciones de educación superior. Artículos de opinión en El Panamá América, La Estrella de Panamá y revista cultural Lotería. Autor de los libros “Memorias de un bardo” y “Escritos de un sobreviviente”.

Entre el correr de una bala se renueva mi alma de artista. Este sentimiento inhala, el óxido cerca del Triángulo Shaler. Es un navío sin bandera que, hoy, aflora los mejores relatos. Un nacionalismo empuñado, por el amor a Lorena. Lejos de amar a esa musa y a mi patria, como hijo de Aby Yala, solo pido hermandad a lo que existió alguna vez.

Vuelan mi mente, acerca de festivales orientales, con cometas en verano. Escenarios entonados con abocardos al altísimo. Son testigos de este momento, las huellas dejadas en el camino. Como el día que mi bandera panameña se enarboló cerca de la Escuela de Balboa. Y suplico piedad, en este nuevo año, al reconocer a Jesucristo como uno entre nosotros. Las acciones nacionalistas, solo deben buscar paz. Se debe practicar entre países esta premisa

Son contados mis pasos al encuentro con los sanchistas. Sin embargo, guardo en mi mochila aventurera, los recuerdos junto a la enfermera alta y blanca. Estos hijos del oeste son el porvenir. Con una mente ágil, como el guepardo, cada día aprenden el valor del esfuerzo. Esta bandera tricolor, queridos hijos sanchistas, reclaman una sangre vigorosa. Todo esto es una prueba, a la voluntad verdadera, que se afinca en ser hijos de la patria grande.

Lejos de sentirme derrotado, espero encontrar paz en la oración. A veces pienso en aquella oportunidad perdida por estar atiborrado. Estas ofensas están insertas en la herida del nacionalista. Ofensas que brotan de un manantial carcomido por el cianuro. O peor por la madera extraída de nuestras selvas vírgenes. Como la caña convertida en etanol, la justicia del nacionalista reclama dignidad. Un sueño en empleos es vender sabanas bajo el calor del invierno.

Este amor a la Aby Yala, madura con cada prueba de mi progenitora. El nadar en el desierto, es una prueba que debe escuchar y no reclamar. Solo escuchar a esa madre, que es mi abuela, me lleva a reflexionar. Es el instinto de la tierra que reclama escucha. Es una historia de generaciones y culturas. Quizás los antepasados transmitieron formas distintas de armonía. Por favor hoy este planeta reclama escucha.

Me despido como un nacionalista. El nacionalista que se inspira en el amor y en la batalla interna por ser el mismo. Todo no está perdido, y tengo la esperanza que mi musa me hablará. Oro por mi madre. Que su rebeldía cambie. Así como la poesía de Amelia Denis de Icaza se inspiró en un borrador tirado al tinaco, espero su regreso.

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