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29 de Sep de 2020

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En Panamá, los apellidos Gago Salinero están ligados al éxito empresarial. Ricardo Gago Salinero es el más mediático de la familia porqu...

En Panamá, los apellidos Gago Salinero están ligados al éxito empresarial. Ricardo Gago Salinero es el más mediático de la familia porque además de empresario, es un coleccionista y un mecenas, que por su aporte al país fue condecorado en 1986 con la orden Vasco Núñez de Balboa en el grado de Comendador y hoy es condecorado nuevamente por el Gobierno Nacional con la orden Belisario Porras en el grado de Gran Oficial.

Ricardo Gago Salinero es mi amigo y entrevistar a un amigo no es fácil. Pero es tan locuaz y siente tal orgullo por su herencia familiar que la conversación fluye naturalmente.

La historia de sus padres, Lázaro y Rosario, es una historia inspiradora, pero también de sacrificio y de arduo trabajo.

Sobre la llegada de su familia a Panamá cuenta que su abuelo Ricardo Gago era un maestro de obras que salió de Galicia durante la guerra civil española ‘con una mano adelante y otra atrás’. Llegó a Cuba, conoció amigos en condiciones similares, ‘emigrantes llegando a un país nuevo y sin saber qué iban a hacer con su vida’. De Cuba viajó a Panamá ‘donde había un boom económico, se había inaugurado el canal interoceánico’.

Luego de construir varios edificios, algunos de los cuales aún están en pie en la calle Darién cerca del Instituto Nacional, el abuelo y unos amigos abren ‘lo que llegó a ser un supermercado de prestigio’, la Byzcayna, al lado del antiguo teatro Variedades en el Parque de Santa Ana.

Años después, el abuelo decide traer a sus hijos para que entraran en el negocio del supermercado. ‘En el año 1950 vino mi padre Lázaro, muy joven, luego mi tío José y más tarde mi tío Barsen’.

Lázaro Gago se puso a trabajar en la Byzcayna ‘y aunque era hijo de uno de los dueños su primera función fue lavar, limpiar y secar papas nacionales’.

El abuelo murió y su participación en la Byzcayna le tocó a sus tres hijos. Fueron años muy difíciles, dice, porque uno de los socios de su abuelo ‘era un hombre muy agresivo, muy malo’. Mi padre, explica Ricardo, vendió su parte del negocio ‘y no fue mucho lo que recibió’.

Por su parte, Rosario Salinero salió de España en 1952 tras la muerte de sus padres. Era la menor de catorce hermanos y con tan sólo 17 años se vino a Panamá. Viajó en la tercera clase de un buque italiano, ‘imagínate cómo habrá sido eso que desde entonces a mi mamá no le gustan los spaghettis’ anota entre risas.

Rosario se fue a vivi r al pueblo de Santa María en la provincia de Herrera, donde residía una hermana casada. Luego de un tiempo se vino a la capital, al barrio de Perejil, donde residía otro hermano, Alfonso Salinero, que era herrero, y estaba radicado en la ciudad, casado y con dos hijos. ‘Mi tío Alfonso hizo, por ejemplo, las rejas de la iglesia del Carmen’.

El destino la llevó a trabajar de cajera en la Bizcayna, donde conoció a Lázaro ‘y luego de enamorarse en el parque de Santa Ana y en el parque de la Catedral, se casaron’. Nació Ricardo y luego su hermano José Alfonso. Años más tarde nacería su hermana Maricarmen.

Dice Ricardo que luego de vender su parte del negocio, su padre Lázaro pensó que no tenía opciones. ‘Decidió regresar a España pues ya tenía una familia que mantener y no tenía suficientes recursos para abrirle una competencia a la Byzcayna, que era un poderío’. Así, viajaron a Galicia en el año de 1959 Lázaro y Rosario con sus hijos Ricardo y José Alfonso.

‘Viajamos en barco, nos llevamos dos loros y durante toda la travesía mi hermano y yo bajábamos a darle comida a los loros’, rememora, y añade que en casa de sus abuelos en Galicia habían sembrado una palma tropical y junto a ella se instaló una jaula con los loros. Imagínate, celebra, ‘era la novedad del pueblo’.

LA ACTIVIDAD EMPRESARIAL

Pero seis meses después de haber llegado a España, los Gago Salinero deciden volver a Panamá. ‘Vivir en España no era para ellos’, explica Ricardo y agrega que extrañaban las costumbres, el clima, ‘ya estaban panameñizados’.

Cuenta Ricardo que con lo que le quedaba del poco dinero que recibió por la venta de su parte en la Byzcayna, Lázaro Gago compró un terreno en Bethania para poner un supermercado. El Chase Manhattan Bank le ofreció el financiamiento para construir, poniendo como garantía únicamente el valor del terreno ‘que entonces no era mucho’. ‘Fue un gesto del Chase que mi padre nunca olvidó y por ello mientras existieron los supermercados Gago, fue el único banco que utilizamos’. Así surgió el primer supermercado Gago, en 1964, ‘y lo llamó Supermercado Panamá’, como un homenaje a la tierra que lo acogió.

Ya inaugurado, recuerda Ricardo, volvieron los tiempos difíciles. ‘Mis padres trabajaban duro, yo empacaba cuando salía del colegio y en las vacaciones’, tenía 9 años. ‘Hacíamos volanteo de puerta en puerta y promociones sencillas para atraer clientes’.

Al supermercado Panamá le siguieron ocho más, ya con el nombre de Supermercados Gago, y llegaron a tener mil 600 empleados.

Pero en 1989, con la invasión de Estados Unidos a Panamá, se produjo un saqueo de negocios que a los Supermercados Gago les dejó pérdidas por 8 millones de dólares. ‘Le debíamos a los bancos, le debíamos a los proveedores y mi padre decidió que había que pagar hasta el último centavo’. Luego Lázaro decidió vender los negocios y una de las condiciones que puso a los compradores es que tenían que mantener a los empleados. El legado de Lázaro y Rosario lo han continuado sus tres hijos, Ricardo, José Alfonso y Maricarmen quienes en 1996 abrieron el negocio Importadora y Exportadora Hermanos Gago.

Pero Ricardo Gago Salinero, aunque es un empresario a tiempo completo, con sus hermanos tiene una estructura de negocios muy organizada, con empleados de confianza. Le queda tiempo disponible. Tiempo que lo vuelca en una pasión que le alimenta el espíritu.