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08 de Mar de 2021

Cine

'Madre solo hay dos', el doble rostro de la maternidad

En el nuevo éxito de Netflix, el espectador se pone en los zapatos de dos madres imperfectas, pero reales, que tendrán que aprender a trabajar juntas en pro de sus hijas, familias, y ellas mismas. Protagonizada por Paulina Goto y Ludwika Paleta, se encuentra entre el 'top 10' de series más vistas en la plataforma

Paulina Goto (Mariana) y Ludwika Paleta (Ana) destacan como las féminas líderes en sus hogares y en la pantalla, identificables con la audiencia.Netflix

Muchos hemos escuchado la frase,“Madre solo hay una”, sin embargo, esta es desafiada por la visión de los creativos Carolina Rivera y Fernando Sariñana, guionistas y creadores de la nueva serie exitosa de la plataforma de streaming Netflix, Madre solo hay dos, dando una perspectiva con personalidad extravagante a la labor más noble de una mujer: ser madre.

Tras una semana en la plataforma Netflix, la serie ha ganado popularidad y ha confirmado una segunda temporada.

Ya sea madre soltera, joven o con todas las comodidades, ser madre tiene sus obstáculos y momentos dulces, y eso es lo que Mariana (Paulina Goto) y Ana (Ludwika Paleta) tendrán que enfrentar en el camino a ser las mejores madres para sus hijas, pero con un giro inesperado: sus hijas biológicas fueron intercambiadas al nacer. En medio de la confusión, ambas mujeres –una joven y soltera, la otra experimentada y con una familia estable– caen en terreno inexplorado, teniendo que hacer frente a sus inseguridades, personalidades opuestas y miedos en un viaje familiar, por error.

Lo que Rivera y Sariñana traen a la mesa de series latinoamericanas es un concepto fresco, lleno de comedia, corazón y diversidad, así como de claroscuros que serán la sal de la historia, brindándonos un punto de vista con el que toda madre se puede identificar. En su primer episodio conocemos a las madres Ana y Mariana, quienes al dar a luz a sus hijas, se encuentran y terminan conociéndose en el peor de los términos, lo que causa el primer impacto en la serie, que se intensifica una vez conocen la gravedad del predicamento alrededor de sus familias y deberán unir esfuerzos por un bien común.

Los tiempos cómicos y dramáticos se entrelazan con gracia haciendo una historia diferente y sin exageraciones innecesarias.

Diversos temas son tocados a lo largo de nueve capítulos de 35 minutos cada uno, tales como la dificultad de ser madre soltera, matrimonios rocosos, prejuicios sociales y daños colaterales ocasionados por los torbellinos emocionales que arropan a los personajes más allá de ambas madres. Las historias que entrelazan a los personajes secundarios se van revelando a medida que avanzamos en el camino trazado por Rivera y Sariñana, quienes pavimentan con humor y gracia –en los mejores momentos– las decisiones de cada personaje, haciéndolos humanos, reales e identificables.

Las tonalidades en las conversaciones salen a flote al mejor estilo de la comedia mexicana: sin pelos en la lengua y con perfecto tiempo cómico. Si bien las bebés Regina y Valentina se roban el show en varias escenas, también nos recuerdan el foco de la serie y la historia en que nos vemos inmersos: sus futuros. Así, mientras una es criada en cuna de oro y con nanas privadas, la otra es criada a pecho, con una abuela presente y rodeada de humildad.

Pero el enfoque de los creadores no es una historia de 'la princesa y la plebeya', sino mostrar la posibilidad de cambio, madurez y fortalecimiento de lazos familiares pese a las adversidades. Detallando cada episodio con tintes de misterios y revelaciones importantes, vamos conociendo el estilo de los creadores, así como de los actores y actrices, quienes encarnan sus personajes en cuerpo y alma dando interpretaciones que brillan por sí mismas en cada escena.

Mariana (Paulina Goto) y Ana (Ludwika Paleta) enfrentarán miedos en el camino a ser las mejores madres para sus hijas.

Lo que hace destacar a Madre solo hay dos en un catálogo plagado de telenovelas mexicanas y de otras nacionalidades en Netflix, es su visión de una familia moderna, en un México del siglo XXI donde el tradicionalismo decae, pero las oportunidades de crecer están más presentes que antes. Es una telenovela, sí, pero sin la caramelización exagerada del amor o los clichés de la villanía entre familias rivales; presenta el drama realista, un tanto exagerado, pero que cae con gracia frente a la cámara y cumple su objetivo de enganchar a la audiencia desde la canción de introducción.

Si buscamos una serie fresca, con personajes variados y una historia diferente, Madre solo hay dos cumple con estos requisitos. Pese a no ser una serie perfecta ya que muchas veces los diálogos caen en paródicos, los personajes bajan su energía o parecen carecer de caracteres fuertes, y la extensión de capítulos pudo haber sido un poco más corta sin afectar el desarrollo de la trama, su éxito ha sido grande en toda Latinoamérica, llevando a la confirmación de una segunda temporada en Netflix.

Con Paleta y Goto a la cabeza de la producción se puede destacar a Madre solo hay dos como una de las mejores telenovelas mexicanas que ha llegado a la televisión on demand en la última década, redefiniendo el género y estando codo a codo con otros éxitos como La casa de las flores de Manolo Caro. Su honestidad, transparencia y manejo de los tiempos dramáticos y cómicos hacen de la historia algo inesperado y que da pie para muchos más capítulos en las vidas de Mariana y Ana, de quienes hemos visto solo el principio de una verdadera amistad.

CALIFICACIÓN LA ESTRELLA:

9.0/10.0 estrellas

Ser madre es un trabajo de cuerpo y alma, tiempo, disciplina y mucha improvisación, lo que ana y Mariana nos enseñan cada vez que están juntas en escena, dando una mirada diferente a la vida de todo tipo de madres, desde las solteras, mayores de 30, jóvenes o trabajadoras compulsivas, hay de todo en el jardín creado por Sariñana y Rivera, lo que endulza y da vigor a la telenovela que ha ganado aplausos en Latinoamérica”.